Entre sus principales objetivos ha figurado hacer estallar el valor del dólar como moneda de reserva universal, minar a través del espionaje y las universidades la ideología capitalista occidental, cercenar y dividir la sociedad estadounidense y destruir o desmembrar-desde sus bases- la economía conservadora estadounidense; hacerla cada vez más dependiente de China y otras naciones (globalismo) e introducir la tendencia del centralismo de Estado en la empresa privada norteamericana.
Desde adentro se ha trabajado para reformar -mediante la izquierda y la izquierda radical- la Constitución conservadora de EEUU, cambiar la Corte Suprema en Washington con más jueces liberales que conservadores; utilizar el Departamento de Justicia como un arma política letal y destructiva del sistema de gobierno y su autoridad en el ámbito local, estatal y federal. Buena parte de este daño planificado se ha visto desde la era de Bill Clinton, pasando por las administraciones de Jimmy Carter, George W. Bush, Barack Obama y Joe Biden (la consolidación de lo que no pudo hacer Obama en su mandato de ocho años por diversas prioridades).
La injerencia triangulada de Irán, China y Rusia
Es decir, en su interior y fuera de EEUU, los adversarios han operado sin descanso para destruir la sociedad norteamericana y su sistema de gobierno, en especial en los últimos 30 años.
El auge sustancial de la presencia de Rusia, China e Irán en la región nunca ha sido una casualidad, sino una causalidad planificada, siempre con Cuba como cabeza de serpiente por casi siete décadas.
Las oleadas migratorias desde la época de Barack Obama, la apertura de brechas del gasto federal descontrolado mediante ayudas exteriores a los propios enemigos y “disruptores ideológicos” occidentales (islamismo, yihadismo, terrorismo de estado, “progresismo”, “wokismo”) han sido parte vital también en los planes contra la Gran Nación Americana.
A través de las llamadas Organizaciones No Gubernamentales (ONG), organizaciones sin ánimo de lucro, movimientos, organismos internacionales como la ONU, Unicef, FAO, y cientos de agencias, varios países en la región -incluso con el propio dinero de los contribuyentes estadounidenses- han tejido una red con el respaldo y la injerencia directa de China, Rusia e Irán en casi todo el hemisferio occidental.
Tampoco es al azar o por capricho que el Presidente acaba de desligar a EEUU de 66 organizaciones internacionales. Los datos y el daño generado a Norteamérica está reflejado en informes encontrados por la actual administración y advertencias de exfuncionarios honestos que en su momento denunciaron, renunciaron y no quisieron ser parte del complot antiamericano.
De las 66 organizaciones, más de 50 promovían y financiaban con dinero de los estadounidenses la ideología de género. Así se despilfarraban cada año decenas de miles de millones de dólares.
Sólo en el 2024, bajo el gobierno de Joe Biden, la ayuda exterior de EEUU superó los 82.000 millones de dólares.
La Nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) del gobierno del presidente Trump declara por primera vez el fin de la emigración masiva, vinculada de forma directa a las vías para destruir la estabilidad de cualquier país, al mismo tiempo que permite la “siembra” de espías, terroristas y delincuentes mezclados entre las personas que buscan un futuro mejor.
Las olas migratorias descontroladas y alentadas por los intereses de cúpulas de poder globalista de la ultraizquierda-como ha ocurrido en Europa- conducen a las crisis crónicas en los países industrializados, causan el caos de los servicios públicos y obliga a los gobiernos a buscar más fondos mediante subidas estrepitosas de impuestos a las empresas y corporaciones privadas.
El mensaje
El desastre visto en decenas de estados de EEUU, en especial en los gobernados por la izquierda radical, durante el último mandato demócrata de Joe Biden, es muy similar al que atenta hoy contra el destino y la supervivencia de Europa.
El ataque de EEUU con bombarderos B2 sobre tres instalaciones nucleares subterráneas en Irán el 21 de junio de 2025 envió el primer mensaje a China y Rusia, que subía por semanas el tono de sus amenazas sobre el posible uso de armas nucleares en Ucrania y contra aliados de la OTAN, y Washington.
