“Libre hasta la desobediencia”
En su presentación, Osvaldo Gallardo abrió con una reflexión que arrancó sonrisas y asentimientos del público: “No sé muy bien cómo se presenta a un Caballero de las Letras y las Artes de Francia en esta pequeña biblioteca de Hialeah, donde solemos llegar con la camisa medio arrugada, un libro bajo el brazo y la voluntad —ya heroica— de seguir creyendo en la palabra”.
A partir de ahí, su discurso trazó un retrato apasionado y lúcido de la autora. Gallardo recordó que, para él, esta biblioteca, bajo la dirección de Grisel Torralbas, es “un repositorio cultural de lo mejor de nosotros” y que por eso Zoé encaja perfectamente en este espacio que celebra la resistencia creativa.
La definió sin rodeos: “Zoé es, sin duda, la escritora más libre del exilio cubano. Libre hasta la desobediencia; libre hasta el escándalo; libre hasta lo que a veces incomoda”.
Escribir desde el exilio
El público escuchó con atención cuando Gallardo citó uno de los versos más conocidos de la autora: “Aléjate de quien te recomienda: Escribe. Escribir cura”. Y añadió que esa frase “podría servir como brújula esta tarde”, recordando que Valdés ha escrito durante décadas “contra la enfermedad de la mentira, del silencio impuesto, de la nostalgia domesticada”.
Para Gallardo, la obra de la autora “es una especie de certificado de independencia espiritual”, un acto de afirmación en tiempos donde la censura, las consignas y las vigilancias ideológicas pretenden modelar el pensamiento.
“Zoé vive en el futuro y regresa al presente”, dijo, destacando su capacidad para adelantarse a los debates culturales, provocar y advertir, siempre con una opinión clara y sin anestesia.
En otro momento de su presentación, Gallardo citó una frase reveladora de la autora: “No creo en nada que tenga que ver con este mundo cada vez más politiquero y más sombrío; sólo creo en la literatura…”
Y sobre el exilio, un tema central en la vida y obra de la escritora, recordó una de sus sentencias más íntimas: “Lo peor de ser un exiliado es que ningún lugar del mundo consigue ser el adecuado. Lo mejor es que el lugar adecuado está en ti mismo”.
Con estas palabras, el presentador conectó la experiencia de Valdés con la de tantos cubanos que han debido reinventarse lejos de su isla.
Literatura y resistencia
A lo largo de la conversación, Valdés compartió anécdotas personales, reflexiones sobre el oficio y comentarios sobre el devenir político y cultural de Cuba y del mundo. Su intervención estuvo marcada por la franqueza que caracteriza su escritura, ese estilo, como recordó Gallardo, en el que “bolero y blasfemia, sensualidad y filosofía callejera” se entrelazan para crear una voz inconfundible.
"Los escritores que me gustan son los que me matan con cada libro", admitió la autora al inicio de su presentación. "Los escritores que me gustan son los que me matan con cada libro", admitió la autora al inicio de su presentación.
La autora habló de su trayectoria, de los desafíos del exilio y de la libertad como condición indispensable para crear. Y, como suele ocurrir con su obra, sus palabras resonaron como un acto de afirmación y como un recordatorio de la importancia de la literatura en tiempos turbulentos.
Valdés se remontó a su infancia en La Habana, al solar de la calle Muralla donde vivía con su familia, "en un cuarto muy estrecho: una sola cama, dos catres". Para calmar la inquietud de Zoé, su abuela decidió darle papel y lápiz. Ese gesto, junto a la inspiración de su abuelo, fue el detonante de su pasión por las historias.
De ahí pasó a narrar, a vuelo de pájaro, su travesía al exilio, la llegada a París, las primeras impresiones, esas imágenes que quedaron para siempre en su memoria. Así dio paso a la lectura de un fragmento de su libro París era una rumba, que narra precisamente esa etapa de su vida. Recordó su experiencia con la nube tóxica de Chernobyl en 1986, así como su encuentro con Samuel Beckett.
"París es una gran universidad", leyó Valdés de uno de sus textos, y agradeció la sabiduría de los museos, las iglesias, las bibliotecas, el arte, las luces y también las sombras de esa ciudad.
La escritora dedicó un paréntesis especial a las consecuencias de la censura a raíz de su postura política y sus opiniones abiertas en diversos medios. De ese modo presentó su libro de ensayos De las palabras y el silencio, donde aborda temas como la persecución religiosa, la espiritualidad, el futuro de Cuba, la herida del exilio, la compasión y la crueldad humana.
"El exilio me hizo volver a amar el lugar donde nací", afirmó sobre su relectura de Cuba desde París, en la distancia, algo que, recordó, experimentó también la escritora Lydia Cabrera. "Descubrí lo que era esa 'Cuba eterna', como dice Diego Suárez, en Francia".
Asimismo, se mantuvo firme en su postura como exiliada y su libertad de expresión: "No me voy a callar".
Sobre su reciente libro, Hijas de Cuba, dijo que "es una recopilación de mujeres cubanas que han sido borradas". Zoé aprovechó la oportunidad para agradecer al escritor Luis de la Paz por su ayuda y consulta durante el proceso de reunir los materiales del libro.
"José Martí todavía corretea por las cabezas de nosotros diciéndonos lo que tenemos que hacer", afirmó al recordar la figura del Apóstol. "Martí está en todo el libro porque las mujeres de este libro son todas muy martianas", agregó.
Mencionó nombres como los de la poeta Isa Caraballo; la escritora Lydia Cabrera; Zoila Águila Almeida, 'la Niña del Escambray'; Lucía Fernández, la madre de Santiago Álvarez; Martha Flores, figura notable de la radio; Ninoska Pérez Castellón; Belkis Cuza Malé; la presa política y poeta María Cristina Garrido; las Damas de Blanco; entre otras.
La literatura ante el espejo
La tertulia El Caimán ante el Espejo, inspirada en el ensayo homónimo de Uva de Aragón, continúa consolidándose como un foro imprescindible para la cultura cubana en el exilio. Desde hace tres años, este proyecto ha convocado a escritores de diversas generaciones y miradas, generando un diálogo honesto sobre identidad, memoria y creación.
Gallardo definió el propósito del encuentro como “un ajuste de cuentas con nuestra historia y una celebración de la memoria cultural cubana”. Esta tarde, con Zoé Valdés a la mesa, esa misión se sintió más viva que nunca.
Una tarde memorable
Al cierre, miembros del Partido Republicano de Cuba le entregaron unas flores y un reconocimiento por su apoyo a la lucha por la libertad de la isla.
El público despidió a Zoé Valdés con aplausos largos y cálidos. Con su habitual cercanía y ternura, la escritora firmó libros, conversó con lectores y se tomó fotografías.
La frase de Marguerite Yourcenar con la que Gallardo cerró sus palabras de apertura, adquirió hoy un sentido especial: “El que escribe, escribe para intentar salvar algo del tiempo que pasa”. Y añadió que Zoé lleva más de treinta años salvando, “contra toda tormenta”, lo que el tiempo y el exilio intentan borrar.
El espejo del caimán, una vez más, reflejó a su invitada, como afirmó Gallardo. Y esta tarde, en Hialeah, la literatura volvió a tener su merecido espacio.