Los Dolphins llegaron a Pittsburgh con la esperanza de que alguna luz existía al final del túnel de la temporada y se encontraron con unos Steelers que cerraron todas las ventanas y los dejaron en una oscuridad total en el primer choque de postemporada para Miami desde el 2008.
Con su triunfo 30-12 el domingo en una tarde gélida, los Steelers no solo desplumaron el sueño de playoffs de los floridanos, sino que plantaron una bandera y recuperaron ese espíritu de acero que solía acompañarlos en el pasado. Si quedaba alguna duda de la determinación de la franquicia de Pittsburgh, pues bien, que los próximos rivales no se hagan ilusiones.
La esperanza de Miami se sostenía en lo sucedido en la Semana 6, cuando la moribunda organización se sacudía de un comienzo de 1-4 y se apoyaba en una lesión del quarterback Ben Roethlisberger para llevarse una improbable victoria y comenzar una trayectoria que los depositaría en los importantes juegos de enero.
Pero esta vez los Steelers tomaron nota, contaban con toda su banda completa y sana, incluido Big Ben, para hacerles pagar cara la osadía del pasado a los Dolphins, que por el contrario lamentaban la pérdida de varios de sus titulares.
Mucho habían esperado los de casa para ver juntos en el emparrillado a su tridente ofensivo: Big Ben, Antonio Brown y Le'Veon Bell. Afortunadamente para ellos, las tres cabezas se alinearon justo cuando más necesario era. El hecho de que ahora sumen su octava victoria en fila debe poner a pensar a los Chiefs de Kansas City, los siguientes rivales en la American Footaball Conference.
Si la defensa sufría con algunas ausencias de renombre, Matt Moore no podía brillar en la suplencia de Ryan Tannehill y la defensa local lo hostigaba para obligarlo a retroceder, lo derribaba una y otra vez, le hacía perder el pulso.
Miami nunca pudo controlar la acción y miraba constantemente a Jay Ajayi, quien en el encuentro previo entre ambos conjuntos anotaba dos touchdowns y corría para 2014 yardas. Esta vez el running back era contenido en apenas 33 yardas, una cifra que por sí sola explicaba la debacle de un equipo incómodo en el frío, incapaz de calentar su cuerpo y mucho menos su espíritu.
Apenas habían transcurrido ocho minutos del primer tiempo y ya los Steelers vencían 14-0, dejando la sensación de que la causa de Miami estaba completamente perdida, que aquellos que señalaban la incursión en playoffs como debut y despedida tenían razón. El cúmulo de talento de los de casa era muy superior.
La Bala de Plata en todo este resultado de la derrota del domingo habría que buscarla en algo más profundo y duradero que podría verse con más claridad en los próximos meses, cuando la marea del fracaso retroceda y deje la realidad del momento de los Dolphins. Están mucho mejor que en los últimos cinco años, para utilizar una referencia personal.
Cuando Miami comenzó la contienda nadie habría imaginado la posibilidad de este juego en Pittsburgh, las voces que pedían la salida de Tannehill no hacían otra cosa que agolparse y escalar en intensidad. Y nada se intuía en el coach Adam Gase como no fueran las buenas intenciones, esas que solo sirven cuando no se tiene otra manera de hablar de forma favorable sobre una persona.
Hoy Miami sabe quién manda y quién manda sin miedos ni cortapisas. Gase se ha ganado el respeto de jugadores, expertos y fanáticos; mientras que Tannehill -una vez curado de sus lesiones- puede mirar adelante como un jugador restablecido, para no hablar de un Ajayi que se ha labrado un nombre entre los mejores de su posición en la NFL.
No ha sido una temporada perdida como algunos por ahí quieren hacer ver. Lo importante es que existe un futuro para Miami, que ha encontrado a un dirigente firme y capaz en Gase. Todos saben en esta liga lo que significa contar con un líder respetado, que cuando camine por el centro del clubhouse todos levanten la cabeza y presten atención. Esto puede ser determinante en la nueva era que se insinúa.
Los Dolphins no deben dormirse en los laureles y deben trabajar para construir un plantel más profundo y que no sucede lo de este enero en que las lesiones echaron por tierra lo construido en los meses anteriores. Volver atrás y no clasificar a playoffs en la venidera temporada sería moralmente terrible.
Con fortuna, la base está ahí, se han fundido los cimientos y las piezas principales están en su lugar. Se trata ahora de sumar con inteligencia para que Miami sigue siendo parte del primer nivel, de los equipos que inspiran miedo y respeto.
FUENTE: Especial