MIAMI.- JUAN M. DIRCIE*
Frente al reciente anuncio del Vaticano sobre la firma de un tratado con la Autoridad Palestina, el cual ratifica el reconocimiento de un Estado palestino, hay varios temas que merecen nuestra atención
MIAMI.- JUAN M. DIRCIE*
Frente al reciente anuncio del Vaticano sobre la firma de un tratado con la Autoridad Palestina, el cual ratifica el reconocimiento de un Estado palestino, hay varios temas que merecen nuestra atención.
El primero es, sin dudas, qué se gana y qué se pierde con este reconocimiento que de hecho ya existía desde hace varios años.
Los que ganan: los intransigentes, los que desde el liderazgo palestino siguen evitando tomar las decisiones políticas necesarias y asumir los compromisos para resolver el conflicto. En vez de sentarse a negociar con sus pares israelíes y aceptar concesiones que son parte de toda negociación, estos dirigentes apuestan ahora a medidas unilaterales para obtener logros irrelevantes que al final de cuentas perpetúan el conflicto en vez de resolverlo.
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Toda solución política a un conflicto requiere de la voluntad explícita de los líderes en aceptar que es imposible obtener todo lo que se demanda. Lamentablemente el mensaje que aún se transmite dentro de la sociedad palestina es el de no renunciamiento a ninguna de las demandas contra Israel como única forma posible de solución al conflicto. Este mensaje genera entonces una expectativa de máxima dentro de la población que no acepta nada menos que la materialización del 100% de sus reclamos.
El debilitado Mahmud Abbas, consciente de que aceptar una resolución en términos reales con Israel lo convertiría en el portavoz de la “mala noticia de la claudicación”, elude entonces el compromiso en forma sistemática y busca atajos (como el reconocimiento unilateral de un Estado Palestino) que lo puedan llevar a un plano de “éxitos” ficticios que no le generen la obligación de asumir compromiso alguna hacia el camino de la paz.
Por otro lado la Franja de Gaza, también parte de la Autoridad Palestina, continúa controlada por el grupo terrorista Hamas que niega cualquier posibilidad de diálogo y mantiene su objetivo de aniquilar al Estado de Israel. Este sector también se ve fortalecido cuando desde el exterior se apoyan medidas fuera de la mesa de negociaciones.
Los que pierden: las personas en ambos lados que siguen creyendo que la única solución al conflicto es el establecimiento de dos estados, uno judío y otro árabe, que convivan en paz garantizando la seguridad y el respeto mutuo. Asimismo, aumenta la desconfianza sobre la verdadera naturaleza del liderazgo palestino entre la sociedad israelí y alimenta más dudas sobre la existencia o no de un socio legítimo que esté dispuesto a apostar a la paz.
El acuerdo entre la Santa Sede y la Autoridad Palestina deber verse también en el contexto actual del Medio Oriente, donde la persecución y el asesinato de cristianos se ha convertido en la punta de lanza de varias facciones islamistas envueltas en sangrientas guerras descontroladas. Con la excepción de Israel, el resto de las comunidades cristinas en la región han visto disminuir el número de sus miembros en forma dramática como resultado de esta “guerra santa”.
El papa Francisco, quien ha alzado su voz en reiteradas oportunidades condenando este fenómeno, es muy consciente del peligro que corren los cristianos que viven dentro de la Autoridad Palestina. En una visita que realicé hace pocos días a la ciudad de Belén, lugar donde la tradición cristiana sitúa el nacimiento del mismo niño Jesús, una mujer cristiana comentaba cómo día a día, los habitantes cristianos escapan desde allí hacia otros lugares fuera de la Autoridad Palestina, acorralados frente al incremento del fanatismo de jóvenes generaciones musulmanas
Hasta que el liderazgo palestino no esté dispuesto a sentarse a negociar seriamente con Israel y a asumir los costos de un acuerdo, dejando de lado atajos poco productivos, lamentablemente no habrá paz ni para judíos ni para cristianos ni para musulmanes en la Tierra Santa.
*Director Asociado del Institute Belfer para Asuntos Latinos y Latinoamericanos del American Jewish Committee.