La “Operación Martillo de Media Noche” representó el preámbulo de hasta dónde está decidido llegar Trump para devolver la grandeza y el liderazgo a EEUU.
Los B2 lanzaron 14 de las bombas más grandes y potentes de la era militar moderna. No sólo causaron destrucción, sino que ayudaron a despertar a los movimientos opositores en Irán bajo el yugo de una de las dictaduras más temidas del planeta, desde el derrocamiento del Sah Mohammad Reza Pahlavi en 1979 y la llegada al poder en 1981 de Alí Jamenei, convertido luego en 1989 en el llamado líder supremo de Irán hasta la actualidad.
Con un desplome de la economía y del rial iraní y una inflación del 40%, decenas de miles salieron a las calles en protesta por la escasez y la recesión económica; pero en sólo días se sumaron millones en 31 provincias del país y la tónica de las manifestaciones cambió hacia las exigencias de libertad y el fin del régimen autocrático iraní, más que teocrático como lo definen politólogos y el propio régimen del ayatolá.
El bloqueo y la confiscación de 5 buques tanqueros, entre ellos, uno de bandera rusa (Bella 1), por parte de la marina estadounidense, agudizaron la crisis en Teherán.
Pero el Bella 1 no sólo llevaba era para petróleo, llevaba 1,5 toneladas de oro, sumas enormes de dinero en efectivo y piezas para drones.
Los servicios de inteligencia norteamericanos descifraron lo que podía ocurrir tras los bombardeos, el bloqueo marítimo de Washington en el Atlántico y el Pacífico y con posterioridad la captura del narcodictador Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, el 3 de enero. Ese día, el mundo presenció una de las operaciones militares más avanzadas, quirúrgicas y espectaculares de la historia, después de la eliminación física del connotado terrorista Osama Bin Laden en otro operativo de las fuerzas especiales “Navy Seals”.
En esta ocasión la captura y extracción de Maduro y su esposa fueron ejecutadas por miembros de la fuerza élite "Delta Force", con tecnología nunca antes vista en operativos anteriores, de acuerdo con testimonios de los pocos sobrevivientes.
Más de 100 hombres que protegían al entonces gobernante fueron eliminados en sólo minutos, una onda acústica los dejó casi inmóviles con sandramientos por nariz y oídos. Los radares y los medios de defensa antiaérea, de tecnología rusa, fueron desactivados junto al sistema eléctrico y equipos militares de geolocalización.
La operación fue ejecutada en menos de media hora; Maduro y su esposa fueron trasladados a un buque de guerra en altamar hasta llegar a Nueva York, donde se enfrenta ahora a los fiscales federales del distrito sur bajo varios cargos graves que conducen a la pena de cadena perpétua.
Cero bajas entre los estadounidenses, ningún daño severo al equipamiento utilizado, bombardeos precisos para proteger la entrada y salida de los comandos élites de EEUU y el aniquilamiento de toda la infraestructura militar venezolana en Caracas y sus alrededores fue en síntesos el resultado exitoso e histórico de la operación. Los 150 aviones (F-22 y F-35, entre otros) que despegaron de diferentes puntos y bases militares cercanas, para bombardear objetivos clave y proteger el operativo, regresaron con la victoria y la misión cumplida a cabalidad.
Esta vez, el Pentágono, la inteligencia y el Departamento de Justicia querían a Maduro vivo como un trofeo de información de primera mano, como lo es el exjefe del inteligencia del fallecido Hugo Chávez, el conocido por el Pollo Carvajal (Hugo Armando Carvajal Barrios), quien servirá en el juicio de testigo crucial de la Fiscalía para condenar a Maduro.
El narcodictador Maduro es uno de los protagonistas o marioneta de acción de los regímenes de Cuba, Rusia, China e Irán en la región, en concatenación con viejos actores en Argentina (Cristina Kirschner), México (Andrés Manuel López Obrador), Colombia (Juan Manuel Santos) y el dictador Daniel Ortega en Nicaragua. En Cuba, Fidel Castro, Raúl Castro y ahora el designado a dedo, Miguel Díaz-Canel).
