jueves 30  de  mayo 2024
ISRAEL

El espía estadounidense judío Jonatan Pollard sale de la cárcel tras 30 años

Encarcelado por vender información armamentística y de seguridad a Israel. El caso provocó una gran conmoción en EEUU, por el escándalo que suponía que un país socio al que se daba enorme apoyo militar y político tuviese un agente infiltrado

JERUSALÉN.-EFE

El espía estadounidense e israelí Jonathan Pollard, de 60 años, obtuvo su libertad tras pasar 30 años en una cárcel federal de Carolina del Norte (sur de EEUU) por vender información armamentística y de seguridad a Israel, confirmaron a Efe fuentes israelíes.

"Pollard ya ha salido de la cárcel", dijo a Efe Efi Yahav, presidente de la campaña para su liberación en Israel, una información que fue también confirmada a varios medios locales por su esposa, Esther Pollard, con la que se casó durante su estancia en prisión.

"Es un momento muy especial, estamos muy contentos de que esté fuera y pueda construir una vida y recibir el tratamiento médico que necesita", señaló a Efe un portavoz de su campaña, que añadió que "30 años es un periodo muy largo".

El portavoz, evitó pronunciarse sobre las condiciones de su liberación que, aseguraron, explicarán más adelante sus abogados en EEUU a través de un comunicado.

Según el diario israelí Haaretz, las condiciones de la libertad condicional anticipada (Pollard fue condenado a cadena perpetua pero en aquellas fechas la legislación permitía esta opción tras 30 años) le prohíben viajar a Israel, salir del área de Nueva York donde ha elegido vivir, conceder entrevistas e incluso utilizar internet.

Durante décadas, las autoridades israelíes han pedido a los sucesivos presidentes estadounidenses el indulto para Pollard, en los últimos años por motivos humanitarios, dado el deterioro de su salud, pero la Casa Blanca siempre lo ha rechazado, argumentando la gravedad de su falta, su falta de arrepentimiento y el riesgo para la seguridad del estado.

Pollard, al que Israel concedió la nacionalidad en los años 90, fue capturado el 21 de noviembre de 1985, cuando trataba de refugiarse junto a su entonces esposa, Anne Pollard, en la embajada israelí en Washington, donde los guardias de seguridad le rechazaron cuando llegó en coche a la entrada.

Trabajaba como analista de Inteligencia de la Marina estadounidense y en 1987, tras confesar, fue hallado culpable de vender durante 18 meses miles de documentos y fotografías satélite a Israel con información sobre capacidades balísticas y de seguridad de países de Oriente Medio, así como códigos secretos del cuerpo naval norteamericano.

El caso provocó una gran conmoción en EEUU, por el escándalo que suponía que un país socio al que se daba enorme apoyo militar y político tuviese un agente infiltrado y, también, generó un fuerte rechazo entre la comunidad judía estadounidense, que temió ver cuestionada su lealtad al país.

Todos los jefes de gobierno israelí desde Isaac Rabín (1992-1995) han tratado sin éxito de lograr su indulto, que llegó a ponerse encima de la mesa en el último minuto como condición indispensable para un acuerdo de paz con los palestinos auspiciado por el entonces presidente Bill Clinton en 1998, que finalmente no llegó a firmarse.

Espía, héroe en Israel y obstáculo en la relación con EEUU y la paz

Treinta años en prisión, ni un día menos, es lo que ha cumplido Jonathan Jay Pollard, el espía judío estadounidense convertido en héroe en Israel y cuyo encarcelamiento ha enturbiado durante décadas las relaciones bilaterales y ha llegado a frustrar acuerdos de paz.

Desde que Israel asumió públicamente que Pollard, de 60 años y puesto en libertad hoy, espió para sus servicios secretos, George Bush, Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama han rechazado las peticiones de indulto de todos los primeros ministros israelíes desde Isaac Rabin (1992-1995), así como del Tribunal de Justicia de Israel, políticos y decenas de iniciativas públicas y privadas.

En otoño de 1981, Pollard, de 27 años, analista de investigación de la Inteligencia de la Marina y con un paquete de información clasificada bajo el brazo, llamó a la puerta del hoy poderoso lobby judío en Washington AIPAC, para ofrecer sus servicios de espionaje.

