lunes 8  de  abril 2024
ESTADO DE LA UNIóN

Biden utilizará discurso de la Unión para su campaña electoral

Joe Biden intentará convencer en campaña a un público que desaprueba su gestión presidencial en algunos casos en el 80%, según las encuestas nacionales

WASHINGTON — El presidente Joe Biden se dispone este jueves a aprovechar su discurso anual al Congreso como parte de su campaña electoral con vista a las elecciones de noviembre de 2024.

Biden intentará convencer a un público que desaprueba su gestión en algunos casos en el 80%, según las encuestas nacionales. Y no es por simples diferencias, sino por una realidad económica que sufren los estadounidenses desde hace tres años por causa de las políticas fallidas del inquilino de la Casa Blanca.

Primero economía, luego el caos en la frontera sur y tercera, la política exterior desconcertada del mandatario. Muy poco tiene que ofrecer Biden a los votantes en medio de las crisis nacionales e internacionales creadas por su gobierno y que ahora busca justificar en plena campaña electoral en busca de su segundo mandato.

Desde su primer día en la Oficina Oval, Biden y sus más de 74 órdenes ejecutivas en menos de dos semanas destruyeron todo el beneficioso trabajo en economía del presidente Donald Trump e introdujo inmediatamente a EEUU en la peor inflación en las últimas cinco décadas, que se elevó al 9,1%. Analistas independientes coinciden en que la cifra fue mucho mayor.

Biden ha roto todos los récords negativos

El gobierno de Joe Biden a roto todos los récords negativos en los índices económicos de la nación. Sólo puede hablar de las cifras bajas de desempleo, gracias a los más de 6 millones de puestos de trabajo que crearon las medidas del gabinete de Trump y luego la pandemia de COVID-19, cuando cientos de miles de estadounidenses dejaron sus empleos para vivir de las ayudas masivas e innecesarias entregadas por la administración Biden, otros se fueron a trabajar en plataformas y redes sociales.

Ahí comenzó otra enorme crisis que se extendió por dos años: la escasez de mano de obra.

Y a esto se sumaron las históricas caídas consecutivas en las ventas de viviendas por más de 14 meses y la tendencia sigue, una inédita contracción que aún persiste en la actividad manufacturera al igual que la crisis bancaria en 2023. El déficit comercial de EEUU en el 2021, 2022 y 2023 se elevó a cifras récord y llegó en el 2022 a casi un billón de dólares (trillion en inglés), junto a la deuda pública actual de 34 billones de dólares (trillions en inglés).

La guerra a la industria del petróleo emprendida desde que se sentó Biden en la Casa Blanca disparó los precios de los combustibles y por ende una escalada de precios y de inflación. El precio promedio del galón regular de gasolina sobrepasó los 5 dólares y algunos estados los conductores pagaron hasta 8 dólares el mismo producto.

El gobierno de Biden le echa ahora la culpa a la pandemia, cuando él sabe perfectamente que al llegar al poder la pandemia estaba en declive y la economía estadounidense -gracias a las urgentes medidas de Trump- se hallaba en plena recuperación de una recesión temporal a causa de la crisis sanitaria.

Biden hizo retroceder la economía estadounidense a propósito y generó los mayores gastos federales de una administración -con la excepción del 2020 por la pandemia- en la historia de EEUU.

La capacidad adquisitiva de las familias se ha reducido en más de un 30%, respecto a los altos precios de consumo que tienen que pagar ahora y en los tres años anteriores bajo la administración Biden.

Más divisiones y política exterior

El impulso de la guerra en Ucrania por parte de Washington, con varios objetivos estratégicos controversiales, provocó no sólo una crisis energética en Europa sino una crisis nacional en la importación de productos y cereales, cuyos valores se dispararon más del 40% en la mayoría de los casos.

Desde la caótica salida de Afganistán hasta la desestabilización internacional, la política exterior de Biden ha sido el mismo desastre que el fomentado en la frontera sur de EEUU y la enorme división del Congreso.

La frontera sur, además de duplicar el tráfico de fentanilo, de otras drogas y de personas, le ha costado a los contribuyentes en los tres años de gobierno de Biden casi un Billón de dólares entre gastos directos e indirectos, además de la crisis de seguridad nacional que ha generado.

