lunes 17  de  agosto 2026
OPINIÓN

Al parecer hay una Cuba en gestación, que desconocemos

No importan la edad, la circunstancia, la extracción social, la filiación ideológica, la instrucción académica, el bagaje cultural, la bandera, al menos lo que aprendí desde que tuve uso de razón, es sagrada

Por ILIANA LAVASTIDA

Mientras pienso cómo dar comienzo a este artículo, reflexiono si el hecho de haber vivido varias décadas me ha convertido en una persona con visión anticuada o si lo que llaman por estos tiempos pensamiento conservador es una manifestación de la conciencia que ya va quedando en desuso, pero luego de esos cuestionamientos me respondo y analizo; a través de los siglos, el significante de los símbolos que identifican a una nación se ha ubicado en la cúspide de lo que aprendemos a enaltecer.

El himno, el escudo, la bandera del país donde nacemos, constituyen el sello que en cualquier paraje identificamos como propio y por desterrados o aislados que estemos, sin dudas reconforta y sirve de consuelo reencontrarnos con estos estandartes.

No importan la edad, la circunstancia, la extracción social, la filiación ideológica, la instrucción académica, el bagaje cultural, la bandera, al menos lo que aprendí desde que tuve uso de razón, es sagrada: no toca el suelo, cuando se dobla se sostiene entre dos para que no caiga al piso, se iza al amanecer y se arría cuando cae el sol, se alza a media asta en señal de duelo nacional por una catástrofe o una pérdida que enlute, se entrega como condecoración ante proezas trascendentales, si se deteriora, se quema y se entierran sus restos en señal de respeto, en fin, se honra.

Entonces, me pregunto cuál es el argumento que asiste para que el uso dado a la bandera como pieza expositiva justifique ignorar las tradiciones patrias y que por ello transcurra inadvertido o lo que es peor, haya quienes se ofendan ante las críticas a la irreverencia o aprueben el uso deliberado dado a la enseña nacional, alegando una manifestación de arte contestatario, contemporáneo e incomprendido.

Pero hay mucho más que considero violentado y sin temor como dije antes a que mi opinión califique de retrógrada, lo dejaré expuesto. Me refiero al recinto donde se efectuó el llamado “performance”, que, como tantas otras palabras, se ha convertido en un término recurrente de una categoría intelectual que, al parecer, algunos no alcanzamos.

La Torre de la Libertad, con cien años recién cumplidos, cuya perpetuidad en el entorno arquitectónico ultramoderno que la rodea se debe precisamente a un acto de respeto a un símbolo de tradiciones, fue el lugar donde el artista visual, Luis Manuel Otero Alcántara encontró espacio para la primera presentación en público de sus obras, y entre ellas, una representación con la bandera cubana.

Asumo que la decisión de ofrecerle a Otero Alcántara este sitio se base en la trayectoria de su hacer, en lo que representa que, siendo un joven de extracción humilde, con valentía y arrojo haya enfrentado a la dictadura cubana que lo arrestó más de una vez, lo sometió a celdas de castigo, le motivó a largos períodos de ayuno y lo retuvo injustamente durante los últimos cinco años por haberse alzado en reclamo de derechos de una población avasallada. De esa valerosidad de Otero Alcántara, quien suscribe este texto y este rotativo hemos sido plataformas de información de manera sistemática.

En las paredes de la Torre de la Libertad, aun restaurada, todavía se escucha el eco de los primeros refugiados que llegaron al destierro en la década de 1960. Muchos no alcanzaron a ver el centenario de la edificación, pero quienes sí sobrevivieron para conmemorarlo, donaron a ese recinto de tanta simbología objetos personales y familiares, pertenecientes a una generación que aun obligada a reinventarse e integrarse, a pesar de ser discriminada, de padecer escaseces y pérdida total del vínculo con Cuba, siempre veló por conservar la altura moral de la nación fragmentada.

