Con la misma ilusión de la primera vez, el dominicano Sandy Alcántara asumió nuevamente su rol como as de los Marlins de Miami. El derecho abrió el primer juego de la temporada este pasado viernes ante los Rockies de Colorado en el loanDepot Park, una tarea que viene haciendo desde 2020 y de la que solo se ausentó en 2024 debido a la cirugía Tommy John.
“Es otra oportunidad que me está dando Dios, siempre acá puesto para ayudar al equipo”, dijo el dominicano en Jupiter, Florida, durante el último fin de semana de entrenamientos primaverales.
La designación no es menor. Alcántara no solo reafirmó su estatus dentro del clubhouse, sino que también encaró este inicio con un sentido de reivindicación. Abrir en "Opening Day" vuelve a colocarlo en un sitial privilegiado dentro de la franquicia, pero además le permite alcanzar una marca histórica: se convirtió en el lanzador con más aperturas inaugurales en la historia de los Marlins, consolidando su nombre como referencia del pitcheo en la organización.
“La primera vez que abrí en un Opening Day (2020) siempre será especial, no lo voy a olvidar, pero esta también es importante porque sigo teniendo la confianza del equipo como su as y, además, porque sabemos que no tuve mi mejor año la temporada pasada”, agregó.
Y los números respaldan esa lectura. En 2025, ya de regreso tras la lesión, el derecho dejó efectividad de 5.36 en 28 juegos y un WHIP de 1.21, en una campaña marcada por altibajos y ajustes constantes. Fue, probablemente, el mayor reto de su carrera desde que se consolidó como uno de los brazos más dominantes de la liga.
Pero Alcántara no llega igual a esta nueva temporada. Más allá del discurso, hay ajustes concretos. El más visible es la incorporación de un nuevo pitcheo que busca ampliar su repertorio y hacerlo menos predecible ante los bateadores.
“Agregamos el sweeper, y la verdad es que al principio del spring training no me sentía cómodo. La idea fue de (Daniel) Moskos, el pitching coach, y ahora a tan pocos días de la temporada me siento bastante cómodo de agregar ese otro envío a mi repertorio”.
El desarrollo ha sido progresivo. En métricas de seguimiento como Baseball Savant, la muestra aún es reducida. Durante el Clásico Mundial apenas utilizó ese lanzamiento en tres ocasiones, mientras que en los entrenamientos lo ejecutó cerca de 30 veces dentro de un total de 227 envíos.
Más allá del volumen, el avance está en la confianza y en la capacidad de ejecución en situaciones reales de juego.
“Estuvimos trabajando en la localización de ese pitcheo y creo que ya puedo tirarlo en cualquier cuenta, en cualquier situación”, explicó Alcántara.
Esa evolución también se refleja en su comportamiento reciente en el montículo durante el Spring Training, donde el lanzamiento ha comenzado a caer con mayor frecuencia en la zona de strike, ampliando sus opciones en conteos complicados y dándole una herramienta adicional para enfrentar alineaciones más profundas.
A sus 30 años, el dominicano entiende su rol dentro del equipo desde otra perspectiva. Ya no es solo el talento joven que irrumpió en 2017, sino una figura que orienta a las nuevas piezas del roster. Sin embargo, lejos de asumir una posición estática, insiste en que su proceso sigue abierto.
El as de los Marlins enseña, pero también aprende.
"Siempre damos lo mejor de sí"
El reto colectivo no es menor. Miami busca regresar a la postemporada luego de quedarse corto en 2025, finalizando a cuatro juegos del comodín en la Liga Nacional. El cierre fue competitivo, pero insuficiente.
A ese escenario se suma un problema recurrente. La falta de apoyo en casa, una realidad que el propio equipo reconoce como parte del contexto que debe cambiar.
Durante la temporada 2025, los Marlins registraron una asistencia total de 1,156,880 fanáticos en el loanDepot Park, con un promedio de 14,282 espectadores por juego, cifras que los ubicaron en el puesto 30 de 30 en las Grandes Ligas, reflejando nuevamente las dificultades del equipo para atraer público incluso en un mercado grande como el sur de Florida.
“A la fanaticada les quiero decir que se acerquen, el estadio de Miami es el más bonito para jugar béisbol y verlo. Sabemos que a veces no conseguimos lo resultados que esperan, pero nunca duden que siempre damos lo mejor de sí”, argumentó Sandy.
En su visión, el estadio puede convertirse en algo más que una sede deportiva. Puede ser un punto de encuentro para una comunidad diversa que comparte una misma pasión.
“Acá, con los venezolanos, cubanos, dominicanos y todos los latinoamericanos podríamos tener una de las mejores fanaticadas de todo el béisbol”, cerró.