CARLOS ALBERTO MONTANER

El Dr. Eduardo Padrón se jubila. Es el presidente del Miami Dade College. Tiene 75 años y merece ese descanso, aunque sospecho que continuará batallando enérgicamente por las causas en las que cree. En la tradición protocolar hispana suele llamarse “Rector Magnífico” a quienes dirigen una alta casa de estudios. Eso ha sido Padrón: un rector magnífico.

Desde 1995 Padrón ha presidido el Miami Dade College. Supongo que no hay muchos presidentes de universidades que hayan desempeñado su cargo durante tanto tiempo: nada menos que 24 años. (El Dr. Modesto Maidique, otro extraordinario educador de origen cubano, fungió como presidente de Florida International University por 22 años (1986-2008). Todo un récord).

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<p>Eduardo Padrón durante un evento culinario del Miami Dade College, en la década de los 80. </p>

Eduardo Padrón durante un evento culinario del Miami Dade College, en la década de los 80.

Ese tipo de instituciones grandes, especialmente las públicas, no están exentas de emboscadas y zancadillas. Sobrevivir casi un cuarto de siglo en esa posición refleja lo que en Estados Unidos llaman people skills: empatía, capacidad para escuchar y comunicar, don de mando y el resto de las virtudes que poseen ciertos líderes. Donde hay seres humanos muy diversos, posiciones encontradas y libertad de expresión, inevitablemente surgen los conflictos. Pero no debemos quejarnos: ésa es la fortuna de la sociedad estadounidense. Las instituciones están sujetas a las presiones y los encontronazos de las personas que las operan. Quienes las dirigen están sometidos a reglas y a la vigilancia constante de los “grupos de control”.

En las universidades el grupo de control “oficial” se llama Board of Trustees, usualmente integrados por ciudadanos eminentes, pero hay otros: el senado académico, la prensa, los ciudadanos independientes, los sindicatos, y, de un tiempo a esta parte, las peligrosas redes sociales, una especie de confuso patio de vecinos donde se puede decir casi cualquier cosa.

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<p>La cercanía con los estudiantes es una de las marcas de su liderazgo. </p>

La cercanía con los estudiantes es una de las marcas de su liderazgo.

Es como si el viejo dictum ruso, “confía, pero verifica”, que le gustaba citar a Ronald Reagan, hubiera calado muy hondo en la sociedad norteamericana. Al fin y al cabo, este es el país del check and balance. Cada ciudadano dotado de autoridad cuenta con una poderosa fuerza vigilante para que no se extralimite.

En el caso del Dr. Padrón es extraordinaria la evaluación que de él se ha hecho a lo largo de los años: comenzó con su selección para presidir el humilde Miami-Dade Community College -como se llamaba entonces-, y culmina con la entrega de la Medalla Presidencial de la Libertad por parte del presidente Barack Obama en el 2016. Poca gente sabe que el antecedente directo de ese college público surgió en 1959 como una institución racialmente segregada. Su historia, la del MDC, en cierto modo, encapsula la de una nación reformista que hace cambios revolucionarios sin apartarse de la ley.

En el momento en que Padrón recibe el mayor galardón del país de manos de un presidente afroamericano, dirigía uno de los mayores colleges públicos de Estados Unidos, racialmente integrado, con blancos, negros, mestizos e hispanos de todos los matices posibles: más de 165,000 estudiantes, como corresponde al sur de Florida, una zona muy compleja y variada.

Fue muy oportuno que el Dr. Padrón tuviera el mismo origen que un porcentaje notable de los estudiantes que acuden al MDC. En 1961, a los 15 años, había escapado de Cuba dentro de la Operación Pedro Pan. Sabía lo duro que era enfrentarse a una sociedad diferente, a un lenguaje absolutamente desconocido y carecer totalmente de dinero, raíces o redes de apoyo.

Aquí terminó el high school y, a base de ser buen estudiante, consiguió graduarse con honores de Doctor en Economía por una notable universidad pública del norte de Florida. Cuando estaba a punto de aceptar un trabajo en una prestigiosa multinacional, prefirió integrarse como docente en la institución, entonces muy precaria, que lo había encaminado tras terminar la secundaria.

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<p>Ante un acto universitario durante la década de los años 1980. </p>

Ante un acto universitario durante la década de los años 1980.

¿Qué es lo que ha hecho excepcional el paso de Eduardo Padrón por la presidencia del MDC? A mi juicio, darse cuenta del tipo de institución que hacía falta en el sur de Florida. Era necesaria una universidad que recogiera a miles de estudiantes latinoamericanos sin recursos, o hijos de latinoamericanos que habían huido de sus fallidos países.

Era importante que no se sintieran extraños en el college que les abría los brazos. Que la institución tuviera las características y peculiaridades del mundo norteamericano, con una amplia presencia de las etnias blanca, negra e hispana, pero con un doble balcón a la calle: los países de donde procedían los estudiantes y la propia ciudad de Miami, tan plural, bilingüe y bicultural, tan diferente, al menos por ahora, al resto de Estados Unidos.

Esos objetivos los ha consolidado el MDC bajo la presidencia de Padrón. El MDC es único en el mundo académico estadounidense. Por una parte, consiguió dotar a los estudiantes de Miami de una universidad práctica, con unos edificios estupendos, regada por toda la extensa geografía de la ciudad, a precio muy asequible, con buenos profesores, en la que obtienen los conocimientos que necesitan para ganarse la vida dignamente y conquistar su “sueño americano”. Por la otra, la institución mantiene sus salones abiertos a las actividades “extracurriculares” que tienen que ver, básicamente, con la defensa de los Derechos Humanos y las denuncias a las dictaduras de donde proceden muchos de los estudiantes.

Los vínculos del MDC con la ciudad, la nación, y el resto del mundo tienen que ver con la cultura y el entretenimiento, dos de los aspectos fundamentales de Estados Unidos. Son ellos: el Miami Book Fair, bilingüe y bicultural, el Miami Film Festival, asentado, primordialmente, en el Tower Theatre de la Calle Ocho, una dependencia directa del MDC, y el Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, que gana fama, adeptos y aceptación con cada entrega anual que se produce.

Existe una excelente campaña publicitaria que descansa en los logros de los estudiantes graduados en el MDC: Yo soy MDC. Por ahí, con sus fotos, y una breve descripción de sus cargos, desfilan cientos de personas prominentes que han llegado a ser embajadores, congresistas estatales y federales, jueces, destacados abogados, médicos, académicos, reconocidos banqueros, y un largo etcétera. Esa es la mejor manera de explicar el éxito del MDC. “Por sus frutos los conoceréis”, dice el evangelista Mateo. Sólo falta agregar la foto y la leyenda del Dr. Eduardo Padrón: el Rector Magnífico del MDC durante 24 años.

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