El derrocamiento de Maduro el pasado 3 de enero abrió la puerta a que tanto el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como su secretario de Estado, Marco Rubio, apuntasen a Cuba como una de las posibles siguientes fichas en su particular dominó geopolítico en el hemisferio occidental.
Desde entonces, Washington no ha dudado en aumentar la presión sobre la isla, que está respondiendo con la retórica inflamada gestada a lo largo de más de seis décadas de desencuentros bilaterales, agresiones, sanciones estadounidenses y el cierre de filas bajo la máxima isleña de la plaza sitiada.
El gobernante designado del castrismo, Miguel Díaz-Canel, advirtió de que no habrá entendimiento posible ni negociación con "coerción" e indicó que su país está dispuesto al "diálogo", pero en "igualdad" y con "respeto". Mientras tanto, el régimen cubano aprobó los planes y medidas para dar paso al denominado “Estado de Guerra”, en un contexto marcado por el aumento de las tensiones con Estados Unidos tras los ataques de Washington a Venezuela que culminaron con la captura del dictador Nicolás Maduro.
"Nación fallida"
El mismo 3 de enero, en la rueda de prensa para explicar la operación militar contra Venezuela, Rubio —adalid de la línea dura contra Cuba— abrió el juego: “Si estuviera en La Habana, estaría preocupado, aunque fuera un poco”.
“La gente que controla Cuba tiene una elección: pueden tener un país real, con una economía real donde su gente prospere, o continuar con su dictadura fallida”, agregó el secretario de Estado.
Trump ahondó poco después en la vertiente económica de sus diferendos al afirmar que el actual sistema “no es bueno para Cuba”.
“Ese pueblo ha sufrido por muchos, muchos años y creo que acabaremos hablando de Cuba porque es una nación fallida y queremos ayudar a ese pueblo”, remató empleando un punto recurrente de la oposición en Miami, donde residen miles de exiliados desde 1959, tras la llegada del comunismo a la isla.
Cuba lleva más de cinco años sumida en una grave crisis económica con fuerte decrecimiento y elevada inflación, escasez de bienes básicos, prolongados apagones diarios, empobrecimiento generalizado y migración masiva. Las perspectivas de mejora a medio plazo son escasas.
La Habana, sin embargo, respondió elevando la narrativa belicista al afirmar que en la isla estaban “dispuestos” a dar sus vidas “hasta con la última gota de sangre”, tal y como aseguró el designado Díaz-Canel.
“A Cuba la vamos a defender. Quien nos conoce sabe que es un compromiso firme, categórico y demostrado”, subrayó el ministro cubano de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez.
Trump no se quedó a la zaga y en una entrevista señaló: "No creo que se pueda ejercer mucha más presión (sobre Cuba), salvo entrar y destruir el lugar”.
Petróleo
Tras la caída de Maduro, Washington cortó el suministro de petróleo venezolano a Cuba, que según estimaciones independientes suponía en torno al 30 % de las necesidades de la isla, con el objetivo de ahogar al país económica y políticamente.
“¡No habrá más petróleo ni dinero (de Venezuela) para Cuba! ¡Cero!”, exclamó Trump en sus redes sociales. Sin el apoyo de Caracas, argumentó el presidente estadounidense, la suerte estaba echada para el país caribeño.
“Cuba parece que está a punto de caer, se está hundiendo definitivamente. No sé cómo van a poder mantenerse, no tienen ingresos. Recibían todos sus ingresos de Venezuela, del petróleo venezolano”, dijo.
En respuesta, el canciller cubano escribió en redes sociales que su país tenía “derecho absoluto” a importar combustible de socios económicos sin presión estadounidense.
Negociación
Trump culminó una de sus amenazas en redes sociales a Cuba asegurando que es conveniente para las autoridades de la isla “llegar a un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”.
Después, a bordo del Air Force One, le comentó a periodistas que estaban “hablando con Cuba” y dejó entrever la apertura de algún tipo de acercamiento, pese al tono hostil del régimen de cara a la opinión pública.
También opinó que le “parecía bien” la idea de que Rubio tuviera un rol determinante en el futuro de la isla, en referencia a una publicación suya previa en redes sociales sobre el exsenador de Florida como presidente de Cuba.
Sin embargo, Díaz-Canel desmintió rápidamente que hubiese conversaciones. “Nadie nos dicta lo que hacemos”, subrayó el designado gobernante cubano, aunque dijo que se mantenía abierta la puerta para un diálogo “serio y responsable”.
Sin embargo, advirtió a Estados Unidos el viernes pasado de que bajo presión no habría entendimiento posible ni negociación bilateral, un tono destinado a los cubanos en la isla en medio de la escasez de alimentos producto de la severa crisis económica y los constantes apagones.
“No hay rendición ni claudicación posible, como tampoco ningún tipo de entendimiento sobre la base de la coerción o la intimidación. Cuba no tiene que hacer ninguna concesión política, ni eso jamás estará en una mesa de negociaciones para un entendimiento entre Cuba y Estados Unidos”, afirmó.
Este sábado, el Consejo Nacional de Defensa de Cuba actualizó el plan para declarar el estado de guerra, una decisión que, más allá de las consecuencias internas, mandaba de nuevo un mensaje al otro lado del estrecho de la Florida.
FUENTE: Con informaciòn de EFE