El impacto
¿Cuál ha sido la magnitud del impacto de las recientes acciones militares de Washington?
EEUU tiene en estos momentos el control del gobierno interino y del petróleo venezolano, junto con las confiscaciones de buques en el bloqueo naval triangulado en el Caribe. Por otra parte, ha puesto en la peor crisis de su historia al régimen iraní. Multitudinarias protestas por casi tres semanas pusieron en grandes apuros y la amenaza de ataque de EEUU al régimen dicatatorial de Jamenei.
Jamenei ordenó disparar contra los manifestantes incluso con francotiradores apostados en los techos de edificios, una brutal represión que se estima de forma preliminar que haya asesinado a más de 3.400 iraníes y más de 10.000 arrestados, 800 destinados a ser ejecutados de forma inmediata. Las negociaciones de varios países del Medio Oriente, entre ellos Catar y Arabia Saudita, frenaron el aumento de la masacre.
De acuerdo con el último balance de la ONG Iran Human Rights (IHR), con sede en Noruega, al menos 3.428 manifestantes fueron asesinados por las fuerzas del régimen durante las protestas. Las autoridades iraníes no han facilitado ningún balance oficial.
Entre los muertos, se cuentan más de 600 mujeres por sólo quitarse el hiyab y la burka (velo facial y cubrimiento corporal), según informes no verificables debido a la enorme censura y el apagón de las comunicaciones por parte del régimen que dejó aislados a los manifestantes.
La Casa Blanca percibe que Cuba e Irán caerán por su propio peso tras el golpe mortal propinado a sus economías. Mientras, el socialista Gustavo Petro, presidente de Colombia, busca negociar con Trump y será recibido en la Casa Blanca el 3 de febrero.
El mandatario socialista brasileño, Luis inacio Lula Da Silva, uno de los promotores del globalismo y el progresismo en la región como miembro activo del BRICS, el Foro de Sao Paulo y el Foro Económico Mundial (agenda 2030) se ha desentendido de Venezuela y Cuba en su intento de salir del radar de Washington. El dictador Ortega en Nicaragua hace lo mismo y evita cualquier confrontación en estos momentos con Trump.
China y Rusia se mantienen al margen de la situación como observadores pasivos y emiten comunicados de prensa. Tras la confiscación del buque petrolero de bandera rusa, un tanquero chino que pretendía cargar petróleo en Venezuela tuvo que retornar a puerto asiático con el correspondiente comunicado de protesta del régimen de Xi Jinping. Lo mismo hizo Rusia desde el Kremlin. Ambos han captado el mensaje de Trump: “el horno no está ahora mismo para pasteles”.
El ministro de relaciones exteriores de Irán, Abbas Araghchi, envió una carta al presidente Trump en la que le pide no realizar otra incursión militar como la de junio de 2025, en respuesta a las advertencias del líder republicano de hacer desaparecer al régimen iraní, si los más de 10.000 manifestantes arrestados son asesinados. Araghchi clamó por vías diplomáticas en busca de acuerdos y supuestas “soluciones”. “Irán ha demostrado que está dispuesto a negociar”, recalcó el jefe de la diplomacia iraní durante una entrevista con la cadena Fox News.
Ahora se sabe que varios países del Golfo como Arabia Saudita, Catar y Omán supuestamente disuadieron al presidente Trump para que no atacara al régimen asesino de Irán en respuesta por la brutal represión de las manifestaciones.
En informes de prensa se conoció que los líderes de esos países le pidieron al mandatario estadounidense pausar su intervención militar para encargarse ellos de negociar con Jamenei.
Los tres advirtieron sobre las "graves repercusiones" que tendría para la región las acciones directas de Washington, informó un alto cargo saudita.