Después de presenciar en materiales de videos posteados en redes el encuentro efectuado por Otero Alcántara en la inauguración de su primera exposición en Miami en la Torre de la Libertad, y de observar con asombro el bulto de telas al que fue reducida la bandera entregada por el artista a sus invitados, hay varias preguntas que me tomo la libertad de formular, aunque quizás no encuentren respuesta porque también en redes he visto la postura de quienes incluso de forma amenazante hacen advertencias a los que no aplaudimos las poses del artista visual que asumimos como desplantes, no solo hacia la nación, también personales, porque cada uno de nosotros es un pedazo de esa isla.

¿Será que, al escoger la Torre de la Libertad como recinto expositivo, los expertos en arte e historia cercanos a Otero Alcántara le hablaron de lo que fue y significa ese edificio para los cubanos exiliados? ¿Será que el ser joven y recién llegado a un lugar impone la necesidad de ignorar lo que durante casi siete generaciones se ha fraguado? ¿Será que para concretar la libertad de Cuba se necesita violentar todo tipo de símbolos y negar el sistema de valores heredado? ¿Será que el nuevo escenario de confrontación dejó de ser cubanos todos vs. dictadura y se fomenta ahora -exprofeso o por displicencia- entre tradiciones patrias y posturas disruptivas que desprecian y niegan lo que hemos sido? ¿Será que, para recuperar a Cuba, la creatividad y la espontaneidad también requieren un toque de indolencia? ¿Será que la autenticidad de nuestra idiosincrasia se transformó a tal punto que a algunos nos resulta desconocida?

Y advierto - ahora soy quien hace la advertencia- que no me convencen los pretextos de que se trata de desenfado artístico; el arte, en mi opinión, deja de serlo cuando a fuerza de parecer innovador, busca imponerse con códigos y poses que se presentan desde el choteo. Una cosa es la sátira, el absurdo, el arte figurativo, el realismo en sus más cruentas expresiones, manifestaciones que siempre han sido el reflejo de momentos de la historia. Otra, es pretender camuflar afrenta bajo lo que intenta representarse como secuelas de vivencias extraordinarias.

En Cuba, la que dejé hace 22 años, cuando ya habíamos transitado los efectos de un llamado Período Especial, cuando también padecimos extensos apagones, nos acostábamos hambreados y amanecíamos con un vaso de agua con azúcar; calzábamos zapatos rotos y comíamos de la comida compartida entre vecinos, cuando desde entonces la supervivencia se había impuesto como método de vida, la urbanidad nunca estuvo reñida con la pobreza.

Siempre he sabido que el arte y la conciencia social son un reflejo de su tiempo y en consecuencia que la manera en la que se manifiesta la sociedad cubana es el espejo de la realidad de un país en ruina, estructural y antropológica. Sin embargo, reitero, los símbolos se respetan. De lo contrario, y si el irrespeto a los símbolos y tradiciones constituyen una nueva forma de expresión, por qué Otero Alcántara refrenda los que exhibe como practicante de credos religiosos, que, según muestra, sí reverencia. Debe ser porque esta es una parte de sus ideales que sí se toma en serio, como corresponde o porque prevé las consecuencias de no hacerlo.

No pertenezco al llamado exilio histórico, a los que tienen la Torre de la Libertad como templo de la cubanía porque fue su refugio primero, pero sí aprendí que es un sitio donde para entrar se pide permiso por respeto a todas las memorias que allí se resguardan y una vez dentro, aun para celebrar, se guarda compostura.

Cuando escribo estas letras lo hago con una mezcla entre enojo y asombro porque considero que a quienes no muestren interés en respetar, no se les deben ofrecer todos los espacios, porque hay que ganárselos; pero también, porque si la conceptualización artística a la que se alude para sustentar los porqués de tanto despropósito desconoce los asideros sobre los cuales se sustentó la nación durante siglos, entonces la pregunta que queda sin respuesta es si quienes nos resistimos a renunciar a lo que hemos sido y aprendido, no tenemos cabida en la nueva Cuba que al parecer se ha estado gestando y hay muchos que desconocemos.

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Deja tu comentario

Te puede interesar