WASHINGTON — El Congreso de Estados Unidos evita una crisis de parálisis federal, pero posterga otra. El Senado pasó este jueves una extensión temporal que financiaría al gobierno hasta principios de diciembre.

Te puede interesar

El Senado de EEUU aprobó este jueves "in extremis" una extensión temporal del presupuesto para evitar parálisis del gobierno federal y de servicios públicos federales. La votación será refrendada por la Cámara de Representantes.

El texto de ley prevé una prolongación del actual presupuesto hasta el 3 de diciembre, y tuvo respaldo de republicanos además de los demócratas de Joe Biden, que luego deberá promulgar la norma.

La Cámara Baja previsiblemente aprobará la iniciativa de ley después de la votación en el Senado para impedir un cierre parcial del gobierno al inicio del nuevo año fiscal, el viernes.

Por insistencia de los republicanos, los demócratas se vieron obligados a eliminar una suspensión del límite a la capacidad del gobierno federal para tomar préstamos.

Si no se eleva el límite de endeudamiento antes del 18 de octubre, el país probablemente sufra una crisis financiera y una recesión económica, dijo la secretaria del Tesoro, Janet Yellen. Pero, según analistas, estas son presiones ya comunes en el mundo de la política.

Los republicanos dicen que los demócratas tienen votos suficientes para elevar el techo de endeudamiento por sí solos y su dirigente Mitch McConnell insiste en que lo hagan.

Sin embargo, los demócratas conocen el precio político de aprobar por sí solos un proyecto de ley de esta magnitud, en vez de que se haga de forma bipartidista. La incidencia negativa de esa propuesta en estos momentos de pandemia y recesión económica -alertada por asesores y expertos- es parte del autofreno de los demócratas. El próximo año hay elecciones legislativas que deciden el destino del gobierno de Biden y del partido que representa.

La pugna interna entre los demócratas

La prioridad inmediata del Congreso es mantener al gobierno en funcionamiento al finalizar el actual año fiscal, el jueves a medianoche. La aprobación prevista del proyecto les dará tiempo a los legisladores para elaborar los proyectos de gastos para financiar los organismos federales y los programas que administran.

Mientras tanto, los demócratas tienen dificultades para lograr la aprobación de las prioridades internas del presidente Joe Biden. Un grupo de moderados se oponen al enorme gasto de la Casa Blanca en momentos de recesión económica.

Entre las medidas pendientes se incluyen un proyecto bipartidista de infraestructura que contiene 550.000 millones de dólares de gastos en caminos, puentes, banda ancha y otros proyectos, así como una gama de programas sociales, sanitarios y ambientales por valor de 3,5 billones de dólares. Los republicanos afirman que el 90% del presupuesto se destina a gastos sociales no recomendables en estos momentos.

“Con tantos asuntos cruciales a resolver, lo último que necesita el pueblo estadounidense es un cierre del gobierno”, dijo el líder del bloque mayoritario en el Senado, el demócrata Chuck Schumer. Pero varias crisis las ha creado la propia administración Biden con un cambio radical de todo lo que venía funcionando durante el gobierno del expresidente Donald Trump.

Los republicanos contrarios al descomunal gasto y sus consecuencias

Los republicanos analizan el peligro que entraña la aprobación de una extensión de la deuda y cómo incidirá el costoso plan de Biden en la economía estadounidense, severamente removida por la pandemia del COVID-19, que prosigue a pesar de las promesas de Biden sobre la supuesta erradicación del virus hechas durante su campaña electoral. Además, se oponen a una estrepitosa subida de impuestos a personas que ganan 400.000 al año y a empresas para financiar programas sociales. Esa medida frenaría aún más la producción y reduciría puestos laborales en medio de un desabastecimiento ya preocupante en la actualidad.

El desvío de fondos hacia sectores totalmente improductivos y continuar con las ayudas sociales federales representa un impacto significativo en la recuperación económica del país, aunque los demócratas opinen lo contrario.

