“Me propongo reflexionar de manera serena, si vale la pena esperar rectificaciones del ente que usted preside o si dar, por perdida la esperanza y emprender caminos distintos de reparación.” Así concluye la comunicación enviada el miércoles pasado por Antonio Ledezma a Chile Eboe-Osuji, Presidente de la Corte Penal Internacional, CIP.

Las cosas hay que decirlas sin rodeos. La CPI es, ha sido y es probable que siga siendo un antro. La ira contenida de la carta del exalcalde Metropolitano de Caracas lo refleja. Turismo judicial. Así cabe calificar la actividad de quienes se trasladaron a La Haya desde sus países de origen para desempeñarse como funcionarios del burlesque.

Su escándalo más reciente, la conmemoración del 20º aniversario del Tratado Internacional que lo creó. Boato, peroraciones, invitados especiales, mucho autobombo, pero nulos resultados concretos en sus casi dos décadas de operación. Esta vez, la gota que rebasó el vaso fue la presencia y activa participación, de Maikel Moreno, presidente del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela. Dicho sea de paso. Nada personal contra dicho magistrado. Lo que sí resulta imprudente, por no decir insultante, es que una persona contra quien pesa medida de prohibición de ingreso al territorio de la Unión Europea, UE, se haya presentado, como Pedro por su casa, a la sede del Tribunal, a exhibirse y luego jactarse de hacerlo a través de las redes sociales.

¿Y las sanciones de la UE, contra el magistrado Moreno, precisamente, como presunto coautor de crímenes de lesa humanidad?

Nada de ello fue sopesado por los organizadores del jubileo a la hora de invitar al sancionado. Por el contrario, da la impresión que la CPI le facilitó alguna puerta trasera para su ingreso al territorio comunitario. Moreno tiene derecho a que se le presuma inocente. Lo que no tiene es derecho a pseudoindulgencias plenarias por anticipado.

Culpar de manera exclusiva a los integrantes del CPI del desprestigio, de la ineficacia y sobre todo de las evidencias de corrupción –corrupción de la gruesa– de esa institución sería desmesura de nuestra parte. Días atrás, con motivo de otro aniversario del genocidio de Srebrenica, Diego Arria, entonces miembro del Consejo de Seguridad de la ONU, recordó que la matanza de Julio de 1995 fue posible por la indiferencia de las distintas instancias de la ONU. Hoy, en el caso de la CPI, corresponde culpar a su secretario general, António Guterres –muy sonriente y sonreído, en el sarao– a la Asamblea General de dicha organización, pero sobre todo, al pleno de los estados miembros del Tratado de Roma.

¿No han sido enterados de que los dos fiscales sucesivos de la CPI se han visto involucrados en serios asuntos de corrupción, sin sanciones de ninguna especie?

¿Nadie les ha relatado que altos cargos de la CPI han sido fotografiados en francachelas –el maldito alcohol entre pechos y espaldas– con representantes de ciudadanos venezolanos, sobre quienes pesan vehementes indicios de haber perpetrado crímenes de lesa humanidad?

¿No han leído las informaciones según las cuales uno de los asesores jurídicos oficiosos de Nicolás Maduro mantiene cordones, no precisamente umbilicales, en la División de Procesamiento de la Fiscalía de la CPI?

Ledezma en su acre comunicación a Eboe-Olsuji le recuerda que la normativa del órgano que preside demanda de sus miembros “no hacer nada que pueda conducir a una razonable inferencia alrededor de su falta independencia” –de sus supuestas faltas de probidad, agregamos nosotros–. Es la vieja templanza romana, según la cual la mujer del César además de honesta, tenía que aparentarlo.

Y ahora, las predicciones, porque las apariencias casquivanas son abrumadoras. Más de medio siglo de trajín tribunalicio y abogadil destacado –para no incurrir en inmodestias mayores– me permiten otearlas: Pronto la Fiscalía de la CPI va a activar el procesamiento de varios asesinos. Solo que serán procesamientos bufos, coludidos, a ritmo de farsa –¡mientras más rasos sean los acusados, mejor para aplacar la galería!– porque a Nicolás Maduro y a Tarek El Aisaimi, verdaderos responsables de los peores crímenes, no los tocarán ni con el pétalo de un citatorio.

¿Y qué esperan los entes supervisores de la CPI? ¿Que quede consumada la conspiración en marcha?

@omarestacio

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