En numerosos libros sobre la tragedia de Dallas, [como suele identificarse el asesinato del presidente Kennedy] aparecen, envueltos en sombras, los exiliados cubanos. Según cierta tesis, estos estaban indignados con el Presidente por lo que calificaron su “traición” en Bahía de Cochinos, por lo que habían tomado parte en su ejecución. De acuerdo con algunos autores, habrían sido una de las patas de la conspiración (además de la CIA y la Mafia).

Miguel Fernández cree que los expedientes no aclaran suficientemente hasta qué punto los exiliados participaron en el presunto complot. “El que más se ha acercado a esclarecer el asunto es el exiliado Antonio Veciana, quien refiere incluso haber visto a su contacto en la CIA, David Atlee Phillips, alias Maurice Bishop, con Oswald en Dallas antes del asesinato”, apunta.

Amandi reitera este encuentro entre Veciana y Phillips. “Al ver imágenes de Oswald en la televisión, Veciana reconoció al hombre que había visto antes en Dallas. Además, Philips también tenía a su cargo monitorear el consulado de Cuba en México, que supuestamente Oswald visitó el 26 de septiembre 1963. Ese archivo, que tanto interés tiene para los historiadores, no salió a la luz”, indica.

También sostiene Amandi que la CIA estaba utilizando a grupos anticastristas para una operación de inteligencia con Oswald. “Este hizo intentos por ingresar al grupo Directorio Revolucionario Estudiantil, que estaba financiado y dirigido por la CIA, y monitoreaba sus actividades. Los oficiales encargados reportaron abundantemente sobre esos hechos. Lamentablemente, esos informes fueron retenidos”, señala.

¿Castro detrás del complot?

Por años tuvo cierto eco, sobre todo en Miami, la tesis de que fue Fidel Castro quien ordenó eliminar a Kennedy en respuesta a la serie de atentados de que había sido objeto. Un libro relativamente reciente del exanalista de la CIA, Brian Latell, Castro´s Secrets (Palgrave MacMillan, 2012, 2013), recibió amplia cobertura cuando se publicó. ¿Algún documento desclasificado confirma o refuta semejante tesis?

“La piedra angular del libro de Latell acaba de venirse abajo con la publicación de estos documentos, pues el testimonio clave de que Florentino Aspillaga, exagente de la Seguridad del Estado de Cuba, dice haber dado a la CIA en 1987 sobre el conocimiento previo que Castro tenía del magnicidio no aparece en ninguno de ellos ni tampoco en la lista de los que están por desclasificar”, señala Fernández.

Para Fernández, la tesis del complot cubano queda totalmente descartada. El analista, quien también comparte la opinión de que en Ciudad México estuvo un impostor, y no Oswald, concluye que ello indica que “otros, y no Castro, manejaban a Oswald”; a lo que se agrega la declaración de Aspillaga a la CIA: “Si esta no aparece en lo que se ha desclasificado, significa que no hubo tal declaración”.

¿Quiere saber más?

Es posible que, en lo adelante, más personas se asomen a estos archivos y, con más tiempo y recursos, puedan extraer otras conclusiones. Con todo, la mayor parte del público ignora lo que ya se torna archisabido y que está recogido por una larga bibliografía, mayormente en inglés, sobre el asesinato.

“Hay un libro que me ayudó mucho a comprender el tema. Se trata de The Last investigation, de Gaeton Fonzi. Este relata la participación en la conspiración de la Agencia Central de Inteligencia. La CIA nunca quiso que las preguntas se hicieran en voz alta. Y es precisamente esta organización la que persuadió al presidente Trump de retener los documentos. Pero, volviendo a esta obra, toda la evidencia acumulada hasta ahora, y que sigue creciendo, apunta a que fuimos testigos no ya del asesinato de un presidente sino de un verdadero Golpe de Estado”.

Fernández estima que hay mucho publicado, pero no todo es literatura seria. “La comunidad de estudiosos del asesinato de Kennedy ha generado libros de no ficción que son auténticos informes de investigación y no giran en torno a teoría conspirativas, sino a hechos que, inequívocamente, indican conspiración. Recomiendo los siguientes: JFK and the Unspeakable: Why He Died and Why It Matters, de James W. Douglass; The Last Investigation: What Insiders Know About the Assassination of JFK, by de Gaeton Fonzi, y Breach of Trust: How the Warren Commission Failed the Nation and Why, de Gerald McKnight.