Expertos afirman que aún existen casi 10 millones de puestos de trabajos sin cubrir a causa de las bondades de la Casa Blanca, cuyas intenciones es incrementar las ayudas. Tanto Biden como la secretaria del Tesoro coinciden en que el gobierno tiene que seguir entregando dinero con una inflación en ascenso, altísimos precios en la mayoría de los productos esenciales de consumo, desabastecimiento, baja producción y déficit comercial récord de más de $80.000 millones mensualmente.

Schumer dijo que la ley provisional de gastos prevé ayuda a los que sufren las consecuencias del huracán Ida y otros desastres naturales, así como fondos para ayudar a los evacuados afganos luego de 20 años de guerra entre Estados Unidos y el Talibán.

Partido Demócrata se juega su futuro político

Los demócratas se encuentran en una histórica batalla legislativa, en la que están en juego billones de dólares, sus prioridades legislativas y posiblemente su futuro político. Pero están tan divididos que podrían perderlo todo.

La animosidad entre las facciones progresista y centrista es tanta que cada una dice que no confían en la otra. Vuelan los insultos como “estúpidos” y “locos” y juramentos de no ceder jamás.

Siempre cuando un partido tiene mayoría en ambas Cámaras legislativas abundan las divisiones internas, incluso cuando también controlan la Casa Blanca. Los demócratas, por ejemplo, tuvieron que superar sus desacuerdos en el 2010 para aprobar la ley de salud promovida por el entonces presidente Barack Obama. Los republicanos no pudieron superar sus propias divisiones en el 2017, cuando bajo la presidencia de Donald Trump intentaron anular esa ley de Obama.

Pero esta vez se trata de un plan a 10 años, por 3,5 billones de dólares y que abarca un enorme abanico de iniciativas sociales y ambientales, y los demócratas no tienen margen de error.

Para aprobar la medida, necesitarán todos los votos en un Senado dividido por la mitad a 50-50, y todos menos tres de los votos que tienen en la Cámara de Representantes. Ante una aritmética tan apretada, las expresiones de desconfianza mutua no hacen nada para promover la unidad y para evitar que la prioridad legislativa de Joe Biden quede reducida a cenizas, lo que podría tener graves consecuencias a corto plazo, además de las controversiales crisis creadas por la actual administración en la frontera sur, Afganistán, el enfrentamiento diplomático con Francia, el congelado acuerdo nuclear con Irán, la desaceleración económica, entre otras.

“No es saludable que los demócratas se estén dando ultimátums unos a otros”, expresó el representante demócrata por Vermont Peter Welch. “Es políticamente y existencialmente importante que logremos esto. Si fracasamos, nos hundimos”.

Esos ultimátums pasarían su primer prueba el jueves, día anunciado por la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelos para la votación sobre otro paquete legislativo importante: una iniciativa de un billón de dólares para mejorar sectores de infraestructura como carreteras y acceso a internet. Pelosi, sin embargo, ha sugerido que la votación podría ser postergada.

Los moderados firmes en su oposición al presupuesto

Si bien es verdad que todos los demócratas desean la aprobación de ambas iniciativas, y que la retórica reciente podría ser puro teatro político, lo cierto es que el debate está ardiendo en un momento sumamente delicado en la política estadounidense.

A cambio del apoyo de los moderados a una iniciativa presupuestaria previa, Pelosi inició esta semana el debate sobre el plan de infraestructura, que era su máxima prioridad.

Pero el ala radical, que domina la Cámara Baja, está amenazando con votar en contra porque no confía en que los centristas apoyarán la legislación de 3,5 billones de dólares.

Los centristas consideran la propuesta mayor demasiado costosa, y se oponen a algunas cláusulas que tiene sobre gasto público e impuestos a los ricos. Debido a la necesidad de un consenso entre ambas facciones, lo más probable es que el tamaño de ese proyecto se reduzca.

