MIAMI.- El jefe del Gobierno de Cataluña, Carles Puigdemont, pospuso este martes "in extremis" la declaración de independencia unilateral de la región y pidió a cambio diálogo a España y mediación internacional para destrabar la grave crisis creada por su plan secesionista.

"Asumo el mandato del pueblo para que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república", dijo el líder secesionista en una esperada comparecencia ante el Parlamento en Barcelona para informar sobre los próximos pasos en su proyecto de ruptura. "Esto es lo que hacemos hoy con toda solemnidad".

A continuación, sin embargo, agregó: "Con la misma solemnidad proponemos que el Parlamento suspenda la declaración de independencia para emprender un diálogo para llegar a una solución acordada".

El jefe del gobierno catalán aclaró "de mi comparecencia no esperen ni amenazas ni insultos". Su discuso, tras una de las jornadas más tensas de la historia política reciente en España, se movió así entre la insistencia en el proyecto independentista al que se comprometió y el pedido de diálogo, en un intento por desactivar las posibles respuestas del Gobierno central de Mariano Rajoy.

El presidente reconoció a los votantes del SÍ, a los del NO, y a los de las papeletas en blanco, "a todos los que hicieron posible el referéndum del 1 de octubre". También se refirió a la actuación policial durante la celebración del referéndum del pasado 1 de octubre: "Sobre todo quiero mandar mi solidaridad a todos los heridos y maltratados por la operación policial. Nunca lo olvidaremos", dijo en medio de los primeros aplausos de la Cámara.

El giro de último momento volvió así las miradas al Gobierno central, que viene descartando cualquier "mediación entre la ley y la desobediencia" y adelantó que respondería con "mano firme" cualquier forma de declaración de independencia en Cataluña, también una "diferida".

Cataluña celebró el 1 de octubre un polémico referéndum en el que el "SÍ" a la ruptura con España ganó con un 90 por ciento, según han asegurado fuentes del "Govern". Los partidarios del "NO" boicotearon la consulta, que había sido suspendida por el Tribunal Constitucional español y se llevó a cabo sin garantías mínimas.

Pese al supuesto éxito en el referéndum, el plan soberanista fue sufriendo varios golpes los últimos días por la falta de apoyo internacional, la catarata de grandes empresas que fueron abandonando Cataluña por la incertidumbre y las masivas marchas contra la independencia celebradas el fin de semana.

En ese escenario de incertidumbre, el nerviosismo fue en aumento a medida que se acercaba la hora de la comparecencia de Puigdemont y llegó al máximo cuando, llegada la hora prevista, el pleno se postergó, al parecer por diferencias entre los propios partidos independentistas.

El jefe del Gobierno regional inició su esperada comparecencia advirtiendo de que la crisis en Cataluña es "un asunto europeo" y hablando de "la necesidad imperiosa de desescalar la tensión". "No esperen ni amenazas ni chantajes ni insultos de mi discurso", anunció. "Es momento de mucho diálogo y valentía".

Sin embargo, Puigdemont explicó luego que no acudía al Parlament a exponer una "decisión" personal, sino los resultados del polémico referéndum del 1 de octubre celebrado "en condiciones extremas", dijo sobre los enfrentamientos entre votantes y policías que tenían orden de impedir la consulta no autorizada por la Justicia.

Puigdemont admitió que en Cataluña hay ahora "mucha gente preocupada, gente de todas las tendencias", algo que atribuyó tanto a la actuación del Gobierno en el referéndum como la reciente ola de empresas que están abandonando la región por la incertidumbre del plan soberanista, una decisión "más de cara a los mercados sin efectos reales", según el jefe del "Govern".

"A todas estas personas que tienen miedo les quiero enviar un mensaje de comprensión, serenidad y tranquilidad. El Gobierno de Cataluña no se va a desviar un milímetro de su compromiso con el proceso de progreso autonómico", prometió. "Como presidente actuaré con responsabilidad y teniendo en cuenta a todo el mundo".

Puigdemont repasó luego la historia reciente de la relación con el Gobierno de España, haciendo hincapié en los recortes que hizo en 2010 el Tribunal Constitucional del Estatuto de Autonomía de Cataluña, una suerte de Constitución regional. "Una humillación", definió.

"Durante este período millones de ciudadanos han llegado a la conclusión racional de que la única forma de mantener el autogobierno es que Cataluña se constituya en un Estado. Las últimas elecciones al Parlament son prueba de ello", continuó. "El pueblo de Cataluña reclama desde hace años libertad para decidir, y aún así no hemos encontrado interlocutores en el Estado".

"No somos unos delincuentes, no somos unos locos, no somos unos golpistas, no somos unos abducidos. Somos gente normal que pide poder votar y que ha estado dispuesta a todo el diálogo que fuera necesario para hacerlo de forma acordada", dijo.

FUENTE: REDACCIÓN/dpa

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