Biden quien prometió la unidad bipartidista ha hecho lo contrario. Ha agudizado notablemente las divisiones. Él mismo dijo en varias ocasiones, cuando los demócratas tenían el control de la Cámara Baja, que no le importaba "en nada el voto de los republicanos, que no lo necesitaba y que seguiría adelante con sus proyectos por encima de cualquier obstáculo conservador".

Este es el Biden democrático que justifica la gran prensa de izquierda en EEUU.

Gracias a la pandemia, la entonces presidenta de la Cámara de Representantes en Washington Nancy Pelosi, aprobó junto a su bancada una ley de protección en momentos de crisis nacional que le permitió hacer y deshacer como quiso, sin ningún voto de los republicanos. Es decir, los llamados demócratas gobernaron durante dos años y gracias al pretexto de la pandemia de forma unilateral y unipartidista. Y nunca les importó la unidad, menos a Biden.

De no ser por los senadores demócratas moderados Chyristen Sinema y Joe Manchin, Biden destroza más de 6 billones del dinero de los contribuyentes en sus planes partidistas. Que nos se les olvide esto a los electores en 2024. Estos dos senadores fueron los que frenaron el derroche propuesto por la Casa Blanca bajo la influencia de una extrema izquierda (progresistas- socialistas) en el seno del Partido.

La deteriorada salud mental y física

Pero después de todo lo anterior se encuentra también en el centro del debate la salud mental y física del jefe de la Casa Blanca, cuando en las últimas semanas sus graves errores y lagunas mentales superaron todas las expectativas de quienes no creían en su deteriorada capacidad mental.

El reciente informe del fiscal especial Robert Hur sobre los documentos ultrasecretos que se llevó Biden de la Casa Blanca cuando era vicepresidente de Barack Obama puso de relieve la gravedad del asunto.

Hur calificó a Biden como "un anciano con buenas intenciones, pero con graves problemas de memoria" al no poder recordar la fecha en la que fue vicepresidente del país ni la muerte de hijo en el 2015.

Por esa fecha, Biden confundió al presidente francés Enamnuel Macron con el fallecido en 1996 Francois Mitterrand. Luego habló de la frontera de México como la frontera de Gaza en Cisjordania y dijo que el presidente de México era el presidente egipcio Abdelfatah al Sisi y no Andrés Manuel López Obrador.

El tercer discurso del Estado de la Unión de Biden será una suerte de entrevista laboral: el presidente de mayor edad de la historia tratará de responder a los temores sobre su desempeño y a la vez destacar el contraste con su casi seguro rival en noviembre próximo.

Según la Casa Blanca, Biden espera destacar sus supuestos "logros" en materia de infraestructura y manufactura (en plena contracción), impulsar leyes de ayuda a Ucrania, normas inmigratorias "más rígidas", restaurar el acceso al aborto y bajar los precios de los medicamentos, entre otros asuntos.

Al mismo tiempo, tratará de convertir el discurso anual al Congreso y el pueblo, con toda su pompa, en una campaña política electoral. La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, dijo que Biden encara el discurso como una “continuación de las conversaciones” que mantiene con ciudadanos comunes al recorrer el país.

“Está erigido sobre esas conversaciones, sobre esa experiencia que tiene”, dijo el miércoles.

Biden dedicó el fin de semana pasado a elaborar el discurso en el aislamiento de la casa presidencial de descanso en Camp David con sus colaboradores más estrechos y el historiador presidencial Jon Meachem.

El presidente hablará ante uno de los Congresos con más divisiones de la historia frente a una izquierda radical que tiene grandes influencias en el mandato de Biden.

Los legisladores aún no logran aprobar el presupuesto del año en curso y están en punto muerto desde hace meses en cuanto a los proyectos de ley para enviar ayuda a Ucrania frente a la invasión rusa y a Israel en guerra con Hamás.

Los republicanos exigen el cierre de la frontera y el freno a los derrochadores planes de gastos de Biden, mientras la izquierda y la extrema de izquierda se unen en un bloque para no hacer concesiones.

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FUENTE: Con información de AFP, AP y otras fuentes

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