En las grandes ligas de béisbol, llueve dinero. Recién comenzada la temporada muerta ya se han alcanzado acuerdos por más de 1300 millones de dólares. Todos pendientes de donde llevaría sus talentos el espigado Aaron Judge, que termino firmando un excelente contrato con los Yankees de New York. El juez y los Yankees acordaron un lujoso contrato por 9 años y 360 millones de dólares, el tercer contrato más alto en la historia de la gran carpa, solo por detrás de las rúbricas de Mike Trout y Mookie Betts.
Tras la firma los Yankees tienen en su roster tres peloteros con contratos que superan los 300 millones de dólares pues el actual se suma a Gerrit Cole (324 millones) y Giancarlo Stanton (325 millones). Sin embargo, la historia ha demostrado que valor de la nómina no se traduce en serie mundial.
Judge se lo ganó a pulso. La pasada campaña conectó 177 imparables, 28 dobletes, 62 cuadrangulares, impulsó 131 carreras, anotó 133 veces, se robó 16 bases, .311 de promedio de bateo y 1.111 de OPS, para llevarse el galardón de Jugador Más Valioso del joven circuito.
Ahora bien, vale la pena preguntarse ¿Valdrá la pena? Sobran los ejemplos de contratos que terminaron por ser demasiado malos o contraproducentes. Entre los bateadores activos, repasemos algunos rendimientos.
Anthony Rendon (Angelinos de Los Angeles) gana 36.5 millones de dólares por temporada para un total de 245. El infielder de 32 años promediaba .228, solo cinco jonrones y 24 empujadas antes de lesionarse la muñeca el pasado junio, y someterse a una operación que puso fin a su participación en 2022.
Miguel Cabrera (Tigres de Detroit) devenga 32 millones de dólares cada aña y solo alcanzó a conectar para .254 puntos y .305 de OBP, apenas cinco vuelacercas y 43 producidas.
Christian Yelich (Cerveceros de Milwaukee) acordó por nueve campañas y 215. Su temporada fue de .252 y 14 batazos de vuelta completa.
En esta lista podríamos incluir, de igual manera a Joey Votto (Rojos de Cincinnati) con 25 millones o Jason Heyward (Cachorros de Chicago) gracias a sus 24.5.
El problema no es si un jugador lo merece o no. El debate es alrededor de los tratos de larga duración, donde los equipos juegan a la ruleta rusa y corren el riesgo a ver como su inversión se puede diluir entre lesiones o bajos rendimientos.