lunes 16  de  febrero 2026
crónica

Atrévete a soñar

"Quienes están dispuestos a renunciar a la libertad por obtener un poco de seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad". Benjamin Franklin

Por NINOSKA PÉREZ CASTELLÓN

Tuve la oportunidad de presenciar un día histórico y cargado de emociones. Benjamín León fue juramentado como Embajador de España y Andorra por el Secretario de Estado, Marco Rubio, en el salón Benjamin Franklin del Departamento de Estado en Washington.

Fue un honor estar ahí en ese momento con un amigo que admiro y respeto. Tras dar gracias a Dios, el nuevo embajador recordó que llegó de Cuba a Miami siendo un adolescente, solo, sin sus padres y con solo cinco dólares en el bolsillo. Fregó platos, repartió periódicos, cogió ponches de gomas, y tras crear una importantísima empresa de salud, con miles de empleados, se convirtió en embajador de los Estados Unidos. Solamente en América. ¿Por qué en América habría que preguntarse si, en fin, somos los mismos cubanos de la isla?

Por el sistema, por la democracia y porque, contrario al decadente socialismo, todos tenemos oportunidades por igual donde existe libertad.

Benjamín León asume el cargo de embajador en un momento clave para la libertad de Cuba. Es parte de un equipo creado por Marco Rubio que, más allá de la capacidad, tiene amor por Cuba y sus cargos son el reflejo de una política en la que se sabe que llegó la hora de contribuir a un cambio en una isla, ya por demasiado tiempo, bañada por aguas ensangrentadas. Un cambio que les dé las mismas oportunidades a todos.

Hace unos días, también juró su cargo de embajador para el Perú Bernie Navarro. Lo hizo en Miami, en la icónica Torre de la Libertad, restaurada para la posteridad, como símbolo de ayuda para los cubanos que llegaban en la década de los 60 a buscar un abrigo para calentar sus cuerpos y comida para alimentarse. “Por estas puertas pasaron mis abuelos, comieron queso del refugio, empezaron en cero, crearon una gran cadena de farmacias y hoy el nieto de aquellos refugiados es embajador de este gran país”.

Lo mismo con otro cubanoamericano, nacido aquí, pero con un corazón cubano, Kevin Cabrera, actual embajador de Panamá.

Lo importante de estos nombramientos es que ocurren en momentos claves. Ningún funcionario sin conocimiento sobre Cuba podrá tomar decisiones erróneas porque hoy el jefe de la diplomacia del país más poderoso del mundo es también el hijo de refugiados cubanos cuyos padres, como bien ha dicho, dejaron su sueño a un lado para que él pudiera soñar en grande.

Estamos en un momento histórico como nunca. El presidente Donald Trump ha tomado acciones para lograr un cambio en Cuba, pero hay que atreverse a soñar, aquí y allá. Convencernos de que podemos lograr lo que nos proponemos.

Cuando llegué con mi familia a este país siendo una niña, nos convertimos en refugiados. Extrañaba todo, los olores, el azul del mar, que fue el primer color que aprendí a amar. Me sentía como una planta que había sido arrancada de cuajo y no podía echar raíces en tierra extraña. Entonces mi abuelo me dijo que nada de eso era importante, que lo que sí era necesario era que me atreviera a soñar. Años después, cuando el presidente George Bush me invitó a celebrar unas Navidades en la Casa Blanca, recordé las palabras del abuelo a aquella niña refugiada que pensó que no habría futuro en tierra ajena.

Estamos en momentos cruciales para Cuba. Un congresista como Mario Díaz-Balart, en una posición privilegiada en el Comité de Apropiaciones del Congreso, contempla el encausamiento de Raúl Castro por el asesinato de ciudadanos americanos en espacio aéreo internacional.

Eran cubanos e hijos de cubanos, idealistas y soñadores que rescataban balseros. ¿Por qué un hijo de exiliados cubanos nacido en Estados Unidos busca justicia para semejante crimen? Porque Cuba es “deber sagrado”, como me respondió en una ocasión que le pregunté qué representaba Cuba para él. Lo acompaña otro congresista, nacido en Cuba, Carlos Giménez, a quien también le cambió la vida al convertirse en un niño refugiado, y no se da el lujo de olvidarlo. Ahí está también María Elvira Salazar, hija y nieta de exiliados, cuya abuela Elvira sigue siendo su inspiración porque le enseñó que en la vida hay que tomar riesgos para lograr la libertad. De eso estamos hechos. De amor por Cuba, de conocer la añoranza y de vencer obstáculos. Cuba duele. Duele el lamento de cada madre con un hijo preso. De cada hombre y mujer encarcelados por sus ideas.

Queremos ver a Cuba libre; venimos de vuelta de perder la patria, de conocer el dolor del destierro, el sufrimiento de un pueblo que vive sometido a los apagones, la falta de agua, la insalubridad y la humillación de la represión y la barbarie. Todo mientras una corrupta cúpula le exige cada vez más sacrificios. El presidente Trump lo entiende.

Cuando me fui de Univisión Radio por la compra de un grupo izquierdista que quería silenciar mi voz, el presidente Trump me envió un mensaje que hizo público: “Te quiero felicitar; has representado los valores americanos y, en especial, los de los cubanoamericanos; vivo orgulloso de ustedes. Siempre voy a tomar una posición fuerte contra el régimen de Cuba, como lo has hecho tú. Has sido la voz de ese pueblo. Te felicito por ser la voz de muchos que ni te imaginas, porque los has representado tan bien y con tanto amor”.

De nuevo recordé las palabras de mi abuelo: “Atrévete a soñar.

Jorge Mas Canosa decía que tenía fe absoluta en el alma cubana, la que se empina sobre todas las dificultades y hará el milagro de la libertad. Una libertad se acerca cada vez más.

Cuba va a ser libre. El cambio comienza con cada uno de nosotros. El futuro es ya. Atrévete a soñar para que nadie pueda arrebatarte ese futuro que se avecina. Que no quede duda, Cuba va a ser libre porque ese futuro, comenzó ya.

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