La organización cogió su currículum y decidió ignorar la explosiva oferta de ese hombre nacido en Texas de padres judíos, que fue aceptada tres años más tarde por la Oficina de Enlace Científico del Ministerio de Asuntos Exteriores en Washington.

Once años antes había visitado por primera vez Israel, en un programa de verano de estudiantes tras el que se licenció en Ciencias Políticas en California.

El 21 de noviembre de 1985 fue detenido a las puertas de la embajada de Israel (donde llegó en coche con su entonces esposa Anne y los guardias le ordenaron que aparcase y regresase andando) por agentes del FBI, que le acusaron de vender por 45.000 dólares y durante 18 meses miles de documentos clasificados con información sobre programas de misiles de países en Oriente Medio.

El material incluía datos y fotografías satélite, información técnica sobre armas y movimientos de buques militares y códigos criptográficos de alerta estadounidenses.

En 1987, tras confesar, fue condenado a cadena perpetua, que según la legislación existente podía convertirse en prisión condicional anticipada tras treinta años que ha cumplido en la cárcel de máxima seguridad de Marion (Illinois) y una prisión federal en Carolina del Norte.

Anne, de la que se divorció poco después, fue condenada a cinco años por ayudarle, de los que pasó tres en prisión, antes de mudarse a Israel.

Pollard, judío, es el único ciudadano estadounidense que condenado de por vida en su país por espiar a favor de un país aliado y uno de los espías que más años ha cumplido tras las rejas.

El The New York Times lo describía en los noventa como un hombre "con una memoria prodigiosa, capaz de recordar sin problemas la información a la que tuvo acceso hace más de 15 años" y aseguraba que intentó pasar información secreta en 14 cartas escritas desde la cárcel.

"Es difícil para mí concebir un daño mayor a la seguridad nacional que el provocado por el acusado", declaró durante el juicio el entonces secretario de Defensa de EEUU, Caspar Weinberger, que dijo que la información revelada era "de importancia crítica y alta sensibilidad".

Diez años más tarde, el exdirector de la CIA James Woolsey explicó que se opuso al perdón porque la información vendida "era tan voluminosa y tan altamente clasificada" que requería una condena larga.

Clinton también arguyó que el condenado "nunca se arrepintió".

El caso desató una fuerte crisis bilateral a mediados de los ochenta, dado que EEUU era el principal aliado militar y político de Israel, y levantó una feroz crítica dentro de la comunidad judía estadounidense (de alrededor de cinco millones) por haber puesto en tela de juicio la lealtad con su país.

En los años noventa Israel reconoció que Pollard trabajó para sus servicios secretos, pidió disculpas por el "error" y comenzó a solicitar el indulto, que jamás logró.

En 1994, Pollard se casó en prisión con Elaine Zeitz, una profesora canadiense judía al frente de una de las muchas campañas para exigir su liberación, y un año después Israel le concedió la nacionalidad.

Durante décadas, no ha cejado su lucha legal para pedir la revocación de la cadena perpetua: ha tratado de retractarse de su confesión, alegado que recibió asesoramiento legal incompetente y presión de los fiscales y solicitado documentos secretos sobre su caso.

En 1998, la campaña gubernamental israelí para su liberación se hizo patente cuando el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Ariel Sharon, frustró el acuerdo de paz de Wye Plantation al imponer como condición indispensable la liberación de Pollard dos horas después de que la Casa Blanca anunciase que se había llegado a un pacto, que debían firmar Benjamín Netanyahu y Yaser Arafat.

En 2011, Netanyahu (que le ha visitado en prisión varias veces) hizo la primera petición pública de clemencia presidencial, en una carta en la que reconoció que "Israel actuó de forma errónea e inaceptable".

Hace un año, el posible indulto a Pollard se puso también sobre la mesa durante el fallido proceso de paz con los palestinos que impulsó el secretario de Estado estadounidense John Kerry.

Pero Washington ha rechazado siempre perdonar una traición que aún le duele y, aun ahora, ha limitado su libertad prohibiéndole usar internet, viajar a Israel y salir del área donde vivirá, en la región de Nueva York.

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