MIAMI.- Las chimeneas de miles de laboratorios del mundo no dejan de echar humo. La carrera por inventar la cura milagrosa o la vacuna para liquidar la pandemia provocada por el virus COVID-19 que ha ocasionado la muerte a casi 700.000 seres humanos en todo el planeta es cada vez más desesperada.

Cuando visualizamos a esos científicos estrujando sus neuronas en pos de una solución, ignoramos que un latino esté a punto de producir la fumata blanca: “Habemus medicamento”.

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Pues sí, el doctor Carlos Alberto Riveros, clínico graduado en la Universidad de Cartagena, Colombia, que tiene su consulta en Coral Gables, está a punto de comenzar las fases 1 y 2 para el desarrollo de un fármaco que podría detener la replicación viral del SARS-COV-2. Dicho en otras palabras, un medicamento que evitaría la reproducción del virus en nuestro organismo. Y por tanto, el contagio.

Antes de que usted salga a la calle sin máscara a festejar, espere que se lo cuente el propio investigador.

-¿En qué consiste su proyecto?

Sabemos que una de las mayores dificultades para controlar este virus es que tiene una especial propensión para contagiarse y trasmitirse de persona a persona. Aunque el SARS-COV-2 es muy parecido al SARS-COV de 2008, el virus actual ha sufrido un cambio en una secuencia de proteína, en la proteína S. Dicho cribaje genético lo hace más propenso a fijarse al receptor ACE2, muy abundante en las vías respiratorias bajas y escaso en las altas [cavidad nasal, faringe y laringe].

Aun cuando el anterior SARS-COV producía el mismo daño que el actual, ya que mataba por problemas en los pulmones y por problemas de coagulación, no logró convertirse en pandemia porque no se trasmitía tan fácilmente. Necesitaba llegar a las vías respiratorias bajas [cercanas al pulmón], donde hay mayor abundancia del receptor ACE2, para poder actuar.

La avidez del actual SARS-COV-2 permite que se fije en los pocos receptores ACE2 que existen en la vías respiratorias altas. Allí inhibe la defensa inicial de la célula y comienza a replicarse. Es decir, a producir más y más virus y a contagiar a otras células. Es por eso que se transmite tan fácilmente.

Del otro lado de la ecuación, está la existencia de sustancias que pueden producir la inhibición, retardo o anulación de la replicación viral. Nosotros encontramos una combinación de estas sustancias para inhibir el virus. Algo que se ha demostrado posible en un 98% en pruebas in vitro.

El reto de nuestro proyecto es encontrar el método de transportar dichas sustancias a donde se produce la replicación viral y que allí, reproduzcan las mismas condiciones que se encontraron in vitro.

Nadie en el mundo ha abordado la solución desde este ángulo.

Hace muy poco, comenzó un proyecto parecido en Japón, pero nosotros llevamos tres meses de adelanto.

Hay médicos que han utilizado medicamentos, aprobados por FDA, muy efectivos in vitro contra la replicación del virus. Como es el caso de la Ivermectina, pero cuando la suministran al paciente, no funciona. En teoría, nosotros hemos encontrado la forma, aunque, por responsabilidad científica, aun no puedo compartir los detalles.

-¿Cuándo comienza a llevarse a cabo el estudio?

Ahora mismo, nos encontramos en la primera de tres fases, organizando la parte logística con la Universidad Simón Bolivar en Barranquilla, Colombia.

Estamos recolectando algunos fondos necesarios. Planificamos hacer 240 tests y cada uno puede valer unos $250. Tenemos que adquirir los medicamentos en diferentes lugares del mundo y llevarlos a Colombia. Además, estamos solicitando los permisos del IVIMA, Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos de Colombia. A más tardar, en un mes nos ponemos en marcha.

En la fase 2, someteremos a un número determinado de pacientes a nuestro medicamento. Además del test de COVID positivo, necesitamos hacerles un test de carga viral, que es tecnológicamente mucho más complejo.

Este ensayo clínico será randomizado y doble ciego. Es decir, las personas que van a recibir el tratamiento de forma aleatoria, no sabrán si les administramos un fármaco o un placebo. Todos los participantes estarán marcados por códigos y nosotros tampoco sabremos quién recibió qué.

Al finalizar las fase 1 y 2, veremos las historias clínicas de cada cual y cómo ha disminuido la carga viral tras el tratamiento para concluir si el resultado del estudio es positivo.

Este trabajo puede demorar unos tres meses. Después, publicaremos los resultados para todo el mundo. Estamos casi seguros de que la FDA (Food and Drug Administration) nos aprobará y podríamos hacer la fase 3 aquí en EEUU.

De todas formas, continuaremos en Colombia ya que tengo gran interés en llegar hasta el final.

-¿Qué se logra con todo esto?

Si comprobamos su efectividad, tendríamos un fármaco que puede disminuir la carga viral, la temible arma del SARS-COV-2. A partir de entonces podríamos viajar, trabajar y quedar con amigos sin temor.

Si, como prevemos, el fármaco tiene pocos efectos secundarios, podría servir como profiláctico. Por ejemplo, si un joven quiere asistir a un concierto abarrotado de gente, se toma el medicamento antes de salir. Aunque lleve la mascarilla, que se tendrá que usar hasta que se descubra la vacuna, si esta falla, estará protegido por nuestro medicamento.

No es un fármaco para curar al paciente que está grave con neumonía, en ese momento ya no sirve. Es para aquella persona que sospecha que puede estar contagiado y quiere evitar la replicación del virus.

-¿Por qué Colombia?

En EEUU hay una barrera que no puedo propasar. Yo no pertenezco al medio universitario. A pesar de que estuve mucho tiempo involucrado en la enseñanza, tanto aquí como en Colombia, actualmente soy un médico privado. Nadie me rechaza, pero no me es fácil acceder a esos centros.

Por otra parte, aquí existe una regla, que si investigas en una universidad, ellos son dueños de la idea. Mi temor es que otros investigadores cambien la esencia de mi proyecto. Yo creo en lo que estoy haciendo y tengo los fundamentos para creer.

-Una anécdota necesaria

Cuando era residente en Colombia, allá por el año 1996, se me ocurrió que sería bueno crear un medicamento para abrir los canales de glucosa que hay en los riñones y de esa forma mejorar un tratamiento para la diabetes. El profesor endocrinólogo del hospital donde trabajaba me ridiculizó delante de mis colegas, al aseverar que lo que yo pretendía era matar a los pacientes. Me convenció de que era una mala idea. Diez años después, ya aquí en EEUU, me quedé frío cuando un visitador médico vino a mi consulta a presentarme un novedoso medicamento que abría los canales de glucosa de los riñones.

Esta vez no permitiré que nadie me haga desistir de mi idea.

A la pregunta de si tiene ya nombre para el futuro fármaco, Riveros contestó:

Me gustaría que suene a esperanza, que inspire, que transmita una visión positiva a la humanidad. Un nombre que demuestre lo que somos capaces de vencer.

cmenendez@diarilasamericas.com
@menendezpryce

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