miércoles 1  de  abril 2026
ANALISIS

Los detalles de la visita de François Hollande a Cuba

¿Diplomacia económica, cinismo de estado o mediocridad personal?

PARÍS.- VIOLETA PEREIRA DIEZ 

Entre estupor, sorpresa, ironía y complacencia, la prensa francesa dedicó grandes espacios a la visita de François Hollande a la tentadora isla  de los Castros.

Diarios de todas las corrientes  se lanzaron a la desbandada a buscar la mejor explicación a la nueva peripecia del Presidente francés que promete lo que no hace y protagoniza todo lo que según dice, más detesta.

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Si en el manejo de la política interior Hollande ha acostumbrado a sus compatriotas  a las contradicciones y repliegues que le otorgaron el sobre nombre de flamby (blandito, inconsistente),  en la esfera internacional, hasta la última semana, el gobernante había conseguido una imagen más o menos gloriosa,  gracias a sus decisiones  en defensa de la democracia, las libertades cívicas y la lucha contra el terrorismo y el oscurantismo.

Pero el paso por La Habana  ha devuelto al político francés la estatura y el comportamiento habitual, del “presidente normal” que reconocen todos sus conciudadanos;  pese a que -¡en su defensa!- algunos prefieren aseverar que la visita se enmarca en la continuidad de una política de Estado que cuenta ya algunos años.

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En efecto, desde que en 1995  los esposos Mitterrand recibieran en Paris al “líder máximo”,  de cuello y corbata,  enfundando para la ocasión en un elegante traje azul,   la economía castrista y algunas de las grandes empresas francesas del CAC 40 (1) han mantenido una estrecha y provechosa colaboración.

Aún en los momentos más difíciles de las últimas décadas, cuando la Comunidad Económica Europea, por iniciativa de España y Checoslovaquia invocaron la cólera de la dictadura aprobando resoluciones que condenaban la violación de los derechos humanos en Cuba, empresas como Bouygues Contructions,   Total,   Pernod-Ricard y otras,  prosiguieron captando y exportando hacia  cuentas en Europa  los dólares llegados a la isla desde la emigración cubana.

Desde los años noventa los sucesivos gobiernos y la sociedad francesa en general,  han ejercido un vínculo particular con el pueblo y el ambiente liberticida que se vive en Cuba.   Viajar a Francia a través de la costosa y rentable Carta de invitación ha representado para muchos isleños  una vía hacia el mundo libre, aunque a diferencia de otros países europeos como España, al llegar a la tierra de Molière los expatriados cubanos no cuentan con ninguna protección jurídica ni legal que legitime los motivos por los cuales esos hombres y mujeres abandonan un país donde, para muchos franceses,  reina una alegría de vivir  y un exotismo envidiables en otras latitudes.

En los primeros años de la década del 2000, durante la presidencia de Jacques Chirac  y aprovechando el intercambio gubernamental franco-cubano  decenas  de jóvenes técnicos y profesionales viajaron a París para exiliarse.   Una gran parte de ellos comprendió rápidamente que, tras las  luces y las lentejuelas de fraternidad e igualdad, la sociedad francesa esconde una mirada frívola y egoísta frente al problema cubano. Así que, luego de tomar la clásica foto del turista frente a la Tour Eiffel, continuaron viaje.

En ese periodo el actual Presidente francés se desempeñaba como Primer Secretario del Partido Socialista (PS), función desde la cual criticó duramente al régimen de Fidel Castro.  Su gesto fue interpretado entonces como un apoyo de la izquierda francesa  a la llamada Posición Común de la Unión Europea. 

En una tribuna publicada en el semanario Le Nouvel Observateur, bajo el título “Decir la verdad”(2), François Hollande denunció cómo “la bella revolución cubana se había convertido en una pesadilla” y afirmó que: “El régimen de Cuba es injustificable” luego de  describirlo como un  poder personal o familiar, que rechaza las elecciones libres, que censura, que ejerce la represión policial, que encarcela a los disidentes,  que mantiene los campos de rabajo y la pena de muerte. “Bref, todo el arsenal de la completa dictadura”.

Y escribió: “Nada justifica la deriva del régimen castrista. Ni la figura emblemática del Fidel Castro, ni la persistencia escandalosa  de la presión americana, ni el símbolo de la lucha por la liberación nacional”.

