domingo 22  de  febrero 2026
EEUU/ANÁLISIS

Las grandes empresas de tecnología y la supervivencia humana

El avance de las transnacionales de tecnología ha puesto bajo gran amenaza la producción de bienes imprescindibles para la vida humana

MIAMI- Las grandes empresas de tecnología han transformado la vida de miles de millones de personas en el planeta, en especial en los últimos 15 años. Pero los cambios no garantizan siempre el bien de la humanidad.

El aumento de la productividad de las industrias mediante modernas maquinarias, equipos y robots; el incremento del consumo y la creación de empleos desvinculados de la producción de bienes esenciales han empeorado el costo de la vida y la supervivencia de las familias.

Por una parte, la tecnología ha dotado a gran parte de la humanidad de facilidades increíbles: desde una cirugía mediante la inteligencia artificial hasta el sofisticado alcance y entretenimiento de las computadoras y los llamados teléfonos inteligentes.

Una mayor conectividad en el mundo

El mundo se ha puesto al alcance de miles de millones de personas interconectadas, con amplio y rápido acceso a los servicios y, sobre todo, a nuevas opciones de empleos y variantes impensables años atrás.

Estados Unidos, durante décadas, ha marcado la vanguardia de una generación que trabaja hacia el futuro. En los últimos 20 años esa carrera tomó gran velocidad.

Sin embargo, muchos problemas han llegado en la era moderna con la tecnología. Uno de ellos es la transformación del mercado laboral en Estados Unidos y la fabricación o elaboración de productos imprescindibles para el consumo humano.

No pocos se preguntan cómo es posible que los pequeños, medianos y grandes negocios en la primera potencia económica del mundo no puedan siquiera cubrir la mitad de los más de 11 millones de puestos de trabajo disponibles en el país.

El déficit se acrecentó después de la pandemia de COVID-19 o SARS-COVID-2 con los programas federales de ayuda económica y aún más con las erráticas políticas de la administración de Joe Biden y su agenda apegada a la extrema izquierda.

La visión sobre el futuro no significa un acierto

Las redes sociales crearon un importante y controversial espacio laboral. Millones de jóvenes, fundamentalmente, empujados por una educación universitaria basada en la tecnología y una nueva visión social, se adentraron en el mundo mágico del desarrollo digital, el entretenimiento, la publicidad y los servicios. Así nacieron los llamados “influencers” o empleados independientes desde la comodidad de su hogar, con una computadora o un teléfono inteligente.

El COVID-19 obligó a muchos estadounidenses a trabajar desde casa, siempre que su profesión o labor se lo permitiera.

En diversos sectores, la presencia física es insustituible, al menos por ahora: en la industria, la aeronáutica, la agricultura, la producción de bienes y alimentos, transporte; en las profesiones de primera línea (militares, bomberos, policías, agentes federales y fuerzas de seguridad en sentido general; laboratorios y servicios de alta necesidad como mercados, hospitales, farmacias, etc.

El trabajo por internet en sitios como TikTok, Facebook, Google, Instagram, OnlyFans, YouTube y cientos de otros mueve un mercado financiero apetecible para el crecimiento económico y financiero individual; incluso, familiar. En ese contexto crecieron las llamadas criptomonedas, pero en ninguna de esas plataformas se producen bienes materiales esenciales para sobrevivir.

Las lucrativas opciones captan el interés de millones de personas

Las plataformas virtuales, mucho más lucrativas y atractivas para aumentar los ingresos monetarios personales, constituyen ahora un grave problema para las empresas destinadas a elaborar y exportar lo que la sociedad [necesita realmente] y tiene que consumir.

Las compañías tradicionales no sólo se enfrentan a la persistente escasez de mano de obra, sino al [desestímulo al trabajo físico] y a una competencia desigual por salarios que no compensan el costo de vida [cada vez mayor]. A diferencia de trabajos a distancia con ingresos que duplican o triplican un salario tradicionalmente beneficioso. En muchos casos los ingresos son impensables.

En OnlyFans, por ejemplo, un sitio de contenido erótico y sexual una persona puede ganar decenas de miles de dólares por mes, en jornadas cortas de videos y en menos de 20 días.

En YouTube y otros lugares de internet las posibilidades al éxito están abiertas y aunque no todos triunfan, muchos logran vivir de su página digital e incrementar considerablemente sus finanzas personales. Por lo tanto, el mundo laboral tradicional está siendo relegado y las personas escapan cada vez más de una jornada laboral obligatoria y un sueldo fijo.

