Al Qaida será recordada por siempre como el primer grupo yihadista global, responsable de los peores atentados de la historia moderna. Pero diez años después de la muerte de su fundador, Osama Bin Laden, la organización sigue buscando un líder fuerte.

Su sucesor, el egipcio Ayman al-Zawahiri, lleva años escondido, posiblemente en los alrededores de la frontera afgano-paquistaní. Con este gestor sin carisma, la organización ha perdido parte de su gloria. "Al Qaida es la sombra de lo que fue", dice a la AFP Barak Mendelsohn, profesor de la Universidad de Haverford, en Pensilvania.

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El discípulo de Bin Laden, de 69 años, ha tenido que multiplicar las "franquicias", desde la Península Arábiga hasta el Magreb, desde Somalia hasta Afganistán, en Siria e Irak. Y aceptar que éstas se emancipen, hasta el punto de reducir la dirección de Al Qaida al rango de "consejo asesor", según Mendelsohn.

"Al Qaida se ha descentralizado cada vez más, y la autoridad reposa principalmente en manos de los jefes de sus filiales", explica el think tank Counter Extremism Project (CEP).

A finales de 2020, fuentes bien informadas habían dado crédito a los rumores de que Zawahiri había fallecido por una afección cardíaca. Pero después de eso reapareció en un video en el que denunció la suerte de la minoría musulmana rohingya en Birmania.

Pero sus palabras, bastante vagas, y la falta de una fecha certificada hicieron imposible descartar o confirmar su muerte.

Estas conjeturas llegaron justo después de la muerte, el pasado agosto, de Abu Mohamed al-Masri. El número dos de Al Qaida fue abatido en Teherán por agentes israelíes durante una misión secreta patrocinada por Washington, según el New York Times. Irán lo niega.

La dirección de la central está por lo tanto en manos de un hombre viejo, enfermo, o posiblemente muerto, considerado uno de los cerebros de los atentados del 11 de septiembre de 2001, pero que carece del aura de Bin Laden.

El teórico de barba densa y gafas grandes, fácilmente reconocible por una mancha en la frente, signo de gran piedad, se unió a los Hermanos Musulmanes a los 15 años y sobrevivió a 40 años de yihad, una longevidad poco común.

Paradójicamente, Estados Unidos ofrece la cifra récord de 25 millones de dólares por su captura, pero al mismo tiempo Washington nunca ha parecido seguirle la pista de cerca, como a su predecesor.

Este desinterés relativo puede explicarse por la pérdida de poder del grupo yihadista, que coincide con la emergencia del grupo Estado Islámico (EI). El EI, que estuvo a la cabeza durante cinco años (2014-2019) de un califato autoproclamado, a caballo entre Irak y Siria, le robó el protagonismo, a través, principalmente, de una comunicación activa en las redes sociales.

Las dos organizaciones están ahora en conflicto ideológico y militar en muchos ámbitos.

FUENTE: AFP

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