sábado 21  de  febrero 2026
NFL

La extravagancia devuelve la esencia de la alegría al deporte

Con sus actitudes, Gronkowski, hoy, y Garrincha y Mágico González, en el pasado, recuperan la diversión y el sentido de humanidad como contrapeso a la tremenda obsesión por ganar a toda costa
Por Luis F. Sánchez

En el deporte suelen aparecer personajes extravagantes, pintorescos y divertidos que aportan humor y humanidad a una actividad en la que cada vez la presión es más intensa y lo único que se aprecia es el triunfo.

Algo de esto vimos en plena transmisión nacional por TV, del Monday Night Football, cuando los retirados hermanos mariscales de campo, Peyton y Eli Manning tuvieron como invitado al “tight end” de los Buccaneers de Tampa Bay, Rob Gronkoswki.

Ahí, el jugador de 32 años hizo una revelación que sorprendió a todos.

“Yo no estudio los videos”, exclamó Gronkoswki, muy suelto de huesos. “Voy donde Tom [Brady], porque sé que Tom mira videos 40 horas a la semana. Y le pregunto: ‘Tom, ¿quién me va a marcar? y ¿qué clase de marcación aplicará el rival? Esa es la razón por la que adoro jugar contigo Tom, tú lo sabes todo”.

Esa “irresponsabilidad” de “Gronk” de seguro enfurece a los entrenadores, para quienes una de las tareas fundamentales que asignan a sus pupilos es estudiar los videos para familiarizarse con los esquemas y el desenvolvimiento de los adversarios.

El rendimiento en la cancha ha permitido a este gigante de 1.98 metros de estatura 122 kilos de peso tomarse ciertas licencias. A fin de cuentas, gracias a su simplicidad ha ganado cuatro Super Bowls desde que ingresó a la NFL en el 2010 y lleva anotados 90 touchdowns.

Manoel dos Santos “Garrincha” es quizás el personaje más amado en la historia del deporte de Brasil. Le llamaban “La alegría del pueblo”. Fue una de las piezas clave de la auriverde en la conquista del bicampeonato mundial de fútbol en 1958-1962.

Pelé, su compañero de equipo y amigo, quedó asombrado un día antes del partido decisivo contra la Unión Soviética, en el que Brasil se jugaba su clasificación en la fase de grupos del Mundial de Suecia 1958, cuando Garrincha se le acercó y le preguntó: “¿Contra quién nos toca jugar?”.

De niño, “Garrincha” había recibido el apodo de un pajarillo de las selvas del Mato Grosso, y en el fútbol siempre se había caracterizado por sus gambetas prodigiosas que lo elevaron a un nivel de idolatría incomparable en el balompié brasileño.

Es cierto que las condiciones de pobreza en las que creció –fumaba desde los 10 años- impidieron que guardara el equilibrio necesario cuando llegó la fama. Tuvo 14 hijos reconocidos, bebió hasta que la cirrosis se lo llevó en 1983 en la miseria y la soledad más absolutas cuando solo tenía 49 años.

Jorge “Mágico” González fue quizás el más grande jugador en la historia del fútbol de El Salvador. Gracias a sus goles, la Selecta se clasificó al Mundial de España 1982. Su calidad mostrada en la cita máxima del esférico le ganó un contrato con el Cádiz CF.

En España, “Mágico” González hizo de las suyas dentro y fuera de la cancha. Le gustaba la noche. Llegaba tarde a los entrenamientos, pero los domingos deslumbraba.

Los hinchas del club andaluz lo adoraban. El club optó por designar a un empleado para que cuidara día y noche al “Mágico”. Era difícil marcarlo dentro y fuera de la cancha. Cuentan sus compañeros que en un partido oficial, el salvadoreño se jugó un primer tiempo sensacional. Cuando los jugadores retornaron al campo luego del descanso faltaba el “Mágico” en la cancha. Fueron a buscarlo y lo encontraron dormido en el camarín. La noche anterior había hecho de las suyas en los bares de la ciudad.

Barcelona lo quiso contratar. El “mágico” acompañó al equipo, en el que entonces jugaba Diego Maradona, a una gira por Estados Unidos. Concentrada la delegación en un hotel en California, de pronto sonó la alarma de incendios. Todos salieron a la calle, menos el “Mágico”, que se quedó con una muchacha en su habitación. Los directivos azulgranas decidieron no contratarlo para no meterse en problemas.

Hay personajes que le devuelven al deporte su dimensión de juego. Lo disfrutan, se divierten. Y aquello es como si se recuperara la esencia de la alegría en esta actividad. Las historias anteriores revelan esta cualidad, pero al mismo tiempo enseñan que deben ser acompañadas por una disciplina fuera de la cancha, de lo contrario todo queda en un lamentable desperdicio.

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