Ese espacio y atractivo han sido “robados” por las grandes empresas de tecnología, que han disparado el poder adquisitivo de millones de personas en menos de 10 años y han incrementado la demanda general en más de un 40%.

Amazon, Alphabet, Apple, Microsoft, Facebook, Yahoo, TikTok, Instagram y otra extensa lista han impuesto una competitividad dispar con las empresas productoras y exportadoras e industrias tradicionales, que se encuentran en una enorme encrucijada.

Las empresas y la productividad

En aras de la supervivencia no pocas empresas han tenido que recurrir a préstamos multimillonarios para inversiones en tecnología y menos fuerza laboral humana, otro grave problema que se agudizará con el paso del tiempo y el desarrollo de la inteligencia artificial.

La tecnología, la dependencia del libre comercio, la emigración de empresas a Asia y otras partes del planeta junto a una excesiva demanda han destruido cerca del 88% de los empleos en EEUU.

La robótica industrial en los últimos años ha acelerado un proceso que supuestamente iba a demorar varias décadas junto al incremento de la productividad en el intento por satisfacer la creciente demanda.

Si la productividad no hubiese aumentado en EEUU desde el 2000, en el 2010 se hubieran necesitado más de 20 millones de empleados en la industria para producir la misma cantidad de bienes que fabricaron sólo 12 millones de trabajadores. Esta proporción se ha reducido casi al doble en los últimos años.

La robotización de la industria automotriz estadounidense es uno de los mejores ejemplos. La transformación ha eliminado cientos de miles de empleos en la última década. Además, los vehículos cada vez son más autónomos y eficientes.

La sucursal de General Motors especializada en la conducción autónoma, Cruise, obtuvo la autorización de una agencia californiana para el transporte de pasajeros a bordo de sus robotaxis en San Francisco. Los autos serán enteramente sin conductor, ni dentro ni a distancia.

Waymo, un rival de Cruise y una filial de Alphabet (casa matriz de Google), propone desde 2018 trayectos pagados sin chofer a los habitantes de Phoenix, en Arizona.

El jefe de Tesla, Elon Musk, asegura que sus vehículos pronto serán completamente autónomos, pero los sistemas de asistencia al conductor del grupo californiano no parecen cumplir con esa aspiración de momento.

En poco tiempo, camioneros, taxistas o conductores de Uber y Lyft no serán necesarios. Algo que parece impensable, que atemoriza, pero que ya está aquí. Millones de conductores podrían perder de repente su empleo. Lo mismo ocurre en la medicina, en el sector fabril y en la distribución. Amazon y otras grandes compañías ya utilizan robots para recibir y despachar miles de toneladas diarias de productos por todo el planeta.

Sophie Vandebroek, directora de operaciones en IBM Research, asegura que “las empresas que sacan partido a la inteligencia artificial obtendrán mejores resultados. Podremos personalizar la atención médica a nivel de la física. Los agentes de seguridad reaccionarán más rápido si hay anomalías en la red e impedirán que los “hackers” actúen. Hay aplicaciones en todas las ramas de la industria.”

El espejismo laboral

Richard Freeman, profesor de economía de la Universidad de Harvard, habla de su ideal: “la gente, en general, tiene que ser la dueña de estas nuevas tecnologías: las ganancias y las recompensas deberían revertirse en la colectividad, en lugar de quedarse en manos de un puñado de millonarios. Porque quien las posea, habrá ganado”.

Sin embargo, el ideal de Freeman se queda en la ilusión. Las grandes tecnológicas han concentrado el poder y las ganancias en un puñado de creadores, dueños e inversionistas, mientras que el resto del equipo (los empleados) experimentan la sensación de que ganan más, cuando en realidad ganan menos.

Los fabulosos productos, fruto del desarrollo de la tecnología, son mucho más caros y su valor de adquisición en la mayoría de los casos se triplica ante los ojos de los humanos menos afortunados, que cada día deben trabajar más para suplir las mismas necesidades con iguales productos.

¿Más confort, más versatilidad, más oportunidades, más información, más accesibilidad al mundo, más servicios?... Sí, ¿pero tendrá la humanidad la capacidad de que la tecnología no elimine a mediano y largo plazo la inteligencia individual y la sensibilidad humanas junto a sus métodos de supervivencia?

