“Sin disciplina no hay éxito”, afirmó durante una entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS. La frase, breve y directa, resume una vida que hace seis años dio un giro que ni siquiera él había imaginado.
Suárez Espinosa combina sus responsabilidades militares y estudios universitarios con la atención diaria de su primer emprendimiento.
CARLOS ARMANDO CABRERA - DLA
Suárez Espinosa creció en Punta de la Sierra, una pequeña barriada pinareña que recuerda entre montañas, caballos y juegos en la calle después de las 4:00 de la tarde. Habla de una infancia alegre y de un niño inquieto que no se veía como militar ni cocinero. Mucho menos como propietario de un negocio en Estados Unidos.
En Cuba cursaba la carrera de Estomatología cuando surgió la posibilidad de marcharse. Describe la isla como un país sin libertad de expresión ni oportunidades para construir el porvenir que deseaba. Por eso considera que salir fue una de las mejores decisiones de su vida, aunque el cambio lo tomó por sorpresa.
“Yo nunca había salido de Cuba. Vengo de un barrio bien humilde de Pinar del Río y encontrarme aquí fue algo completamente nuevo. Entonces vi todo lo que uno puede llegar a lograr”, recordó.
Como les ocurre a muchos inmigrantes, empezar de cero no fue sencillo. Trabajó en una compañía de aviación, condujo para Uber durante las noches y continuó estudiando mientras trataba de dominar un idioma que se le resistía.
“Yo intenté primero con los Marines durante dos años. Después lo hice con el Army y pude firmar contrato”, relató. Pertenece a esa rama militar desde hace aproximadamente tres años.
Cuando comenzó esa etapa apenas hablaba inglés y tuvo que asistir a una escuela para aprenderlo. La experiencia le permitió conocer otros lugares, pero sobre todo descubrir que era capaz de dar más de lo que creía.
“Era una meta que me había trazado. Uno dice: ‘Lo voy a lograr’, y sigue hasta conseguirlo”, sostuvo.
La cocina apareció mucho después y sin aviso. El concepto de Algo de Italia comenzó a gestarse en Wynwood, donde una conversación con un amigo terminó convertida en una lluvia de ideas para abrir un food truck.
“Nos sentamos a crear la idea. Pensamos en dulces y en otros tipos de comida, hasta que llegamos a la pasta. Queríamos hacer algo diferente”, evocó.
Yosbani y Carlos preparan uno de los platos más vendidos dentro de la cocina del food truck.
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La propuesta terminó establecida en Hialeah, una ciudad que les ofrecía el ambiente que buscaban para desarrollar el proyecto. “Aquí es más calmado”, comentó Suárez Espinosa sobre la decisión. También observaron que en la zona abundaban las pizzerías, las parrillas y los negocios sobre ruedas con cartas mixtas, pero no conocían uno dedicado principalmente a la pasta.
Así nació Algo de Italia en el corazón de la ciudad que progresa, que lleva apenas cuatro meses de operaciones. Emprender, admitió, ha sido mucho más complejo que tener una buena idea o preparar un plato sabroso.
“Nadie te prepara para eso. Hay días en que no vendes y piensas que todo está saliendo mal, hasta que entiendes que es parte del camino”, aceptó.
El comienzo también tuvo su dosis de desastre. Su compañero sabía cocinar; él no se consideraba chef y debía aprender desde cero. La primera pasta que intentó preparar cuenta ahora entre risas, “cayó hasta en el techo”. Hubo ingredientes derramados, quemaduras y una certeza inesperada: detrás de aquel caos había descubierto una vocación.
“Me encanta cocinar. Siempre estoy pensando en una pasta nueva, en un sándwich o en probar otro queso. Todavía me quemo porque seguimos aprendiendo todos los días, y eso es lo bonito: tratar de superarse”, confesó.
El chicken Alfredo figura entre los platos más solicitados, junto con la pasta con camarones. Sin embargo, la propuesta que, a su juicio, mejor representa a Algo de Italia es el pesto con burrata: rotini al dente, pesto preparado al momento y una bola de burrata que corona el plato.
“Es sumamente fresco. Cuando lo comes, no te sientes lleno”, precisó sobre la preparación que considera distintiva del negocio.
Entre el calor de los fogones trabaja un ser humano que sirve en la defensa de EEUU, un universitario con tareas pendientes y un emprendedor que permanece en el negocio hasta el cierre.
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No basta con la receta. Suárez Espinosa quiere que cada cliente pueda decidir cómo prefiere la pasta, desde el punto de cocción hasta algunos detalles del sabor. Esa cercanía es, para él, una de las formas en que sus raíces cubanas y latinas se cuelan en una carta de inspiración italiana.
“Yo siempre digo: personaliza tu propia pasta. ¿Cómo la quieres? Puede que a una persona le guste al dente y a otra más suave. Tratamos de complacer a cada una”.
En el lugar suele escucharse cualquier tipo de música, pero predomina la salsa. Desde la ventanilla, el emprendedor saluda, conversa, recuerda pedidos y muestra el plato antes de entregarlo para comprobar que el cliente quede satisfecho. Rechaza la atención distante y apuesta por un trato familiar, sin poses.
“Esa sabrosura y esa sazón vienen con uno. Lo simple es hacerlo orgánico. Si te preocupas demasiado por lucir preparado, puedes perder tu esencia. Hay que hacerlo natural”, señaló.
