MIAMI.- La capital de Estados Unidos y los capitolios estatales continúan incrementando su seguridad, a solo horas de la toma de posesión de Joe Biden, y aunque las autoridades aseguran que todo está “bajo control” no cesa el temor por manifestaciones violentas e incluso posibles hechos de complicidad desde las filas de vigilancia.

Bastaría ver las imágenes de Washington DC en las cercanías del Capitolio y la Casa Blanca, donde altas cercas, barricadas menores y camiones militares cortan el paso del tráfico y peatones.

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Atrás quedan las festividades por las tomas de posesión de nuevos mandatarios, cuando miles de estadounidenses acudían a la capital y celebraban a lo largo del inmenso paseo The National Mall, frente al Capitolio.

De hecho, hoy más de 25.000 miembros de la Guardia Nacional están desplegados en la capital, secundados por efectivos de policías regionales que asisten a sus compañeros en Washington DC.

De esta manera, continúan los preparativos para una toma de posesión que ya se prevenía sería atípica por el peligro de contagio que supone la pandemia de coronavirus y ahora se torna exclusiva, porque la población no podrá participar, por razones de seguridad.

El representante Steve Cohen, demócrata de Tennessee, sugirió de manera inquietante que partidarios del presidente Donald Trump dentro de la Guardia Nacional, que están encargados de ayudar a proteger a Biden, "podrían querer hacer algo" contra el presidente electo.

No obstante, el secretario del Ejército, Ryan McCarthy, manifestó a The Associated Press que las autoridades están conscientes de la posibilidad de amenaza y advirtió a los comandantes que estén alertas ante cualquier movimiento sospechoso dentro de las filas de militares.

Asimismo, todos los altos militares aseguran que no hay asomo de amenaza alguna y que tampoco ha aflorado alguna situación irregular.

“Continuamente estamos revisando el proceso, y echando un segundo y tercer vistazo a cada persona que forma parte de este operativo”, indicó McCarthy después de que él y otros líderes militares realizaron un ejercicio exhaustivo de seguridad de tres horas en preparación para la ceremonia de juramentación presidencial el miércoles 20 de enero.

En efecto, las elecciones presidenciales fueron validadas por el Colegio Electoral y el Congreso de la nación, pero hay quienes las ponen en duda y así lo hicieron denotar cuando asaltaron el Capitolio nacional el pasado 6 de enero, mientras los legisladores se disponían a certificarlas.

El viernes, el vicepresidente Mike Pence y quien será su sucesora, Kamala Harris, conversaron por teléfono. Aunque no se conocen detalles de la conversación, según The New York Times, Pence felicitó a Harris y le ofreció asistencia en un diálogo descrito como “cortés”.

Pence acudirá a la ceremonia de traspaso de mando, mientras el presidente saliente, Trump, viajará a Florida para instalarse en su residencia Mar-a-Lago, en Palm Beach.

FUENTE: Con información de AP
 

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