MIAMI.- El Gobierno español de coalición, entre el Partido Socialista (PSOE) y Unidas Podemos (UP), ha conseguido que el Congreso apruebe los Presupuestos Generales del Estado con holgada mayoría gracias a un pacto con agrupaciones nacionalistas e independentistas, que a la larga pudiera poner en peligro la integridad de la nación.
“Cada cual es hijo de sus obras”, reflexionó el profesor de Derecho de la Universidad de Lleida, la más antigua de Cataluña, Ferran Espaser. “Tuvo que aceptar lo que le pidieron para obtener los votos. Y lo peor es que aceptó las peores solicitudes. Ha dado espacio, tal vez sin saberlo, a quienes quieren la desunión de España”, argumentó.
El Congreso español, a diferencia del órgano estadounidense, está compuesto por más de 13 agrupaciones políticas. De hecho, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno español, solo cuenta con 155 escaños, incluyendo 35 de coalición con UP, de los 176 que se necesitan para aprobar leyes. Por ello, hay que conquistar votos para echar adelante cualquier proyecto. Y la única manera de hacerlo es conversando y concediendo.
Y a la hora de pedir, “cada cual pide según el tamaño de su cuchara, sus intereses”, sopesó el profesor.
Se trata en realidad de unos acuerdos “que han sido objeto de moneda de cambio por parte de nacionalistas catalanes y vascos, e incluso UP, para satisfacer demandas que nada tienen que ver con los presupuestos”, resaltó el académico.
“Pero que han sido aceptadas por Sánchez y su partido para lograr prolongar la vida del Gobierno y evitar tener que convocar nuevas elecciones”, subrayó.
En esos acuerdos se incluyen, por ejemplo, afectar el presupuesto de la Casa Real, promovido mayormente por los representantes del País Vasco, aprobar mediante decreto ley la prohibición de los desahucios o el acuerdo para intentar revertir la autonomía fiscal de la Comunidad de Madrid, que a Cataluña no le gusta.
La aprobación de los presupuestos denota un éxito político para Sánchez, ya que logró aumentar los votos en el Congreso.
“Tienen gobierno socialcomunista para rato”, se jactó el vicepresidente segundo, Iglesias.
Sin embargo, este resultado también representa un peligroso acuerdo del que pronto Sánchez y la nación recibirán factura.
El portavoz de Esquerra Republicana de Cataluña (ERC), Gabriel Rufián ha celebrado que “el centro de gravedad del Estado ha cambiado” y que tras años de pactos con lo que llamó “soberanismo de derechas” ahora el Gobierno “debe pactar obligadamente con el independentismo de izquierdas vasco y catalán: bienvenidos a una nueva era”.
ERC llevó a la mesa de negociaciones, a cambio del voto de sus 13 escaños, la libertad de los presos del frustrado levantamiento catalán que pretendió declarar la república, el 1 de octubre de 2018, sin consultar el resto de la población como plantea la Constitución de la nación.