domingo 5  de  febrero 2023
POLÍTICA

Biden insiste en oxigenar la narcodictadura de Venezuela

El gobierno de Joe Biden anunció el 26 de noviembre la ampliación de la licencia para las operaciones de la petrolera estadounidiense Chevron en Venezuela

Por Leonardo Morales

MIAMI- El coqueteo político y luego la ejecución de una política de concesiones durante ocho años a dictaduras en América Latina y en el resto del mundo, por parte de la administración de Barack Obama, sólo permitió que éstas se reforzaran e incrementaran su represión contra la disidencia interna.

Hoy, se confirma la extensión de esa misma estrategia con el gobierno de Joe Biden, el vicepresidente que durante el mandato de Obama impulsó las negociaciones con los regímenes de La Habana, Teherán, Caracas, Managua y otros.

El Departamento del Tesoro anunció el 26 de noviembre la ampliación de la licencia de las operaciones de la estadounidense petrolera Chevron en Venezuela, después de años de sanciones que redujeron los ingresos en las arcas del gobernante venezolano Nicolás Maduro, por la producción y venta de petróleo y gas.

Chevron fue autorizado a retomar sus actividades en las cuatro empresas conjuntas que tiene con Petróleos de Venezuela (PDVSA), a pesar de que el Departamento del Tesoro aclaró que la estatal no deberá recibir ingresos por las ventas de la compañía estadounidense.

El anuncio ocurrió después de que el desgobierno de Maduro y la oposición firmaran un acuerdo para gestionar la liberación de 3.000 millones de dólares de Venezuela, bloqueados en el extranjero por las sanciones.

Supuestamente, el alivio a la presión sobre la narcodictadura venezolana se hace para alentar la reanudación de las negociaciones entre el régimen de Nicolás Maduro y la oposición venezolana, liderada por Juan Guaidó y respaldada por Washington. Pero en la realidad el verdadero efecto es que revive momentáneamente al régimen que se encuentra en una gran encrucijada económica y financiera, pero que a pesar de eso no ha dejado de asesinar, perseguir, encarcelar y masacrar a todo el que representa oposición. Lo mismo que ha sucedido en Cuba, Nicaragua e Irán, donde las recientes protestas dejaron más de 300 muertos, según organizaciones internacionales de derechos humanos.

El estancamiento de una industria otrora poderosa

La producción petrolera actual en Venezuela permanece estancada en unos 700.000 barriles de crudo diario, con una industria destruida por la falta de inversiones, piezas y mantenimientos bajo las comunes medidas socialistas al estilo cubano, que también han despedazado cualquier desarrollo económico posible en la Mayor de las Antillas.

Venezuela producía en el 2002, más de 3 millones de barriles diarios (bd). En el 2020 cayó por debajo de los 400.000 (bd), el peor registro en la historia de la principal industria de la nación sudamericana y con las mayores reservas naturales de crudo en el mundo.

Chevron tiene cuatro empresas mixtas con PDVSA: Petroboscán, Petropiar, Petroindependencia y Petroindependiente.

En conjunto producen unos 50.000 barriles diarios de crudo, estima Francisco Monaldi, director del Programa Latinoamericano de Energía del Instituto Baker, en la Universidad de Rice, en Texas.

"La producción podría subir probablemente en los próximos seis meses en unos 50.000 o 60.000 barriles diarios" comentó Monaldi a The Associated Press. "Pasaría de 50.000, digamos, a 100.000, pero después (Chevron) tendría que invertir para llegar a la capacidad completa, que son unos 220.000 y eso tomaría alrededor de 2 años".

"Para aumentar la producción por encima de eso se necesita más capital, que PDVSA no tiene, y no vemos a Chevron con apetito" de inyectarlo, manifiesta Pilar Navarro, analista para Latinoamérica de la firma Medley Advisors.

Las restricciones a PDVSA y al gobierno venezolano harían ahora que "buena parte" de la producción vaya a pagar deudas de la estatal con la compañía norteamericana, que ascienden a 5.000 millones de dólares, considera Monaldi.

Una economía venezolana desplomada

¿Cuál realmente es la ganancia para el régimen venezolano? Primero, oxigenar la desmoronada industria petrolera venezolana; y segundo, buscar tiempo, levantamiento de las sanciones y algunos recursos que necesita para no desplomarse totalmente. Sabe que puede obtener ventajas a corto y mediano plazo mediante el juego y el coqueteo con la actual Casa Blanca, que ha revelado en varias ocasiones su interés de ofrecer beneficios a Maduro y liberar la soga de su cuello, al menos durante los dos años que restan de mandato.

En los últimos años, Venezuela ha recibido el amparo de Rusia en la comercialización de su petróleo y una parte la utilizan las empresas rusas para cobrar la abultada deuda de Caracas con Moscú. también Irán les suministra diluyentes necesarios a muy bajos precios para reducir la viscosidad del crudo venezolano y de esta forma aumentar la cantidad de barriles que se liberan al mercado internacional o al consumo nacional.

En octubre de este año, la inflación generada por el gobernante Maduro se ubicó en 156%, el mejor y triste indicio del sufrimiento del pueblo venezolano y de la destrucción económica, que lejos de contenerse, avanza cada mes.

