Cada centavo del precio del boleto lo valía. Eso porque cada acción del partido, cada pelota disputada, eran decisivas.

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El público deliraba en las tribunas. Sabía lo que se jugaba. Al final, el Heat de Miami puso el alma y algo más para vencer 105-99 a los Mavericks de Dallas, la noche del jueves en la AmericanAirlines Arena.

El resultado es fundamental para el Heat (37-38) en su lucha por llegar a los playoffs de la NBA, más aún luego del traspies contra un rival directo, el Magic de Orlando, sufrido el martes pasado en este mismo escenario.

"Siempre ayuda estar en partidos que tienen significado", dijo el entrenador del Heat Erik Spoelstra. "Primero hay que pensar en cada encuentro y luego pensamos en otras cosas".

En efecto, Spoelstra no quiere poner presión sobre sus jugadores y escoge por ir partido a partido, porque son los escalones que lo llevarán uno a uno hacia el objetivo deseado.

Pese a su récord (29-46) y al hecho de estar penúltimos en la Conferencia del Oeste, los Mavericks son rivales clásicos del Heat, con el que disputaron dos Finales de la NBA, con un triunfo para cada uno.

De aquellos héroes solo quedan Dwyane Wade y el alemán Dick Nowitzki, quienes son como esos vinos maravillosos que añejan bien.

Ambos estuvieron fantásticos. Wade anotó la última canasta de la noche, que virtualmente selló el triunfo de la casa cuando los Mavs quemaban el último cartucho para voltear el marcador.

Novitzki, por su parte, acertó con 13 puntos, gracias a tres triples, y con 40 años de edad continúa siendo la bandera de su escuadra.

En el primer tiempo, los Mavericks metieron miedo y se fueron al descanso con una ventaja de 59-49.

Cuando el Heat volvió a la cancha luego del descanso era como si hubiese salido una fiera herida. Los Mavs anotaron un punto, y acto seguido el Heat logró 10 puntos consecutivos sin respuesta.

De ahí para adelante fue una carga de emociones. Se fueron punto a punto hasta el final de la noche, con un equilibrio que hacía estallar las tribunas con cada acción favorable al Heat, y también del rival empujado por un puñado de eslovenos en las gradas. Aunque, en realidad, los eslovenos tenían razones para celebrarlo todo.

Era un ambiente de playoffs, de Final y se sentía el alto voltaje y el nervio con el que se jugaba. Parecía la Champions League.

En el Heat sobresalió James Johnson, no solo por su labor defensiva sino también por sus nueve puntos que cayeron cuando más se los necesitaba.

Los eslovenos Goran Dragic y Luka Doncic libraron un duelo aparte y se convirtieron en los mejores anotadores de la jornada: Goran con 23 puntos, 12 rebotes y 11 asistencias y Luka con 19 puntos, ocho rebotes y siete asistencias.

Doncic tiene solo 20 años de edad, y no había nacido cuando en 1998 Novitzki debutó con los Mavs. Ahora juegan juntos y aquello es como un poema del deporte.

En el Heat también se lucieron Dion Witers con 17 puntos; Hassan Whiteside con 12 puntos y nueve rebotes; Wade con 11; Bam Adebayo 11 puntos y 16 rebotes.

Por los Mavericks destacaron Justin Jackson con 14 puntos y Jalen Brunson con 13.

Hinchas eslovenos se quedaron hasta mucho después de terminado el partido y no se fueron hasta que Dragic y Doncic se aparecieron en la cancha para saludarlos y ser celebrados. Dragic cogió el micrófono y habló e hizo barra con ellos.

Fue una hermosa fiesta, sin vencedores ni vencidos.

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