Temerosa de una explosión social, la élite económica y política congregada de forma virtual en el llamado Foro de Davos expresó su inquietud ante el agravamiento de las manifestaciones contra las restricciones por la pandemia e impulsada por grupos extremistas a favor de la globalización.
La exacerbación de las desigualdades creada por el virus de China, documentada en un informe de la ONG Oxfam publicado el lunes, podría provocar una explosión social en el seno de poblaciones ya agobiadas por tantas restricciones.
Los disturbios en Holanda, las manifestaciones en Líbano o las protestas en Israel de parte de judíos ultraortodoxos opuestos a las medidas sanitarias ilustran lo que puede ocurrir.
El asalto al Capitolio el 6 de enero recordó que "esta presión se manifiesta incluso en los países que parecen poseer las instituciones democráticas bien establecidas", como comentó el presidente ruso Vladimir Putin, que desde hace días también enfrenta multitudinarias protestas.
El presidente chino Xi Jinping continúa su discurso evasivo sobre la responsabilidad directa de la pandemia y solo insta de manera irónica e hipócrita a "promover un crecimiento inclusivo, justo y duradero". Su homólogo francés Emmanuel Macron, que tuvo que afrontar la revuelta de los "chalecos amarillos" a finales del 2018, habló del "lado oscuro" del capitalismo globalizado, generador de "desigualdades en nuestras sociedades".
Las grandes diferencias
Se trata en efecto de las diferencias abismales de riqueza, reforzadas por la pandemia y de las que se beneficiaron las grande tecnológicas y empresas por internet, pese a las políticas ultraflexibles de los bancos centrales.
La reducción de tipos de interés permite a los Estados financiarse a menor costo y adoptar medidas sociales, pero también genera la formación de burbujas en los mercados, y un alza de las desigualdades.
Así, los multimillonarios del planeta han visto cómo su fortuna aumentaba en 3,9 billones de dólares entre el 18 de marzo y el 31 de diciembre del 2021, según Oxfam. Y solamente en Estados Unidos, ese aumento fue de 1,1 billón, según la ONG Americans for Tax Fairness.
"En lugar de llorar con lágrimas de cocodrilo, los dueños del mundo deberían pasar a los trabajos prácticos" reaccionó el economista Thomas Piketty.
Este especialista de las desigualdades aboga por la implementación de un impuesto universal "sobre parte de los ingresos fiscales (...) de los actores económicos más prósperos del planeta".
De momento, solamente Argentina ha instaurado en diciembre "una contribución solidaria y extraordinaria para atenuar los efectos de la pandemia", un impuesto único a "las 12.000 personas" más ricas, y cuyo objetivo es obtener unos 3.000 millones de dólares.
Sin embargo, los economistas también reiteran que solo subir impuestos a los más ricos no ha sido nunca la solución correcta si no se emprenden medidas para estimular el empleo, la producción (para generar ingresos) y el consumo.
¿Seguir el ejemplo?
Pero pocos países parecen dispuestos a seguir el ejemplo argentino, con un gobierno de ultraizquierda de medidas impositivas que afectan el verdadero desarrollo económico. Tampoco Argentina ha sido en las últimas décadas ejemplo de prosperidad económica y mucho menos de reducción de las desigualdades sociales.
Aunque Janet Yellen, la nueva secretaria del Tesoro de Estados Unidos, confirmó que deseaba subir la tasa de imposición de las empresas al 28%, Francia ha excluido restablecer el impuesto a las grandes fortunas.
Paris apoya más bien una imposición internacional a las multinacionales que permitiría en especial hacer pagar a los "Gafa", grandes beneficiarios de la crisis, como lo demuestran las enormes ganancias publicados esta semana por Facebook y Apple.
La administración Biden ha prometido "retomar de forma activa las conversaciones en curso" sobre el tema de la imposición a nivel internacional.
FUENTE: Con información de AFP