Paraguay se ha convertido en la gran historia del Mundial 2026. La Albirroja eliminó a Alemania en los dieciseisavos de final y confirmó que su extraordinaria campaña no es producto de la casualidad, sino del trabajo realizado desde la llegada de Gustavo Alfaro, el técnico que rescató a una selección que hace poco parecía condenada a quedarse fuera de la Copa del Mundo.
Durante buena parte de las Eliminatorias sudamericanas, Paraguay navegó por los últimos puestos de la clasificación. El equipo generaba poco fútbol, sumaba resultados decepcionantes y era visto como uno de los candidatos a perderse el Mundial. La llegada de Alfaro cambió por completo el panorama.
El entrenador argentino devolvió a la Albirroja su identidad: un equipo sólido en defensa, intenso en la recuperación, competitivo en cada pelota dividida y convencido de que podía pelear contra cualquiera. Poco a poco comenzaron a llegar los resultados y una selección que parecía eliminada terminó asegurando su boleto a Norteamérica 2026.
Ese crecimiento se trasladó al Mundial. Paraguay quedó ubicado en un complicado Grupo D, junto al anfitrión Estados Unidos, Australia y Turquía. Aunque muchos pronosticaban un camino cuesta arriba, los sudamericanos volvieron a demostrar que habían cambiado. Compitieron de igual a igual, consiguieron la clasificación a la fase eliminatoria y confirmaron que el proceso encabezado por Alfaro iba mucho más allá de una buena racha.
En los dieciseisavos de final esperaba Alemania. Aunque la Mannschaft ya no vive el dominio de otras épocas y había dejado algunas dudas durante la fase de grupos, seguía siendo una de las selecciones más respetadas del planeta y partía como favorita en las apuestas y en los modelos estadísticos. No era la primera vez que Paraguay llegaba a un partido con pocas probabilidades de victoria.
Sin embargo, la Albirroja volvió a desafiar todos los pronósticos. Con orden táctico, disciplina y una enorme personalidad, eliminó a los cuatro veces campeones del mundo y dio uno de los mayores golpes del torneo.
El panorama incluso cambió a su favor con la sorpresiva eliminación de Países Bajos frente a Marruecos. El cuadro quedó más abierto y Paraguay enfrentará a Francia en los octavos de final, con la ilusión intacta de seguir haciendo historia. Si mantiene el nivel mostrado desde la llegada de Alfaro, el sueño de alcanzar las semifinales e incluso disputar una final contra gigantes como Brasil o Argentina ya no parece una fantasía imposible.
Más allá de lo que ocurra en los próximos partidos, el Mundial 2026 ya dejó una conclusión evidente: Gustavo Alfaro transformó a una selección que estaba al borde de la eliminación en un equipo competitivo, convencido y capaz de mirar de frente a cualquier potencia. Paraguay dejó de ser el equipo al que todos daban por vencido antes de jugar y hoy se ha ganado, con fútbol y resultados, el derecho a soñar en grande.