Tras la llegada al poder de Trump y los republicanos en enero de 2025, ni Rusia, ni China ni Irán son ahora los mismos que desafiaban casi a diario a Washington bajo los gobiernos de Obama y Biden. Pero el resultado, incluso preliminar, es aún mejor: la era de injerencia y expansión en el hemisferio occidental de Irán, China, Rusia y la influencia sistémica de Cuba parece haber llegado a su final.
Dictadura acorralada
Cuba, reducida a la dictadura más antigua y cruel del continente americano durante casi 70 años, se encuentra acorralada en medio de la fuerte presión de EEUU, buques de guerra frente a sus costas al mismo estilo del proceso contra Maduro y advertencias de que “lleguen a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”. El gobernante designado, Miguel Díaz-Canel, ha pedido mediante varias comunicaciones, según él, negociar en igualdad de condiciones (el mismo estribillo trillado del difunto dictador Fidel Castro).
Al parecer, el régimen tiene esperanzas como las tenía Maduro de que Trump desista de Cuba. Pero el asesoramiento del secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio, de origen cubano, y ahora mano derecha del Presidente, hace imposible la fantasía del régimen de La Habana.
Tras una estela de asesinatos políticos, fusilamientos, patrocinio del terrorismo de Estado, de guerrillas, tortura, represión, encarcelamientos, presos políticos, millones de exiliados, división familiar y recesión económica crónica, el régimen no tiene la más mínima posibilidad de negociar en igualdad de condiciones con la administración Trump. Su historial criminal de casi 70 años parece tener los días contados. La dictadura castrista ha utilizado todos sus recursos a mano para financiar guerrilleros, acoger terroristas y exportar la sangre y la miseria de su mal llamada revolución.
Se estima que sólo desde el 2022, casi un millón y medio de cubanos han salido de la “isla cárcel”, donde decenas de jóvenes cumplen en estos momentos largas condenas por salir a protestar contra el régimen y exigir libertad el 11 de julio de 2021 y días posteriores. Más de 1.000 manifestantes fueron procesados por la masiva rebelión, muchos de ellos torturados y la mayoría condenados a largas sentencias de cárcel sin ninguna garantía legal y menos de justicia. Otros ha sido forzados al destierro permanente bajo la amenaza de morir en una de las masmorras de la dictadura..
El presidente Trump y el jefe de la diplomacia estadounidense, Rubio, han dejado bien claro que el petróleo venezolano, iraní y ruso no financiarán nunca más el terrorismo, los narcoestados, las campañas electorales fraudulentas de las dictaduras de la izquierda radical ni grupos guerrilleros en la región.
Trump no sólo ha dado un vuelco al orden y el comercio mundial, sino -como prometió- ha puesto a EEUU otra vez como la guía del destino universal a través de su poderío militar, económico y tecnológico.
Primero, mediante la imposición de aranceles y luego con acciones militares estratégicas para redefinir el mapa geopolítico y de poder de EEUU, con un enfoque estrictamente pragmático.
El Canal de Panamá, controlado hace apenas un año por el régimen comunista de China, fue un detonante para la Casa Blanca de Trump en su gran ofensiva por la seguridad nacional de EEUU.
Los compromisos internacionales asumidos por Washington en las últimas tres décadas debilitaron a la industria y la clase media estadounidense, facilitaron la penetración de enemigos en el sistema institucional norteamericano y permitieron el avance y la injerencia directa de China, Rusia e Irán en el continente americano.
El despliegue militar en aguas del Caribe para combatir el narcotráfico de nuevas y potentes drogas sintéticas (cuyos percusores químicos provienen de China) para minar la sociedad estadounidense, disparar su consumo entre los adolescentes y jóvenes y causar cientos de miles de muertes por año, forma parte vital de la respuesta geoestratégica de Trump a la expansión de esos tres grandes enemigos de EEUU.
La presidenta de México, la socialista Claudia Sheinbaum, quien intenta sustituir el petróleo regalado venezolano para mantener en pie la dictadura cubana, como lo hicieron Chavez, Maduro y López-Obrador en México en los últimos años.
Por su parte, Cristina Kirschner y antes su esposo, abrieron las puertas a Irán y China en medio de la corrupción típica a gran escala de los gobiernos socialistas o progresistas en la región, al estilo Lula Da Silva, Evo Morales, Rafael Correa en Ecuador, etc.