Los extremistas de izquierda exigen que el liderazgo demócrata cumpla su palabra en cuanto a que ambas iniciativas serían sometidas a votación al mismo tiempo, una táctica que esencialmente significa que cada facción podrá tomar como rehén a la otra hasta que ambos planes sean aprobados.

Hasta ahora, no hay una versión consensuada sobre la propuesta más grande, así que eso no funcionará. Debido a que dos senadores demócratas centristas — Joe Manchin de Virginia Occidental y Kyrsten Sinema de Arizona — están obstaculizando un acuerdo, han proliferado las críticas entre los demócratas de la Cámara Baja y de la Cámara Alta.

El ala radical de izquierda y sus exigencias

“No vamos a confiar ciegamente en que estas propuestas sean consideradas por el Senado a menos que tengamos una garantía”, destacó la representante demócrata Ilhan Omar, de Minnesota, una de las más radicales en la izquierda. La garantía que ella y los demás extremistas desean es que el Senado apruebe un plan de 3,5 billones de dólares que pueda pasar en la Cámara Baja.

“Cuando yo era pequeño mi padre me decía que hay una línea muy fina entre ser buena persona y ser ingenuo, pues yo no soy ingenuo”, expresó el representante demócrata radical Jim McGovern, de Massachusetts. Añadió que ahora los llamados progresistas (extremistas) en la Cámara desean “una garantía” de que el Senado aprobará la medida y la enviará a la cámara.

Sin embargo, en vez de esperar a que se logre dicho acuerdo, la dirigencia partidista en la Cámara está acatando “un plazo estúpido y arbitrario” según el cual el plan de infraestructura tiene que ser sometido a votación esta semana, se quejó la represenante demócrata Pramila Jayapal, del estado de Washington y del ala progresista.

Entre los moderados, la representante demócrata por Florida Stephanie Murphy relató a reporteros el miércoles que en su opinión Biden, líderes del partido y grupos afines como los sindicatos deberían presionar a los demócratas en la Cámara para que apoyen el plan de infraestructura.

“Si la votación de mañana fracasa o queda postergada, se rompería la confianza mutua y ello frenaría la agenda legislativa de Biden”, declaró Murphy, del ala centrista.

En la tarde del miércoles Manchin, el legislador moderado, dijo sobre el plan de 3,5 billones de dólares que "semejante gasto público en momentos de alta inflación y enorme deuda es la definición de una locura fiscal”.

Nada de esto sorprende a John Lawrence, quien fue asistente de Pelosi en la época en que la reforma del sistema de salud era debatida por el Congreso.

Al igual que ocurrió 10 años atrás, ahora las divisiones internas entre los demócratas podrían hundir a la prioridad legislativa del gobierno de turno y afectar al partido en las próximas elecciones, observó Lawrence.

“Esto demostrará si los demócratas pueden realmente gobernar... Es como un duelo entre vaqueros en que todos se apuntan con la pistola al mismo tiempo. O tiran el gatillo, o regresan al bar y tratan de hallar una solución negociada”, dijo Lawrence.

FUENTE: Con información de AP

Aparecen en esta nota:

 

Diario Las Américas no se hace responsable de las opiniones emitidas por los lectores; sin embargo, exhorta a evitar el lenguaje vulgar u ofensivo contra terceros. Nuestra empresa se acoge al derecho de eliminar cualquier comentario que viole estas normas.

Diario Las Américas is not responsible for the opinions issued by the readers; however, it urges to avoid vulgar or offensive language against third parties. Our company is entitled to remove any comments that violate these rules.

Deja tu comentario

Se está leyendo

Lo último

Encuesta

¿Debería el gobernador DeSantis emitir medidas sanitarias de carácter obligatorio para todo el estado? 42.02%
¿Las medidas deberían ser potestad de los gobiernos locales según se requieran? 30.33%
¿Las medidas sanitarias deben ser decisión individual de cada persona? 27.65%
59698 votos

Las Más Leídas