MIAMI- Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, el cerebro financiero de la dinastía castrista desde 1996 ha muerto, un fuerte golpe para el régimen de La Habana, cada vez más vulnerable económica y políticamente.

A sólo días de conmemorarse un año del levantamiento del 11 de julio contra la dictadura cubana, el régimen anunció la muerte de su arquitecto empresarial y del capitalismo corporativo dentro del autoritarismo socialista implantado en la isla hace más de seis décadas; el hombre que recorrió un extenso camino hasta llegar a la cúpula de poder en la Isla.

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López-Calleja nació el 19 de enero de 1960 en la provincia central de Villa Clara. Se desempeñó como dirigente juvenil y estudió administración empresarial en la exUnión Soviética. Participó en la guerra de Angola, fue funcionario del Departamento de Comercio Exterior y miembro de la contrainteligencia militar.

GAESA, el eje financiero del régimen

Su matrimonio con la hija mayor de Raúl Castro (Deborah Castro Espín) lo situó dentro del primer anillo de poder en 1996 al frente del conglomerado militar GAESA, la entidad encargada de gestionar, supervisar y ejecutar prácticamente todas las gestiones comerciales y bancarias dentro y fuera del país, inversiones extranjeras en la Isla e instrumentar las estrategias financieras de la dinastía castrista.

El administrador financiero del régimen se dio a conocer públicamente en los últimos años y rumores lo presentaban como el inminente sustituto del gobernante designado Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

La economía cubana, en uno de sus peores momentos de supervivencia, resiste en medio de la degradación, corrupción y pugna de poder que han terminado por desangrar las riquezas naturales del país, en especial su sector agrícola.

Con el cierre del turismo por la pandemia, sin la entrada de remesas junto a las sanciones del expresidente Donald Trump, el desgobierno cubano quedó en una posición aún peor dentro de su inservible y disfuncional sistema socialista, bajo el control absoluto del estado.

GAESA es precisamente eso, el control estatal de casi el 90% de la fracturada economía cubana, que subsiste -desde la caída del campo socialista de la Europa del Este- por la entrada de divisas extranjeras mediante remesas fundamentalmente de Estados Unidos, el turismo y escasas inversiones.

La economía cubana en un abismo

Años atrás, el petróleo de Venezuela se encargó de amortiguar el descalabro económico de la isla, pero al final los bajos precios del petróleo en ese entonces y las sanciones a Caracas frenaron el respaldo al régimen cubano, que ha desmembrado durante décadas cada sector económico desde el níquel, la ganadería y el tabaco hasta la destruida y arcaica industria azucarera.

A finales del 2021, la economía cubana perdió 9,6% de su Producto Interno Bruto y sus aspiraciones para el 2022 son crecer un 4%, algo totalmente irreal e inflado, como casi todas las estadísticas que revela el régimen de la Isla.

El reconocido economista cubano, Elías Amor Bravo, considera que "la llamada Tarea Ordenamiento nunca debió aplicarse".

"Dije que iba a ser un rotundo fracaso, porque antes de su lanzamiento el régimen tendría que haber impulsado medidas concretas como regular el mercado, liberalizar precios, ajustar salarios a la productividad, calcular el tipo de cambio de equilibrio con análisis fundamental, reducir los subsidios a las empresas y bajar los impuestos al mismo tiempo, con lo que podría conseguir los objetivos planteados", agregó a Diario de Cuba.

"El problema es que ahora no saben dónde están y, por la misma razón, no saben qué hacer para salir del círculo vicioso que han creado", opinó .

El cierre durante meses por la pandemia agudizó la decadencia de todos los sectores en el país en el 2020 y desplomó el Producto Interno Bruto 10,9%.

De fracaso en fracaso

El fracaso de otro plan de “reformas” económicas puesto en práctica desde el 1ro de enero de 2021 empeoró la situación para los cubanos con un incremento sustancial de la escasez de todos los productos, una inflación imparable, mayor crisis sanitaria y un férreo control bajo el pretexto de la pandemia que derivó en el levantamiento del 11 al 17 de julio y por consiguiente una brutal represión.

El disidente Manuel Cuesta Morúa dijo a Radio Martí que el efecto de la muerte del asesor presidencial tiene un impacto tremendo en el campo económico y político porque Cuba funciona como una "oligarquía familiar".

La salida de López-Calleja podría provocar “un terremoto” y "va a tener un impacto profundo en la reconfiguración del poder oligárquico en el país", recalcó.

Empecinados en intentar sostener un fracasado modelo castro-socialista, el régimen hizo su apuesta por Luis Alberto López-Calleja, un fiel tesorero de la fortuna de los Castro y con relaciones establecidas fuera Cuba con empresarios y grupos de inversionistas afines al régimen cubano.

Las funciones y el rol del recién fallecido han quedado a la deriva sin un sustituto visible y eficaz que pueda cumplir con el protagonismo que necesita la dictadura en este momento.

El gobierno de Joe Biden oxigena la dictadura

Sin embargo, la Casa Blanca comenzó a oxigenar nuevamente a la dictadura al mismo estilo del gobierno del expresidente Barack Obama.

La reapertura de los vuelos comerciales desde EEUU y la embajada en la Habana junto a las remesas le dan el respiro que necesita el régimen ahora, aunque aparente un distanciamiento con Washington.

Del 2008 al 2018, Cuba recibió $29,948 millones de dólares en efectivo y el 90% de esa cifra provino de EEUU.

En el 2019, entre remesas y paquetería enviadas a La Habana desde Norteamérica, entraron más de 6.300 millones de dólares a las arcas del régimen, cuando los ingresos del turismo en ese mismo año fueron de 2.645 millones de dólares, sin incluir las ganancias en exportaciones. Sin embargo, las calamidades de la población se acrecentaron y el deterioro de todos los servicios se hizo aún mayor.

¿A dónde fue a parar ese dinero? El difunto sí debió saberlo perfectamente, porque era el celador de la fortuna.

Sin el zar del dinero, más vulnerables

La ausencia de López-Calleja, quien mantenía un cierto control de las pugnas internas en La Habana y era respetado como el magnate intocable de la élite por su establecida confianza con Raúl Castro, puede causar más problemas de ambición, descontrol y corrupción en las altas esferas de la dictadura.

La posición del fiel aliado de Raúl era muy respetada, pero también muy envidiada.

Seguramente la dinastía castrista se preparó para el golpe, no para la ausencia. Habría que ver si los inversionistas extranjeros muestran la misma confianza con el eventual sustituto de López-Callejas y si éste es capaz de hacer crecer el imperio de GAESA como lo hizo su predecesor.

Por el momento, el arca de GAESA se encuentra a la deriva y quizás no vuelva a encontrar una ruta de escape capaz de salvar a una dictadura cada vez más desesperada y con menos opciones de supervivencia.

lmorales@diariolasamericas.com

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