Vivek Wadhwa, profesor de Carnegie Mellow University considera que “si tuviéramos todo lo que necesitamos y no tuviéramos que trabajar para subsistir, para sobrevivir, el trabajo sería un lujo. Lo que en cierto modo es bueno. ¿Para qué trabajar entonces? ¿Para qué trabajar 50 horas a la semana, por qué no 10? podríamos tener tiempo para el arte, el ocio, el aprendizaje…

La realidad, hasta el momento, indica lo contrario

Hasta ahora, eso no es lo que ha demostrado el avance tecnológico. Hasta julio de 2022, las grandes tecnológicas han degradado a gran velocidad la interacción física y social humana, la necesidad de hacer el bien a la sociedad mediante el trabajo y el aporte para disfrutar de las libertades individuales (no colectivas), como plantean las teorías opuestas al capitalismo occidental.

Hasta este momento, las grandes transnacionales de la tecnología -en medio de una cuarta revolución industrial- han desplazado y quebrado millones de pequeños y medianos negocios en EEUU y en el resto del mundo, desde la bodega familiar y el taller de mecánica o ponchera hasta grandes cadenas minoristas como Sears, Kmart, JCPenney y muchas otras. Sin entrar en detalles sobre las restricciones a la libertad expresión, el espionaje cibernético y el robo de la propiedad intelectual e información clasificada; los cambios de tendencias en el consumo según los intereses publicitarios y venta de productos; la manipulación de la información y el robo de la privacidad de los consumidores.

Anthony Klotz, profesor asociado de la Escuela de Negocios Mays en Texas, dijo que "Entre el 2015 y 2019, la cifra de renuncias en EEUU creció año tras año. El número se redujo bastante en 2020, por la incertidumbre de la pandemia. Estas personas se quedaron en su empleo, pero querían dejarlo".

Se estima que en 2020 hubo en Estados Unidos casi seis millones de renuncias menos de las que se preveían, fenómeno que se hizo notable en el 2021 cuando la crisis sanitaria mermó y comenzó el impacto de las erróneas políticas económicas de la actual administración.

Las promesas de salarios por encima de los 15 dólares por hora, el exceso de ayudas federales en el 2021, las campañas a favor de la transformación global, la orden de [vacunación obligatoria de Biden] para empleados públicos (locales, estatales y federales) y la guerra contra la [industria estadounidense del petróleo] también agilizaron la emigración de millones de empleados.

Las consecuencias nefastas son visibles en sectores como la aeronáutica con alta escasez de pilotos, ingenieros, personal de vuelo y mecánicos. Parte de esas personas altamente cualificadas o se retiraron forzadamente antes del tiempo reglamentario o invirtieron sus ahorros donde hoy el dinero fluye con mayor rapidez: propiedades, acciones bursátiles o negocios vinculados a las nuevas tecnologías.

Las renuncias forzadas o no

Más de 47 millones de personas [renunciaron a sus empleos] en el 2021. El Departamento de Trabajo reveló que durante febrero del 2022 había 11.3 millones de vacantes disponibles en el país, 1,8 trabajos para cada desempleado.

Un estudio internacional encargado por Microsoft indicó que el 70% de los empleados quieren que las empresas mantengan las opciones flexibles de trabajo remoto y que el 45% de quienes laboran desde sus hogares tienen planes para mudarse a un nuevo lugar, cuando pueden ganarse la vida sin asistir a un centro laboral.

Según datos provistos por LinkedIn los anuncios en esa plataforma sobre trabajo remoto se quintuplicaron entre mayo de 2020 y mayo de 2021.

El sector de medios y comunicación lidera las ofertas de trabajo remoto (27%), seguido por la industria de software y tecnologías de la información (22%).

Al mismo tiempo, casi 25% de todas las aplicaciones a empleos hechas entre finales de abril y mayo son para posiciones de trabajo a distancia.

Nada de esto hubiera sido posible sin la tecnología actual; sin embargo, las consecuencias están aún por calcularse. Y como dice el refrán popular: “No todo lo que brilla es oro”.

El ser humano y el mundo evolucionan por ley natural, pero el proceso de cambio en sí mismo no significa ni garantiza que tendremos un futuro mejor, en especial para quienes trabajan y su quehacer satisface las [necesidades reales] para el beneficio común.

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