Donald Trump prometió en su discurso inaugural, el 20 de enero, que su administración estaría entregando el control del país al pueblo y que le había llegado el turno al ciudadano común para sacar la mejor tajada de todas las prebendas de la economía que, hasta ahora, sólo habían favorecido al “poder establecido” en Washington.

Luego de ocho meses al frente del Gobierno, el Presidente ha enviado las primeras señales sobre cómo planea reajustar el sistema tributario, uno de los principales pilares de la hacienda estadounidense.

De las evaluaciones iniciales se desprende que sus reformas estarían encaminadas a potenciar principalmente a los ricos, la clase media y la comunidad empresarial, por lo que parece haberse olvidado de los miembros más pobres de la sociedad estadounidense.

De igual manera, todos sus intentos para reemplazar el Obamacare por un nuevo sistema de salud han fracasado, por falta de consenso, porque al parecer, menos personas estarían cubiertas por su plan de salud que bajo el programa del expresidente Barack Obama.

En realidad, no es raro que los presidentes hagan grandes promesas cuando se presentan ante la nación, luego de tomar juramento de sus cargos a los pies del Capitolio, pero en este caso, el discurso de Trump fue notable por el uso de un lenguaje áspero y profuso en ataques en contra del “establishment”, al que recriminó públicamente por ignorar los deseos y necesidades del pueblo.

"Durante demasiado tiempo, un pequeño grupo en la capital de nuestra nación ha cosechado las recompensas del Gobierno, mientras que la gente ha soportado el costo. Washington floreció, pero la gente no compartió su riqueza "- dijo Trump en ese momento.

Así mismo, el mandatario llegó al poder ofreciendo reconstruir la vieja infraestructura del país para el beneficio de todos, y aunque la economía parece saludable y se han creado nuevos puestos de trabajo, todavía hay pocos indicios de que esté enfocando sus esfuerzos a mejorar las vidas de las familias más pobres.

En todo caso, su argumento es que al reducir la carga impositiva para las corporaciones y pequeñas empresas del 35 al 15 por ciento, ello contribuirá a generar empleos y riqueza, lo que al final beneficiará a todos.

Sin embargo, las reformas tributarias de Trump carecen de la visión del histórico programa social del presidente Franklin D. Roosevelt, quien se centró en los pobres y los desempleados.

Puede parecer una comparación injusta porque Roosevelt anunció su programa político, conocido como el New Deal, para sacar al país de la gran depresión en la que estuvo inmerso en la década de 1930 y asegurar el bienestar económico y social de los ciudadanos de los Estados Unidos mediante una mayor y mejor redistribución de la riqueza.

El presidente Trump, a su manera, también esbozó su propia versión de un Nuevo Trato.

El asunto en cuestión es que los primeros ocho meses bajo el liderazgo de Trump serán recordados por controversias políticas, nacionales e internacionales, que no formaron parte de sus promesas ese 20 de enero.

Ahora bien, si Trump y el Partido Republicano pueden encontrar una mejor solución para reemplazar al Obamacare, impulsar el empleo y la economía con sus propuestas de masivos recortes de impuestos, tal vez sus políticas públicas podrían cobrar un nuevo protagonismo y empujar sus retos de política exterior a un segundo plano.

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