Hollywood.- La última vez que lavó sus manos, es un recuerdo inexistente en la memoria de Bobby. Lo hacía alguna vez en la semana, pero desde que cerraron las puertas los restaurantes de comida rápida, su vida se ha complicado porque no tiene un hogar.

La propagación del coronavirus por el Sur de la Florida a una velocidad alarmante, obligó a las autoridades de los condados de Broward y Miami-Dade a limitar la permanencia en bares y restaurantes temerosos de que la pandemia siga diseminándose.

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Ahora los cerca de 41.000 restaurantes y bares en el estado han cerrado sus puertas, un golpe contundente para un sector donde cada dólar gastado en el segmento de servicio de mesa contribuye a 2.04 dólares de la economía estatal.

A las afueras de un McDonald en la ciudad de Hollywood, en el condado de Broward, los comensales hacen filas en sus carros para comprar hamburguesa ante la prohibición de consumir en el restaurante. Bobby observa atónito la fila de vehículos, más inusual que otros días, mientras alza la vista sobre las ventanas, a la espera de que alguien le llame ofreciendo dinero.

Y es que hasta las ayudas con un par de monedas o “un simple dólar” se están haciendo difíciles por estos días de incertidumbres para los floridanos y en general para América.

A diario este restaurante de comida rápida recibe al menos una decena de homeless de los alrededores de Hollywood que desde las seis de la mañana toman una mesa y convierten ese cuadricular espacio en su hogar. Allí permanecerán a lo largo del día, hasta que marque las once de la noche el reloj, llegue el cierre y deban partir.

La mayoría de las cadenas de comida rápida cuentan con instalaciones limpias, modernas, dotadas de internet, baños y hasta recarga de sodas ilimitadas, convirtiéndose estos lugares en un refugio para cientos de mendigos. A esto se suma el impacto de los menús de comida a un dólar por el que muchas personas sin hogar o sin fondos sustanciales pueden sobrevivir durante el día.

Bobby ha escuchado de la epidemia del coronavirus que golpea a Estados Unidos y su grado de fatalidad si alguien la contrae, pero reconoce su propia indefensión, consciente de que, al vivir en la calle, donde duerme, come o con quienes convive, son potenciales agentes transmisores.

“Si esto sigue así de mal, con los restaurantes cerrados, sin un lugar donde estar en el día, miles de nosotros vamos a enfermar, yo lo sé, lo sé. Es duro”, se lamenta este hombre de 44 años cuyo porte robusto y blanquísima piel irritada por el sol, lo asemeja a un marine caído en desgracia.

La pandemia del coronavirus tiene tantas facetas que no hay nadie que escape de su impacto, y en el Sur de la Florida, donde los servicios, el turismo y las playas son el pulmón del estado, los daños se están sintiendo desde mucho antes de que los primeros casos se reportaran en el país.

Incluso impregnado por el irrebatible olor de las papas fritas de McDonald, las manos de Robert se muestran marrones por la suciedad y las huellas que la nicotina ha dejado en su piel con los años. Como Bobby, él es otro homeless que, desde hace dos años, peregrina a diario a este restaurante para comer, recargar de electricidad sus equipos o hacer sus necesidades.

Robert pocas veces habla, consumido por la música de sus altavoces, y mientras lanza maldiciones al ritmo de Heard It On The X de la banda texana ZZ Top, escupe sus manos para lubricar sus aplausos cual fiesta psicodélica de rock es un templo de propagación para el coronavirus y mil plagas más.

“A él, a mí, y a todos los chicos nos preocupa lo que está pasando, de verdad. Sin este lugar abierto, así como otros locales donde poder comer o lavarnos las manos, las cosas van a ser más difíciles”, se lamenta Bobby, quien todas las noches duerme en un sofá a la intemperie cerca de un contenedor de basura de Walmart.

Florida tenía hasta 2019 un estimado de 28.328 personas sin hogar, según datos colectados por el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano (HUD). De ese total, 2.171 procedían de hogares familiares; 2.472 eran veteranos; 1.450 adultos jóvenes no acompañados (de 18 a 24 años) y 5.729 eran personas que experimentaban falta de hogar crónica.

En un Burger King de Davie, también en el condado de Broward, los empleados estaban acostumbrados a ver a Mrs. Mary --como creen que se llama-- entrar con sus bolsas plásticas y un pequeño carrito de supermercados repleto de objetos inservibles.

Con su cabello cenizo y siempre cubierta de abrigos a pesar del estío floridano, en estos días la recuerdan como una adicta a las tazas de café que compraba a dólar y medio para refugiarse a lo largo del día en el restaurant de hamburguesas, pero con el cierre al público ha tenido que marcharse.

“No los puedo dejar entrar porque es la norma que tenemos en este momento, sé que para muchos (homeless) este es, a veces, su único hogar, pero tenemos que cuidarnos”, dice la encargada de un McDonald’s ubicado en el condado de Broward.

El HUD informó que hasta 2019 unas 567.715 personas estaban sin hogar en Estados Unidos, 176.600 eran de origen hispano. Florida es tercer estado del país, detrás de California y Nueva York, con el mayor número de personas sin techo, 38 y 46 por cada 10.000 habitantes, respectivamente.

En estos momentos las organizaciones caritativas y encargadas de combatir la falta de alimentos y de hogar en Florida han encendido sus alarmas por las consecuencias en la economía que ya se están viendo por la pandemia del coronavirus.

Feeding South Florida, el mayor banco de alimentos de la Florida que sirve a los condados de Palm Beach, Broward, Miami-Dade y Monroe, está ofreciendo ayuda a las personas afectadas a la hora de adquirir alimentos debido a la falta de trabajo por esta crisis. Y como ellos, diversas organizaciones de asistencia reconocen que la crisis económica que está por venir puede ser aún mayor que en años anteriores.

Los científicos han determinado que el coronavirus es mucho más peligroso para los adultos mayores de 65 años o con enfermedades preexistentes como hipertensión y diabetes, una situación que preocupa a las organizaciones de veteranos sin hogar y el conjunto de ciudadanos desamparados en las calles.

Las personas sin hogar tienen tasas de infecciones respiratorias mucho mayores que en la población general, indicó un estudio publicado en julio de 2019 escrito por el Dr. Jim Boonyaratanakornkit, investigador principal de la Universidad de Washington, junto otros médicos expertos en enfermedades pulmonares.

Solo en la ciudad de Nueva York el número de adultos mayores de 65 años sin hogar crecerá de 2.600 en 2017 a 6.900 en 2030, una cifra que asoma el riesgo potencial de este sector de la población en una de las ciudades más habitadas del país y el mundo.

“Yo tengo amigos muy viejos, hombre, muy viejos, y uno en la calle ve las cosas duras, aquí nadie te ayuda y con este mal ahora, será una mierda”, dijo Bobby al filo de la media noche del viernes mientras una hilera de carros casi desborda el drive thru a la sombra de un luminoso cartel “Welcome to McDonald”.

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@franchuterias

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