José Luis Ferreira de Melo ni siquiera había imaginado cómo podría ser Miami. En verdad, no tenía mucha importancia, no para un chico bonaerense de 16 años. ¿Qué podría significar una ciudad tan distante cómo esa en su vida cuando tenía otras prioridades? Su padre había enfermado y necesitaba aquel trabajo en el Banco de la Nación Argentina. Eso sí era importante.

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Pero Miami estaba marcada en su destino, y no precisamente como una parada transitoria. La ciudad lo iba a sorprender, le haría soñar y le entregaría, más que un proyecto, más que el éxito, le regalaría un nuevo hogar.

Origen y esencia

“A los 21 años entré a la facultad y me doctoré en economía. Cuando tenía 25 años se me dio por comprar una casa y así empezó mi empresa constructora”, relata José Luis, el actual patriarca de Melo Group, hoy, una de las compañías más exitosas de desarrollo inmobiliario en el sur de la Florida. Al hablar de sus inicios, José Luis también rememora que su padre incursionó en el negocio de la construcción en Buenos Aires. No por gusto de casta le viene al galgo.

Pero en el caso de la familia Melo, lo llevan impregnado en el ADN. Carlos, el hijo mayor, es graduado de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Belgrano, de Buenos Aires; Martín, el otro hijo, es contador público certificado (CPA) con una maestría en Economía en la misma universidad y certificado contratista general en EEUU y Laura, la única hija mujer, es graduada de la Escuela de Negocios de la Universidad de Belgrano. Ellos son los pilares sobre los que se sostiene la fortaleza de la familia, la honra al trabajo y la integridad moral del Grupo Melo. Ellos mismos son, en esencia, el reflejo de su propia filosofía de vida.

El 2001 fue un año disruptivo en la historia de Estados Unidos, pero también lo fue para los protagonistas de nuestra historia. José Luis recuerda que alguien le preguntó por qué había comprado en Edgewater. “Porque, de dónde vengo, es peor”, le dijo a su interlocutor. Era el inicio del Grupo Melo en Miami.

La conquista de Miami

La Ciudad del Sol había aparecido en la ruta de los Melo por una de esas extrañas circunstancias que casi nunca el común de los humanos puede entender, y que a falta de otra explicación se le llama “casualidad”. Pero aquí llegaban los Melo a esta urbe americana (y tan latinoamericana a la misma vez), como quien no se ha enterado todavía de que estaba en el preludio de un nuevo principio. Adquirieron su primer terreno cerca de la bahía, en el 615 NE, a la altura de la calle 22. “Hicimos un proyecto de 104 unidades, y lo desarrollamos rápido”, apunta el mayor de los Melo.

Cerca de dos décadas después, el resultado de aquel proyecto embrionario es toda una historia de éxito. “En los dos últimos años entregamos 2.500 unidades en Miami, desde el 2017 hasta ahora, y en total 5.000”, explica Martín. “Terminamos Art Plaza hace poco, que son 637 unidades de renta. Antes de eso finalizamos Aria on the Bay, que son 648 unidades, mirando a la bahía, y también completamos Square Station con 710 unidades para la renta”, apunta.

Por su parte, Carlos, cuya labor se enfoca mayormente en la parte arquitectónica, considera que una parte del éxito del Grupo Melo se debe a que trabajan el negocio como si se tratara de una industria. “En un momento estamos comprando tierra y al mismo tiempo estamos diseñando en otra que ya teníamos”, puntualiza, y luego agrega, “o sea, tenemos un proceso que es continuo; tenemos gente trabajando en todas las etapas, desde un edificio terminado, en la administración, hasta otro que se están haciendo los planos”.

Carlos también cree que el hecho de haber formado un buen equipo, y mantenerlo, ha sido fundamental. Martín confirma esta aseveración e indica que los contratistas con quienes trabajan hoy son los mismos con los que han construido por más de una década. Para los Melo no existe una fórmula, ni un plan o un esquema que defina el triunfo de sus esfuerzos; y como buenos argentinos amantes del fútbol, lo intentan explicar en esos términos.

“Un jugador de fútbol puede planificar todas las jugadas que quiere, -manifiesta Carlos-. Pero el gol lo mete por intuición”, acota. “Por más jugadas que le hayan enseñado -remata Martín-, es la suma de las experiencias de lo que uno sabe, de lo que uno piensa, no es algo mágico”, precisa.

El sueño americano

Empero, por encima de todo esto, en los Melo prevalece, sin embargo, una perspectiva humanista de la labor que realizan. “Como nosotros empezamos desde muy pobres, reconocemos que la persona no tiene todo lo que puede tener”-afirma José Luis-. “Lo primero que hacemos es un análisis social de la zona, socioeconómico si se quiere, de lo que precisa la gente, y construimos una vivienda que se puede cobrar al precio que esa gente puede pagar”.

Es también un poco la interpretación que han realizado los Melo del espíritu del sueño americano, aquel que, parafraseando al apóstol de la Independencia de Cuba, José Martí, quizás se pueda comprender mejor en la idea de que, al venir a EEUU todo hombre tiene la posibilidad de recibir una oportunidad, y después en pago, el deber de contribuir abriendo otra nueva para los demás.

“Estados Unidos es un ejemplo para el mundo -finaliza José Luis Melo-. Es un país especial, uno viene a trabajar, y el sueño americano lo tiene a la vista. Yo siempre digo que el sueño americano está bien despierto”.

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