Así, abiertamente, el jefe de la gauche caviar (PS) fue también el primero en oponerse a la connivencia de la administración Chirac con el despotismo castrista que, entre tanto, desplegaba en selectos barrios de La Habana la baguette et les croissants (3) para turistas,  llenaba los anaqueles de las tiendas de divisas con los pollos de Gerard Bourgoin (4), y exportaba a todas partes el ron Habana Club y los conocidos Cohíbas.

Sin embargo, hoy en día, algunos rumores inquietantes han comenzado a circular entre las jerarquías de las empresas francesas radicadas en Cuba.  

La desaparición del embargo y la llegada de las entidades económicas norteamericanas, físicamente más próximas y  fiscalmente más ligeras, amenazan ostensiblemente el confort de los foráneos  actualmente aliados de la dictadura.  El petit monopolio se fractura.

Para  los cubanos de a pie, que sueñan con recobrar un cotidiano propio de  siglo XXI,  Francia no representa más que un puerta hacia Espacio Shenguen.  La escuálida comunidad criolla definitivamente instalada en ese país está compuesta en su mayoría por matrimonios franco-cubanos donde uno de los dos esposos tiene al menos veinte  años más que el otro. 

Ese es el contexto en que los ciudadanos franceses han visto llegar a Cuba  en  visita oficial al Président de la République.

La isla  recibe con todos los honores al Socialista que prometió durante su campaña electoral  desbloquear la enmohecida economía francesa y que ha aumentado las cifras de desempleados al record de 3,5 millones. Cuba viste sus mejores galas ante el Presidente que anunció un enfrentamiento total entre su administración y el mundo de las finanzas, y que unos meses más tarde instaló  a un joven financista proveniente del Rothschild  Bank a la cabeza de su gabinete económico.  Y el Aula Magna de la Universidad de La Habana abre sus puertas al Jefe de Estado que se declaró ferviente defensor de los derechos elementales del hombre, la democracia y la sociedad civil y que cruza ahora el umbral con una cesta repleta de regalos para intercambiar con sus venerables amigos cubanos, y su histórico pueblo, por supuesto.

El Presidente Hollande en su revista relámpago vino, probablemente, a corroborar lo ya sospechado por sus legionarios del CAC 40.    Nada puede  hacer su gobierno para defender los intereses franceses el día que Cuba se abra a los Estados Unidos.  De la misma manera que sus servicios de seguridad, no han podido impedir que un extraño se cuele en la suite presidencial del Hotel Nacional que le fue reservada por la diplomacia castrista.

Hollande aprovechó también la ocasión para hacer alguna que otra pirueta diplomática, y  leer de reojos los nombres de un par de  cubanos ilustres mientras pronunciaba  un solemne discurso, con palabras de  corderos, en un evento  que los medios del hexágono consideraron un memorable homenaje a Jean de la Fontaine.(5)   El lobo no andaba lejos.

Sin embargo se especula que su motivación principal fue la de cumplir al fin una promesa.  Esa que se hizo a sí mismo en sus años de estudio. El sueño del turista.

 Como han hecho muchos exiliados con la Tour Eiffel, Francisco guardará en algún rincón de recuerdos su foto con Fidel.

A su regreso a Paris el líder francés ratifica y repite por todas partes que le ha tocado vivir un momento histórico: su encuentro con  Fidel Castro.  Estas declaraciones han motivado a  Nathalie Segaunes, periodista del diario l’Opinion, para retomar en un artículo  titulado “Hollande, ego máximo”, (6) una la citación  del propio Président: “Quand vous êtes dans l’histoire, vous n’avez pas besoin de la rappeler,  c’est quand vous n’y êtes pas que vous vous sentez obligé de le faire”.

"Cuando usted está en la historia, no es necesario recordar , cuando usted no está allí se siente en la obligación de hacerlo."

(1) Principal índice de la bolsa de valores de Paris.

(2) Le Nouvel Observateur, 27 de Ferrero 2003.

(3) Piezas de la panadería francesa.

(4) Fracasado hombre de negocios francés, conocido como el Rey del pollo.

(5) Poeta y Escritor (1621-1695) Autor de la conocida fabula infantil “El lobo y el cordero”.

(6) L’Opinion, edición del 12 de mayo 2015.

 

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