Una clienta le confirmó hace poco que esa combinación comenzaba a dar frutos. Había agua acumulada en parte del estacionamiento y él se disculpó. La conversación derivó en los planes para colocar mesas y seguir mejorando el espacio. Ella lo reconoció por un video anterior en las redes sociales y, después de comer, escribió que aquella ‘era una de las pastas más sabrosas que había probado en Miami’.
“Cuando lees algo así, sientes que lo estás haciendo bien. Habrá opiniones buenas y malas porque todos tenemos gustos distintos, pero siempre tratamos de complacer a cada persona”, expresó.
Carlos Manuel frente a la ventanilla del establecimiento, mientras Yosbani atiende desde el interior.
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Los comentarios de los comensales adquieren otro peso cuando conocen la vida que transcurre al otro lado del mostrador. Entre el calor de los fogones trabaja un ser humano que sirve en la defensa de EEUU, un universitario con tareas pendientes y un emprendedor que permanece en el negocio hasta el cierre.
“Muchos ven el food truck, pero no saben que detrás hay un militar que se levanta a las 4:00 a.m., regresa y se mete aquí desde las 2:00 o las 3:00 de la tarde hasta las 11:00 de la noche. Tampoco saben que estoy estudiando”, contó.
También hay renuncias. Levantar su primer negocio le ha costado cumpleaños, encuentros con amigos y horas que antes dedicaba a su familia, al gimnasio o a la iglesia. Sus padres permanecen en Cuba. Aunque procura comunicarse con ellos casi a diario, reconoce que en las semanas más intensas una llamada puede quedar para después.
“El cariño es como una planta; eso tienes que cosecharlo”, reflexionó. Por eso, al terminar cada mes, revisa a quién dejó de llamar o qué relación necesita atender mejor. No siempre consigue el equilibrio, pero se obliga a intentarlo de nuevo.
Su agenda todavía reserva espacio para otra meta. Estudia Enfermería y se encuentra en la etapa final de esa formación, con la aspiración de continuar luego sus estudios de Medicina. Para organizar obligaciones que parecen incompatibles, vuelve al papel, al lápiz y a la distribución estricta de las horas.
“Si me preguntan cómo mezclo todo, respondo que con disciplina y constancia. Hay que planificar las horas”, resumió.
Esa capacidad de avanzar en varios frentes no le hace olvidar el punto de partida. Cuando escucha la palabra hispanidad, piensa primero en el orgullo de su origen. Se define como cubanoamericano, y expone su orgullo por esta nación, pero conserva intactos los recuerdos de Punta de la Sierra, las montañas de Viñales, los paseos a caballo y la vida sencilla de su infancia.
“Eso siempre va a estar conmigo y en mi corazón”, manifestó. Para él, mantener presente de dónde viene le permite conservar su esencia y vivirla con orgullo.
Para Suárez Espinosa, la identidad también se demuestra en la manera de recibir a quien llega, en la música que anima el lugar y en la comunidad que respalda al recién llegado. Cree que los hispanos encuentran obstáculos al emprender, entre ellos el idioma, la falta de experiencia y el desconocimiento del mercado, pero se niega a considerarlos insuperables.
“Si no sabes inglés, aprendes. Si no sabes cocinar, aprendes. Nadie nació sabiendo”, planteó. “Busca el apoyo de tu familia, de tus amigos y de tu comunidad, pero demuéstrales también que te estás esforzando y que vale la pena apoyarte”.
El miedo, a su juicio, acompaña a quien decide comenzar, pero no debe convertirse en freno. “Van a venir momentos duros y vas a caer. Tienes que levantarte, ser constante y no apartarte de la meta que te trazaste”, aconsejó.
Algo de Italia funciona con dos personas: Carlos y su ayudante Yosbani. Durante las horas en que Suárez Espinosa cumple con sus responsabilidades militares o estudia, Yosbani asume buena parte de la operación. Ambos ya comenzaron a atender eventos y contemplan abrir otro food truck. Los mensajes de clientes han puesto sobre la mesa nuevos puntos en Kendall, Doral y West Palm Beach.
Quienes deseen conocer la propuesta pueden visitar Algo de Italia en 805 Palm Ave., en Hialeah. Entre las opciones del menú figuran el pesto con burrata, el chicken Alfredo y la preparación con camarones, además de combinaciones adaptadas al gusto de cada cliente. También hay sandwiches.
Carlos Manuel Suárez Espinosa, propietario de Algo de Italia.
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Carlos Manuel Suárez Espinosa procura no correr demasiado. Prefiere celebrar cada pequeño avance: el día en que pudo instalar las mesas, la incorporación de un plato, un nuevo seguidor en las redes o el regreso de un cliente. Sabe que podrá crear otros negocios, pero nunca volverá a ser primerizo.
“Nos estresamos tanto que no disfrutamos el proceso. Esta primera vez no vuelve a pasar”, concluyó.
Si pudiera conversar con el joven que llegó de Cuba, trabajaba de día, manejaba por las noches y se frustraba porque el inglés no avanzaba, no le revelaría el futuro. Solo trataría de calmarlo.
“Le diría: ‘Campeón, no te apures, que lo tuyo viene. Empieza a trabajar en ti. Trabaja, trabaja, trabaja y ten fe en Dios’”.
Es el consejo que ahora ofrece desde la ventanilla de un negocio sobre ruedas que nunca pensó abrir, con el uniforme cerca, los libros esperando y el sartén puesto sobre la estufa con otra orden de pasta por preparar y que si usted está por Miami o las zonas aledañas no se puede perder.