Transcurridas algo más de cinco décadas, los gobiernos de EEUU y Cuba vuelven a restablecer sus relaciones diplomáticas.
La noticia del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y apertura de las embajadas, trascendió mundialmente y en general fue recibida de manera satisfactoria.
Transcurridas algo más de cinco décadas, los gobiernos de EEUU y Cuba vuelven a restablecer sus relaciones diplomáticas.
Evidentemente ha sido una larga y ardua labor realizada entre las autoridades de los dos países, sorteando diferencias y acercándose más a las identificaciones.
La noticia del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y apertura de las embajadas, trascendió mundialmente y en general fue recibida de manera satisfactoria.
Igualmente tuvo impacto positivo para los pueblos norteamericano y cubano, pues les posibilitará un mayor acercamiento y cooperación en sus respectivos intereses.
El reflejo internacional en los gobiernos, medios y personalidades, así como las encuestas realizadas dentro de los EEUU, pusieron de manifiesto un mayoritario apoyo a las decisiones tomadas por los gobernantes de ambos países.
Ha resultado suficientemente absurdo que dos naciones y pueblos con geografías tan cercanas, con coincidencias y diferencias como sucede en todo el mundo, pero con importantes relaciones de siglos y confluencias históricas, se distanciaran y vieran afectadas sin haber acudido antes al dialogo y las negociaciones.
Será necesario repasar los acontecimientos del diferendo cubano-americano, aunque sea una sensible y compleja tarea política, pero si se realiza con rigor y apego a la verdad histórica, se hará más comprensible y negociable entre las partes. Porque resulta claro, que celosamente se guarda el inventario de acontecimientos, de desacuerdos y confrontaciones, que se produjeron a ambas orillas del estrecho de la Florida.
Lo novedoso en las nuevas relaciones diplomáticas, es que estas se retoman cuando la Cuba del 2015 posee una estructura económica y una superestructura político/jurídica, bien diferente a las de las primeras cinco décadas del período republicano; aunque hoy en proceso de cambios con relación a su anterior etapa.
Las notas oficiales intercambiadas entre los jefes de Estado, dejan constancia de las diferencias políticas, pero manifiestan el deseo por desarrollar relaciones amistosas y de cooperación entre los dos países. Ello es lo fundamental aunque tampoco es atípico.
En buena lectura las notas de los Presidentes implican, un camino de coexistencia y respeto ante las diferencias, lo que marca un significativo cambio de aquí en adelante en las relaciones a sostener entre los dos países.
Las notas intercambiadas hacen referencia a los principios que rigen las relaciones entre los Estados y los acuerdos de la Convención de Viena.
Se conoce que esos principios obligan a los gobiernos, a ser celosos cumplidores de los propósitos de la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional; compromisos establecidos para que se garanticen relaciones respetuosas, pacíficas y fructíferas entre las naciones.
Entre otros de esos principios se encuentran, el respetar la soberanía de las naciones, la no intervención en los asuntos internos, la integralidad territorial e independencia política, la autodeterminación de los pueblos y las libertades y derechos humanos.
Para las autoridades norteamericanas y el gobierno cubano, el regirse por los principios fundamentales del derecho internacional; los obligará a encontrar solución a las situaciones conflictivas heredadas, porque obstaculizan la decisión de normalizar las mismas.
Es una cuestión imprescindible para llevar a buen puerto el camino emprendido.
La administración norteamericana, su Congreso y otras instituciones, deberán eliminar las normas jurídicas hostiles a los intereses del Gobierno y pueblo cubano, el apoyo económico/financiero que fomenta oposición y disidencia dentro del país (incluye las campañas que se realizan en medios masivos que son subsidiadas gubernamentalmente, contra las autoridades y el sistema cubano).
También se debe considerar la devolución del territorio cubano donde se encuentra instalada la Base Naval de Guantánamo.
A su vez el pequeño archipiélago caribeño, deberá como viene intentando, reformar no sólo la economía, descentralizándola más y ofreciéndoles mayores espacios a los llamados sectores emergentes (privado y cooperativo); sino también a sus marcos institucionales, jurídicos y políticos; ajustándolos a las transformaciones de su actual proceso de reformas económicas.
E igualmente considerar la necesidad de robustecer la democracia, los derechos ciudadanos y las libertades individuales; otorgando posibilidades políticas a cualquier sector de la sociedad que desee estar representado en el Parlamento del país, cualquiera sea el peso cuantitativo que posea y sus posiciones políticas.
Los argumentos que aparecen en las notas de ambos gobiernos, permiten inferir sin pretender lastimar a ninguna de las partes, que detrás de ellos se esconden las cuestiones señaladas.
Pero como también se habla de un proceso de normalización de relaciones, se puede considerar, que a partir de ahora se revisarán, con mente fría y corazón abierto, los diversos factores en que se vieron afectadas las partes y no sólo las institucionales, sino también las de la ciudadanía.
Paciencia y tiempo, serán necesarias para sanar heridas, las que son imprescindibles para curarse en salud.
Atrás deberán quedar los viejos enfrentamientos políticos, resentimientos, juicios o prejuicios, que enturbien la marcha y desenvolvimiento de las relaciones entre los dos países.