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RECUADRO: LA INFORMACIÓN MÁS INTERESANTE

He aquí algunas de las “perlas” que, hasta ahora, han descubierto algunos analistas e investigadores, las cuales ya han sido ampliamente recogidas por los medios de prensa.

PARTICIPACION DE LA CIA

Uno de los documentos cita una declaración de 1975 del exdirector de la Agency, Richard Helms, ante la Comisión presidencial acerca de las actividades de la CIA. Le preguntaron a Helms si esta estaba involucrada en el atentado al Presidente.

“¿Hay alguna información relacionada con el asesinato del presidente Kennedy que demuestre que Lee Harvey Oswald era, de alguna manera, agente de la CIA?”.

El documento termina abruptamente y no aparece la respuesta de Helms.

UN AVISO CLAVE AL FBI

Según un informe, el director del FBI, J. Edgar Hoover, dijo que la oficina del Buró en Dallas recibió una llamada “de un hombre hablando con voz tranquila”, que se identificó como miembro de un comité para matar a Oswald. El FBI alertó en dos ocasiones al jefe de policía a fin de que reforzara la seguridad del detenido. Pero Jack Ruby, un gánster propietario de clubes nocturnos, se las arregló para matarlo.

PREOCUPACIÓN DE EDGAR E. HOOVER

Un memorando de Hoover, dos días después de los hechos, muestra su preocupación de que estos podrían generar dudas entre los estadounidenses. Por eso estaba muy interesado en “convencer al público de que Oswald es el verdadero asesino”. De esta manera el FBI podría eludir cualesquiera acusaciones de negligencia por no haber actuado de modo eficiente para evitar el homicidio.

UNA LLAMADA MISTERIOSA

Un documento recoge la llamada telefónica anónima que recibió un periódico británico, Cambridge News, adelantando una “gran noticia” en Estados Unidos, 25 minutos antes del asesinato. “Después de recibir la noticia de la muerte del presidente, el periodista informó a la policía local de la llamada anónima y la policía informó al MI5 (el servicio secreto británico)”.

LEE HARVEY OSWALD

Un mes antes de asesinato, la división del FBI en Dallas estaba localizando a Oswald por considerarlo persona de interés. Otros documentos relacionan el misterioso viaje de seis días que este hizo a Ciudad de México a fines de septiembre. La CIA y el FBI tuvieron conocimiento de la visita a las embajadas de la Unión Soviética y Cuba, así como de sus encuentros con agentes de inteligencia.

REACCIÓN DE LA UNION SOVIÉTICA

Poco después de la muerte de Kennedy, el propio J. Edgar Hoover redactó un memorando donde describía la reacción de las autoridades de la Unión Soviética:

“Los funcionarios del Partido Comunista (…) creen que hubo una conspiración bien organizada de la 'ultraderecha' (…) para llevar a cabo un 'golpe’ (…) Parecen convencidos de que el asesinato no fue obra de un hombre, sino que surgió de una campaña cuidadosamente planificada en la que varias personas desempeñaron un papel”.

PLANES PARA ASESINAR A FIDEL CASTRO

Un borrador del informe de Comité Selecto de la Cámara de Representantes sobre Asesinatos exculpa al gobierno de Fidel Castro de vinculaciones con los hechos de Dallas. “El Comité no cree que Castro haya asesinado al presidente Kennedy, porque semejante acto, si se descubriera, le hubiera otorgado a los Estados Unidos la excusa para destruir a Cuba. El riesgo no hubiera valido la pena”.

Otros informes recogen los intentos de la CIA por eliminar al gobernante cubano: pastillas envenenadas, bolígrafos tóxicos, traje de buceo contaminado, bomba en una concha de caracol, colaboración con la mafia. Asimismo, refieren que integrantes del exilio cubano fijaron la cuota de $100.000 para asesinar a Castro, $20,000 para eliminar a Ernesto “Che” Guevara y la misma cantidad para hacerlo con Raúl Castro.

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