Walter Kendall Myers, el exfuncionario del Departamento de Estado de Estados Unidos, arrestado y condenado a cadena perpetua en 2009 por espiar para el régimen de La Habana durante 30 años, murió el pasado 12 de marzo en Springfield, Missouri, a los 88 años de edad, según reveló este jueves The New York Times.
El portal web Martí Noticias, reseñó que el Departamento de Justicia registra que el 20 de noviembre de 2009, Myers, entonces con 73 años, se declaró culpable de una acusación formal de conspiración para cometer espionaje y dos cargos de fraude electrónico. Su esposa, Gwendolyn Myers, en ese momento de 72 años, también conocida como "Agente 123" y "Agente E-634", se declaró culpable de conspiración para recopilar y transmitir información de defensa nacional.
Los residentes de Washington, D.C., fueron arrestados el 4 de junio de 2009 por agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI).
"Durante casi 30 años, esta pareja cometió espionaje con orgullo en nombre de un antiguo adversario extranjero", declaró David Kris, el entonces Fiscal General Adjunto para la Seguridad Nacional.
El obituario del Times explica que el espía de La Habana "transmitió información de inteligencia sensible a sus contactos durante viajes al extranjero, mediante mensajes de radio de onda corta y a través de entregas de paquetes en carritos de supermercado".
Walter Kendall Myers y su esposa, Gwendolyn Myers, fueron arrestados en junio de 2009, acusados de espiar para La Habana.
El "Agente 202" fue condenado a cadena perpetua y su esposa y cómplice, recibió una sentencia de 81 meses de cárcel.
El pasado 31 de marzo, dos oficiales de inteligencia analizaron en el podcast Inside the FBI los casos más emblemáticos de infiltración por parte del régimen cubano en Estados Unidos, entre ellos precisamente el del matrimonio Myers.
El FBI recordó que en el caso de Myers y el de Ana Belén Montes, no existió un arrepentimiento por los delitos cometidos.
En ese podcast, los oficiales del FBI afirmaron que la dictadura cubana ha operado un sistema de espionaje “muy por encima de su peso” con lo que calificaron de una estructura de inteligencia “sumamente competente” que ha sido toda una amenaza para Estados Unidos.
Enrique García, exoficial de la inteligencia cubana que desertó en Quito, Ecuador, en 1989, reveló a Martí Noticias cómo sus relaciones con personal del Departamento de EEUU y Canadá en la entonces Dirección General de la Inteligencia cubana le posibilitaron acceder a piezas de información claves para conocer, en sentido general, la penetración y el trabajo de los servicios cubanos de inteligencia en territorio norteamericano, entre estos, los informes de los Myers.
“Tuve referencia del caso de dos jóvenes universitarias que habían sido reclutadas, conocí la fecha de por lo menos uno de sus viajes a La Habana para entrenamiento. Vi documentos altamente secretos con membretes del Departamento de Estado de EEUU que el matrimonio Myers entregó a la DGI y eran de tal valor que, cuando llegaban al centro de análisis en La Habana, eran procesados en la noche y madrugada. En la mañana, el jefe de la inteligencia salía con un maletín a despachar con Fidel Castro sin pasar por el ministro del Interior”, afirmó este exoficial cubano, graduado con honores de la escuela de Inteligencia de la KGB, en Moscú, en una entrevista concedida en enero de 2023 al periodista Ricardo Quintana.
García aseguró que él puso “en conocimiento de la comunidad de inteligencia de EEUU la penetración de la DGI en altas esferas del gobierno norteamericano, como en la cancillería”.
Traición sin precedentes
Expertos en contrainteligencia consideran que el espionaje de Walter Kendall Myers fue extremadamente grave y ha sido calificado como uno de los casos más dañinos de traición en la historia reciente del Departamento de Estado de EE. UU.
La gravedad de este caso, de acuerdo con los analistas de inteligencia, es que espió para Cuba durante casi 30 años (desde finales de los 1970 hasta 2009).
La conspiración incluyó "proporcionar información de defensa nacional de los Estados Unidos, altamente clasificada, a la República de Cuba", como refleja el Departamento de Justicia.
En su rol como analista senior en la Oficina de Inteligencia e Investigación (INR) del Departamento de Estado, Myers tenía acceso a información Top Secret y compartimentada y pudo revisar cientos de reportes clasificados de inteligencia, sobre sobre Cuba, Estados Unidos y América Latina, entre otros temas.
Para Chris Simmons, experto en contrainteligencia, el daño que hizo Myers fue “inmenso” porque tuvo acceso a más secretos de los que Cuba podía usar directamente y esta información, en su opinión, posiblemente el régimen la compartiera con sus aliados.
En el reporte sobre su muerte, The New York Times recordó como en sus labores de espionaje para el régimen de La Habana, Kendall Myers “copió, memorizó o robó archivos del Departamento de Estado”, mientras su esposa, quien trabajaba en la banca, “los preparó para ser entregados a sus contactos” cubanos con quienes se reunieron en varios países como Cuba, México, Argentina, Brasil, Ecuador y Trinidad y Tobago.
El diario estadounidense rememoró además como el matrimonio Myers viajó en 1995 a la isla, lo hicieron con nombres falsos y hasta se reunieron por cuatro horas con Fidel Castro en la casa donde se quedaban.
“Fidel es simplemente maravilloso, simplemente maravilloso”, dijo Myers en 2009 a un agente encubierto del FBI que estuvo en el operativo para desarticular las operaciones de espionaje del matrimonio, mientras su esposa llamó al fallecido dictador cubano “un estadista increíble”, según recordó The New York Times.
FUENTE: Martí Noticias