miércoles 4  de  marzo 2026
Bélgica

Bruselas continúa militarizada tras los atentados de marzo

En el aeropuerto han rediseñado el acceso a la terminal aérea obligando al viajero a caminar por más de doscientos metros entre barreras de cemento hasta pasar por un detector electrónico de metales
Por RUI FERREIRA

BRUSELAS.– La capital de Bélgica y la Unión Europea es hoy una ciudad prácticamente militarizada. Y no es para menos. Los atentados que estremecieron a esta ilustre ciudad, el pasado 22 de marzo, ocasionaron 35 muertos y 340 heridos, en el aeropuerto internacional y una estación del metro. El acto criminal fue atribuido a los terroristas del Estado Islámico, la entidad que reconoció más tarde el acto de terror.

Las calles principales, las estaciones y los vagones del metro, y el aeropuerto, así como importantes edificios públicos, muestran hoy el despliegue militar del Ejército belga que se desplaza en grupos de cuatro soldados que miran con atención cualquier movimiento sospechoso a su alrededor, principalmente si proviene de un hombre que tenga aspecto árabe o si es mujer vestida con una burka o cualquier tipo de velo.

Los militares no hacen ningún esfuerzo por ocultar su presencia y en el aeropuerto han rediseñado el acceso a la terminal aérea, obligando al viajero a caminar por más de doscientos metros entre barreras de cemento hasta pasar por un detector electrónico de metales, antes de ingresar al edificio, donde más tarde serán sometidos a otro escrutinio.

Esta situación ha provocado serias preocupaciones entre vecinos y visitantes de la ciudad, así como comentaristas políticos, que reconocen la gravedad de los hechos terroristas pero cuestionan si los militares están preparados para llevar a cabo las funciones que normalmente desempeñan las fuerzas policiales de la ciudad.

“Para un militar, cuya función es defender el país de una amenaza exterior, es muy difícil lidiar con lo que viene a ser, esencialmente, una ocupación interna, un enemigo interno. El Ejército no investiga, dispara”, dijo recientemente un comentarista en la cadena belga RTB.

El nivel de despliegue en las calles de Bruselas llega incluso a contar con tanquetas militares en lugares claves, como las inmediaciones del Palacio Real. Además de esto, el desplazamiento de los soldados es acompañado por una flota de camiones militares, en cuyo interior es fácil ver la acumulación de artefactos de guerra, incluyendo lanza cohetes.

El mismo día de los atentados, el Órgano de Coordinación para el Análisis de la Amenaza subió el nivel de alerta de 3 a 4 en todo el país, lo cual autorizó el despliegue de los militares sin el necesario permiso del parlamento belga.

Bruselas alberga una enorme población de origen árabe. Se les ve caminando por las calles, viajando en el metro, los autobuses o tranvías. Pasean con sus familias y parecen estar integrados en la vida del país. Pero de un modo general viven confinados en la comuna de Molenbeek, una barriada ubicada en el norte de la ciudad.

Los atentados se dieron una semana después de que la Policía, no el Ejército, lanzó una operación en esa comuna para arrestar a Salah Abdeslam, un seguidor del Estado Islámico, acusado de participar en los atentados de Paris, el pasado 13 de noviembre. Según las autoridades francesas y belgas, Abdeslam participó en los actos terroristas que provocaron la muerte de 135 personas y heridas a 415 en la capital francesa, pero logró escapar y regresar a Bélgica. Ahora se encuentra en una cárcel esperando el proceso de extradición a Francia.

En términos generales, los belgas parecen aceptar la presencia de los militares en las calles. Incluso se les ve conversar ocasionalmente con las patrullas que saludan a los viandantes. Según la prensa local, todo el despliegue, y eso hace parte de la cualquier militarización de una ciudad, está acompañado de una fuerte operación de inteligencia que abarca a soldados vestidos de civil, que contactan continuamente a los comerciantes, organizadores de festivales al aire libre e inclusive un desfile de moda, como sucedió hace apenas unos días, en una de las principales arterias de la ciudad.

El festival de la cerveza, organizado en la Gran Plaza, se llevó a cabo bajo la vigilancia de un cordón de militares, que registraban las pertenencias de los asistentes y los sometían a un detector de metales. En las principales estaciones del metro instalan ocasionalmente arcos detectores de metales y registran a todo el que pasa, dando principal atención a los pasajeros que transportan mochilas o maletines. Hasta ahora no ha habido incidentes conocidos, pero los soldados continúan preparados para hacer arrestos o afrentar situaciones, con suficientes las esposas de plásticos que llevan colgadas en la cintura, pistola, granadas, municiones y armas largas.

De hecho, los soldados salieron a la calle por primera vez, aunque muchos menos, tras los atentados de París en noviembre. El Gobierno belga ordenó a los militares cuidar las calles de la ciudad y planteó como fin del despliegue el mes de marzo, cuando sucedió el fatídico acto terrorista que no pudieron impedir. Aún no se habla de una fecha para que los militares regresen a los cuarteles.

FUENTE: Especial

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