MIAMI.- La cuarta cirugía de corazón abierto que deberá afrontar Keira, una niña de tres años, inició una carrera contra el tiempo para que su padre, el cubano Deivy Alemán Oropesa, obtenga una autorización humanitaria y pueda reunirse con ella en Estados Unidos antes del procedimiento.
Alemán se autodeportó en septiembre de 2025 después de que el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) le ordenara abandonar el país o enfrentar una detención. Más de un año después, continúa en la isla mientras Yisel Miguel Sarduy y la menor permanecen en territorio estadounidense.
En un video difundido en redes sociales, el hombre solicitó la intervención de congresistas o senadores para acelerar su caso. Como alternativa, busca un parole humanitario por uno o dos meses que le permita estar al lado de la pequeña durante la hospitalización.
“Lo que quisiera es estar con ella en su próxima cirugía para darle mi apoyo”, expresó.
Keira nació con ausencia de la válvula tricúspide, una cardiopatía congénita que ha requerido varias operaciones desde sus primeros meses de vida. La primera la mantuvo internada durante dos meses en estado crítico, mientras la tercera fue realizada con éxito en el Johns Hopkins All Children’s Hospital de Florida.
Los preparativos médicos para la nueva etapa estaban previstos para comenzar en octubre. De acuerdo con la pareja, la edad de la niña añade otra preocupación porque ahora comprende mejor lo que sucede y puede experimentar con mayor intensidad el temor relacionado con el ingreso al quirófano.
A la distancia, Alemán reconoció la angustia que le provoca mantenerse alejado en un momento decisivo para la salud de su hija. También se refirió a las consecuencias económicas de la separación, debido a que Sarduy ha debido asumir sola buena parte de las responsabilidades del hogar.
Ella y Keira son ciudadanas estadounidenses y han viajado ocasionalmente a Cuba para visitarlo. Sin embargo, esos encuentros dependen de sus posibilidades económicas y no sustituyen la compañía cotidiana del progenitor ni el respaldo que esperan durante la recuperación.
El núcleo familiar no reclama que Alemán pueda establecerse definitivamente en Estados Unidos de manera inmediata. Su prioridad es que permanezca junto a la menor durante el tratamiento y se traslade después a la isla si todavía debe aguardar allí la resolución del caso.
El origen de esta historia se remonta a septiembre de 2025. Deivy había vivido cerca de siete años en Orlando bajo una orden de supervisión I-220B, vinculada a una decisión final de deportación. Según Sarduy, no tenía antecedentes penales ni infracciones de tránsito.
Tras acudir a una cita con ICE, recibió la indicación de marcharse para evitar que fuera puesto bajo custodia. Eligió salir voluntariamente con la esperanza de continuar desde territorio cubano la gestión iniciada por su pareja.
La ciudadana estadounidense había presentado ante el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS) una petición I-130 más de un año antes. Cuatro días después de conocer la disposición de las autoridades, los tres se despidieron en el Aeropuerto Internacional de Miami sin saber cuándo volverían a reunirse.
USCIS autorizó posteriormente que el expediente fuera procesado de manera acelerada. Ese avance, sin embargo, no equivale a la aprobación de una visa, tampoco concede permiso de entrada ni determina cuándo podrá entrar nuevamente al país.
El cubano decidió cumplir las disposiciones migratorias con la expectativa de volver por una vía regular. Durante este periodo, Sarduy y Keira han podido verlo en algunas ocasiones, pero la distancia ha impedido que participe directamente en los cuidados de la pequeña y en el sostenimiento diario de la casa.
Los allegados no exigen que su residencia permanente sea resuelta de inmediato. Buscan una solución provisional para que esté presente durante el delicado momento.
Sarduy aclaró que no tienen inconveniente en que Alemán se traslade otra vez a la isla una vez que Keira se recupere si todavía debe esperar allí la respuesta sobre su situación. A su entender, contar con ambos en el hospital resulta esencial para la estabilidad emocional de la menor.
“Póngase un segundo en mi lugar”, pidió al describir la dificultad de afrontar nuevamente una situación de esta magnitud con Deivy lejos.
Mientras la solicitud avanza sin una fecha definida, el cronograma hospitalario de Keira continúa corriendo. Su cuarto ingreso al quirófano se aproxima y la pareja aún desconoce si podrá permanecer unida durante ese momento.