Sheinbaum ya fue advertida por Rubio y el propio Trump tras decenas de envíos a la isla de barcos petroleros con un promedio de 80.000 barriles por navío, todos “justificados” bajo el perfil de “ayuda humanitaria”.
Coprotagonista y motivador de las oleadas
México, donde los cárteles de la droga y el crimen organizado tienen el control de regiones, ha sido coprotagonista y motivador de las olas migratorias masivas y el tráfico de drogas hacia EEUU.
Entre el 2019 y 2024, más de 6.000 ciudadanos estadounidenses, pagados por los cárteles mexicanos, fueron arrestados en los puertos de entrada a EEUU con drogas sintéticas de contrabando, entre ellas, el súper mortal fentanilo (50 veces más potente que la heroína y mucho más barato de producir) o las llamadas sales sintéticas.
La presión de los aranceles y otras posibles medidas contra el gobierno de México que durante décadas ha mirado hacia la otra esquina frente al auge y control de los cárteles de la droga y el tráfico de personas y niños, ha tenido que demostrar acciones exigidas por la Casa Blanca, aunque las declaraciones de Sheinbaum dejan estupefacto a cualquier sensato interlocutor: “Combatir y enfrentar las bandas del narcotráfico no es una opción para nosotros”, así ha dicho la cuestionada presidenta mexicana, quien sigue el camino de supuesto diálogo con los criminales practicado por su predecesor y admirador de Fidel Castro, Andrés Manuel López Obrador, cuyo mandato hizo duplicar las cifras de extrema violencia, secuestros y asesinatos en el país azteca.
Entre las tímidas medidas de Sheinbaum para convencer de que actúa contra el crimen organizado, aparece la entrega a EEUU en agosto de 23 miembros de alto rango de cárteles mexicanos, como parte de un acuerdo con la administración Trump.
El líder republicano no descarta las incursiones militares en territorio mexicano contra los grupos criminales designados por la Oficina Oval como “Organizaciones Terroristas Extranjeras”, una definición que le permite actuar al Presidente bajo el concepto de amenaza para la seguridad nacional, sin el consentimiento del Congreso en Washington.
Las acciones de la Casa Blanca no se quedan en el narcotráfico y el freno a la invasión migratoria. El verdadero objetivo es desarticular el entramado de dictaduras de ultraizquierda o regímenes autoritarios en el hemisferio occidental con el respaldo de China, Irán y Rusia.
China es el mayor comprador del petróleo iraní y venezolano; Irán era el mayor proveedor de diluyentes para procesar el pesado crudo sudamericano, mientras Rusia y China mantienen activos y proyectos dentro de la industria petrolera de Venezuela, que entrarían en contradicción con el control que anunció Washington sobre el petróleo venezolano.
Trump está decidido a terminar la influencia y la triangulación de China, Rusia e Irán en la región con el soporte de regímenes como Cuba, Venezuela y Nicaragua y los servicios de penetración y contrabando de drogas hacia EEUU mediante el vínculo entre Colombia, México, Cuba y Venezuela.
Como nunca antes, el actual gobierno de Trump se centra en la necesidad de cumplir con su protagonismo real en América Latina y el Caribe y da continuidad a la Doctrina Monroe, que afirma que la seguridad estadounidense depende de impedir que potencias enemigas controlen puertos, redes digitales, minas, infraestructura energética o territorios estratégicos en la región.
Hasta ahora, Trump lo está logrando al cerrar todas las llaves de financiamiento a las dictaduras, incursiones militares puntuales y un firme liderazgo en la Casa Blanca con un plan estructurado por fases en el plano económico, militar, tecnológico, migratorio y geopolítico a través de un cambio radical de su política exterior que garantice la transformación interna en el país mediante su plataforma “America First” y “Make America Great Again”.
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FUENTE: Con información de AFP, The Epoch Times, The Wall Street Journal, Bloomberg, New York Post.