viernes 12  de  diciembre 2025
INMIGRANTES

Cuatro razones para no buscar la ciudadanía

Miami.-  El costo del trámite, que en la mayoría de los casos tarda siete años. Por lo general cuesta 680 dólares, aunque puede haber excepciones para algunos y el costo por lo general se multiplica entre varios miembros de la familia

Miami.- Lena Dyring, posando para una fotografía en PortMiam, en Miami. Dyring, quien llegó a Estados Unidos en 2005 con su esposo, un colombiano naturalizado estadounidense, dice que no tiene planes de solicitar la ciudadanía de Estados Unidos.  (Foto AP)

AP

Más de ocho millones y medio de los inmigrantes que se cree viven en Estados Unidos tuvieron la posibilidad de solicitar la ciudadanía en el año 2012, pero menos de 800.000 iniciaron el trámite, según las cifras más recientes del Departamento de Seguridad Nacional.

De confirmarse las estadísticas, casi el 60% del resto lo hará tarde o temprano, un porcentaje que ha subido lentamente. De todos modos, hay algún tipo de flojera para no iniciar el proceso. Los inmigrantes esgrimen una variedad de motivos para explicarlo.

Las razones más comunes 

1.- El costo del trámite, que en la mayoría de los casos tarda siete años. Por lo general cuesta 680 dólares, aunque puede haber excepciones para algunos y el costo por lo general se multiplica entre varios miembros de la familia;

2.- El desconocimiento del idioma inglés. Los inmigrantes deben demostrar un conocimiento básico de la historia y gobierno estadounidenses y aprobar un examen de dominio del inglés, a menos que tengan más de 50 años. También puede haber excepciones;

3.- La posible pérdida de beneficios de su país natal, como puede ser la capacidad de viajar libremente y trabajar en Europa.

4.- Sencillamente algunos otros no ven la necesidad.

Testimonios

La barrera del Idioma

Nancy Alvarez, de 35 años, llegó a Estados Unidos hace una década desde La Habana. Desde entonces fue asistente de enfermería, notaria, cuidadora de niños, nutricionista escolar. Tiene media docena de diplomas y certificados, aunque lo que le falta es la ciudadanía. Alvarez lo atribuye a su deficiencia con el inglés.

"Debería haber estudiado inglés cuando vine por primera vez", admite, pero en el suburbio de Hialeah donde llegó primero todo el mundo hablaba español. Solo unos pocos años más tarde notó que aun los empleadores que hacían negocios principalmente en español querían también angloparlantes.

Para entonces estaba trabajando todo el día, regresando a su casa para preparar la cena para su marido, su hijo y un bebé. Con un solo automóvil y un cónyuge que trabajaba por las noches, dijo que habría que tenido que tomar un autobús y buscar alguien que cuidara del bebé y con los cortes en los programas educativos, se ofrecían pocas clases.

"Ahora me siento avergonzada", afirmó. Recientemente se mudó al área de Orlando. Quizás con menos hispanohablantes allí empiece a aprender inglés, supone y recién entonces pensará en la ciudadanía.

Pasaporte europeo

"Supongo que es algo emocional", afirmó Lena Dyring, cuando se le preguntó por qué no había pensado en solicitar la ciudadanía estadounidense. "Tendría que renunciar a mi ciudadanía noruega", explicó. "No es que no me gusten los Estados Unidos. Me encanta estar aquí, pero sería casi como renunciar a mi familia, a mi herencia".

Dyring llegó a Estados Unidos en 2005 con su marido, un colombiano que se había hecho ciudadano norteamericano. Los dos se conocieron en un bar en Noruega. Ella todavía no está acostumbrada a algunas costumbres estadounidenses, como el abrazo al encontrarse, o en Miami el beso y el saludo "¿Cómo estás?" En Noruega, según dijo, la gente no hace esa pregunta hasta promediar la conversación cuando realmente desea saber la respuesta.

Sin embargo, su decisión de no buscar la ciudadanía va más allá de lo emotivo. También perdería algunos beneficios. "Si quisiera vivir o trabajar algún día en Europa, podría hacerlo sin mucha dificultad y mis hijos pueden tener la ciudadanía noruega por mí".

Aunque en Noruega los ciudadanos pierden la ciudadanía para obtener la estadounidense, otras naciones europeas permiten la ciudadanía dual.

Dyring dice que le gustaría poder votar, no tanto para presidente sino en elecciones locales.

De todos modos no está convencida de que hacerse ciudadana le ofrezca mucho. La mujer rubia de 39 años, madre de dos hijos, no teme ni deportación ni etiquetamiento racial.

Y como el cuidado de la salud es más barato en Noruega, prefiere mantener todas las opciones.

Planeaba el regreso

María Jiménez ha residido en Estados Unidos durante décadas y asesora a otras inmigrantes sobre sus derechos políticos pero rara vez habla de su propia situación inmigratoria.

"Me avergüenza decir a mis amistades que he estado aquí tanto tiempo sin haberlo hecho", dice sobre hacerse ciudadana.

Jiménez vino a Estados Unidos desde San Juan de los Lagos, un pueblo de Jalisco, México, en 1986, para ayudar a su hermano y la esposa de este a cuidar de su recién nacido. Ese año el Congreso aprobó una amplia ley inmigratoria que permitió a millones de personas que estaban ilegalmente en Estados Unidos a conseguir la tarjeta verde de residencia. Jiménez fue una de ellas.

"Siempre pensamos que nos volveríamos. Nunca pensamos quedarnos, pero fue pasando el tiempo", dice. "Tratamos de regresar varias veces pero no pudimos encontrar trabajo y nuestras familias dependían de nosotros para el dinero". Además, sus tres hijos nacidos en Estados Unidos no se sentían cómodos en México.

 

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