En el 2021, la economía venezolana sobrepasó su sexto año consecutivo en una gran recesión que ha corroído todos los sectores y que mantiene en una asfixia generalizada a más del 90% de los venezolanos.

Millones de pequeños, medianos y grandes negocios han quebrado en los últimos 20 años a causa del chavismo socialista, extendido ahora con Maduro. Vivir hoy en Venezuela se ha vuelto la peor tragedia para cualquier ciudadano. De ahí, la constante y masiva emigración hacia otros países de la región, Europa y EEUU.

Desde el 2015, casi 7 millones de venezolanos han marchado al exterior en busca de una mejor vida, lo que demuestra el descalabro de lo que fue una próspera nación tres o cuatro décadas atrás.

La política de debilidad de Joe Biden

El incesante acercamiento al régimen de Caracas por parte de la administración Biden ha envalentonado a Maduro, quien ahora [exige] el [levantamiento de todas] las sanciones y otras concesiones.

Maduro afirmó el miércoles 30 de noviembre que “son muchos los gestos de la administración de Joe Biden para aliviar las sanciones que pesan sobre Venezuela, pero no bastan”.

Las licencias del gobierno estadounidense "van en la dirección correcta, aunque no son suficientes para lo que exige Venezuela, que es el levantamiento completo de todas las medidas coercitivas unilaterales sobre la industria petrolera", expresó Maduro, quien ahora se jacta de pasar a la ofensiva frente a una Casa Blanca que no hace más que ceder terreno a los regímenes dictatoriales mediante diálogos y ofrecimiento de beneficios a cambio de muy poco.

Maduro pidió además que Washington le devuelva a su gobierno el control de Citgo, filial de PDVSA en Norteamérica, otorgado a Guaidó en 2019.

"Citgo es propiedad de Venezuela y es uno de los elementos vitales para avanzar en las negociaciones; que Citgo se le regrese a Venezuela libre de polvo y de paja", reclamó el gobernante.

El gobernante venezolano declaró que ello debe incluir los "dividendos" que ha dado la compañía desde que se le entregó a la estructura de Guaidó, que estima llegaron a 4.000 millones de dólares.

"Lo exigimos desde ya".

La demagogia gelatinosa de Maduro

La historia ha sido clara: ninguna negociación entre la narcodictadura de Venezuela con la oposición ha dado resultado favorable alguno en camino a una mejoría real en el país ni, incluso, a una sola reacción o actitud elogiable hacia el régimen.

Lo único que han permitido siempre las supuestas negociaciones, que al final se convierten en imposición unilateral, son ganar tiempo y recursos que necesita el desgobierno para sobrevivir. Finalmente, ha quedado siempre en la misma posición y en ocasiones hasta más fortalecido. Maduro, mediante la constante supervisión y asesoramiento de funcionarios cubanos, ha aprendido el arte de la manipulación política, siempre que Washington se lo ha permitido. El expresidente Donald Trump no lo hizo en ningún momento.

Ahora mismo, la principal demanda de la oposición respecto a las elecciones presidenciales del 2024 se mantiene sin consenso.

En estos momentos, el heredero del trono cedido por el fallecido Hugo Chávez ha asumido una postura de “jeque petrolero” ante las imploraciones de la Casa Blanca, con una agenda que ofrece apoyo a los regímenes.

Sin embargo, Maduro tiene muy poco que ofrecer por encima de su verborrea y demagogia, mientras Biden juega al salvador.

Antes de la guerra en Ucrania, EEUU importaba unos 700.000 barriles diarios de Rusia, según la agencia norteamericana de energía, una cuota imposible de cubrir con la capacidad de oferta venezolana.

La autorización de Biden al gigante energético Chevron para operar en Venezuela -pese a las sanciones contra ese país- dará evidentemente un empujón a la estancada producción petrolera venezolana por seis meses, al tiempo que Washington confirma su disposición de revisar todas las sanciones impuestas al régimen sudamericano.

La reacción republicana

Dos influyentes congresistas republicanos estadounidenses estiman que el alivio de las sanciones a Venezuela por parte del gobierno Biden constituye una recompensa "preventiva" a "un régimen narcoterrorista".

Los republicanos de más rango en los comités de Relaciones Exteriores del Congreso, Michael McCaul en la Cámara de Representantes y James Risch, en el Senado, lo consideran "una disposición alarmante de ceder a las demandas de los dictadores".

"EEUU no debería recompensar de forma preventiva a un régimen narcoterrorista que tiene un historial de utilizar las negociaciones como táctica para retrasar acciones significativas", dijeron los legisladores estadounidenses.

"Cualquier cambio en la política de EEUU hacia Venezuela debe estar supeditado a una transferencia de poder del régimen de Maduro a un gobierno elegido democráticamente", exigieron los dos congresistas republicanos.

Ambos consideran que el alivio "unilateral" de las sanciones "solo va a perpetuar la debacle que Maduro ha incrementado para el pueblo venezolano", cuando unos siete millones de personas ya han emigrado del país, según la Organización de Naciones Unidas (ONU).

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