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MIAMI.– La propuesta de ley para reformar el Obamacare está en serios problemas. El líder de la mayoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, abogó a sus colegas reticentes y lo único logró fue que las conversaciones queden en suspenso hasta el miércoles, tras el feriado del 4 de julio. Mientras tanto, el presidente Donald J. Trump, que no se hace ilusiones, apostó por dar aliento y tuiteó: “Si los senadores republicanos no son capaces de aprobar lo que discuten ahora mismo, deben derogarlo (el Obamacare) y sustituirlo más tarde”.
Entretanto, la reforma del Obamacare parece haberse estancado por una aparente simple razón, según apuntan varios observadores. McConnell, pese a su amplia experiencia en los entresijos parlamentarios, no ha logrado controlar sus huestes. Y como dice el senador republicano y excandidato presidencial John McCain a la cadena Fox, “ha confundido sus deseos con la realidad”.
McCain no es un defensor del Obamacare pero es lo suficientemente sagaz para saber cuándo una propuesta política se tranca en el pleno de la Cámara Alta. “No hay forma de que esto siga”, agregó. “Está muerto”, precisó.
Acorde a los informes de testigos presenciales, McConnell se ha inclinado demasiado a escuchar a los más conservadores de su partido, que fueron los que derrotaron la primera versión de la reforma de esta nueva reforma del sistema de salud, y dejó a los senadores más moderados prácticamente fuera de la fórmula. Y según otros opinan, esa fue la razón por la terminaron rebelándose porque, pese a todo, provienen de estados en los la reforma tal como está planteada afecta a sus electores, mayormente personas de la tercera edad que dependen del Medicaid, el principal perjudicado de la propuesta.
Oposición
De momento, y desde el pasado lunes, al menos seis senadores han dicho que no votarán a favor de la reforma tal y como está redactada ahora, lo cual anticipa una derrota, ya que McConnell sólo puede perder dos votos republicanos ante la anunciada votación de la bancada demócrata por el no.
Uno de los republicanos que votaría en contra es la senadora Shelley Moore, de West Virginia: “En mi estado el 65% de los ancianos depende del Medicaid. Si los recortes son implementados, la mayoría no va a poder acceder a sus medicinas”, alertó la legisladora durante una entrevista con la cadena CNN.
De hecho, West Virginia es considerado uno de los estados menos prósperos de la nación y cuando el Obamacare entró en vigencia el gobernador asintió a ampliar los subsidios al Medicaid y Medicare con fondos estatales. Ahora, si prospera la versión de la reforma de los republicanos en el Senado, esos fondos podrían desaparecer.
El martes, Moore estuvo presente en la reunión en La Casa Blanca convocada por Trump para lograr un consenso que no fue posible. A la salida, McConnell admitió que los senadores presentes explicaron al Presidente sus reservas sobre el proyecto de ley. Ese fue caso de Dean Heller, de Nevada, considerado un republicano conservador, aunque sus críticas a la reforma fueron objeto la semana pasada de una batería de ataques televisivos.
Por otra parte, McConnell dijo a la salida de La Casa Blanca “no tenemos un acuerdo. Esto tendrá que ser revisado de nuevo. Voy a postergarlo hasta después del feriado del 4 de julio e intentaremos llegar a un consenso”.
El miércoles, medios republicanos hicieron circular que querían tener otro borrador listo el viernes pero fue imposible. “El liderazgo sigue irreductible. En este ambiente no existe discusión posible aunque el presidente lo quiera a toda costa”, comentó la senadora Moore a la cadena CNN.
El meollo de la cuestión parece estar centrado en dos aspectos: la preocupación de los senadores por el impacto de la propuesta de reforma en sus estados y el costo de todo el proyecto, “un aspecto que el presidente parece soslayar, como buen empresario”, opinó el analista político Michael Huchiston a la cadena Fox.
