Miami.- LUIS E. RANGEL
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Con el Juego de las Estrellas asomándose en la esquina, llega el momento del descanso para el Heat de Miami. Es el cierre de una primera parte complicada, un tanto frustrante y que mostró lo duro que puede ser despertarse del sueño de haber contado durante casi un lustro con el mejor jugador del planeta.
Miami está vivo, pero apenas. Después de 52 partidos, y con 30 para concluir la contienda regular, el Heat está en la frontera entre los que avanzan a la postemporada y los que se quedan a verla por televisión. Una frontera amplia, por cierto, porque acceden más de la mitad de los 30 clubes que conforman la NBA.
Después de estar acostumbrados a ir a las Finales de la liga, el club sigue ajustándose al gran cráter que dejó LeBron James.
“No podemos hacer más nada sino mirar hacia adelante”, dijo Chris Bosh, el delantero fuerte del Heat. “Ha sido una primera mitad bastante difícil. Toca descansar”.
Y quizás a uno de los que más beneficie este descanso, que en el caso del Heat será de nueve días, será a Bosh. El veterano ha ido perdiendo intensidad con el correr de la temporada, que inició como la máxima amenaza ofensiva para Miami y que hoy lo tiene como una figura un tanto inconsistente. De hecho, en febrero exhibe sus números más discretos en porcentaje de aciertos de tiros de campo así como en rebotes.
También será un receso bienvenido para Dwyane Wade, quien sufre molestias en el tendón de la corva derecha, que lo ha alejado de los últimos encuentros, incluyendo el del miércoles ante los Cavaliers en Cleveland, y que señaló una nueva derrota para el cuadro dirigido por Erik Spoelstra.





