viernes 26  de  junio 2026
Seminario

Venezuela sin democracia carece de fuerza institucional para enfrentar terremotos

Luis Almagro, exsecretario general de la OEA, destacó la importancia de la institucionalidad en cierre del VI Seminario sobre Gobernanza Global 2026 con foco humano

Por Olgalinda Pimentel

MIAMI.- Venezuela no tiene capacidad para enfrentar serias eventualidades como los terremotos, debido a que su dimensión institucional ha sido reducida y procurar la restructuración pasa por el retorno a la democracia, afirmó el diplomático y exsecretario general de la OEA en el VI Seminario sobre Gobernanza Global y Crecimiento en Libertad 2026

En el cierre del evento enfocado en el tema los “Derechos Humanos en el Nuevo Orden Global, Paradigma venezolano”, la tragedia en el país suramericano y en su población, golpeada por dos fuertes sismos el 24 de junio pasado en medio de enormes dificultades, ilustra cómo las crisis de gobernabilidad potencian la vulnerabilidad ante desastres.

Y también de qué manera los sistemas autoritarios sin libertades fundamentales pueden hacer uso y convertir los derechos en mero asistencialismo y desplazar lo humano, según Almagro. Y resaltó la importancia de la participación comunitaria.

El exsecretario general de la OEA se refirió a la participación de venezolanos particulares en labores de rescate de la tragedia que hasta este viernes en la mañana reportaba un balance devastador de casi 589 fallecidos, 2.980 heridos y más de 50.000 desaparecidos, según los registros. Además del bloqueo de centros de acopio independiente y del envío de paquetes de ayuda a sectores críticos, por parte del chavismo.

La versión fue tema de reflexión por parte de Nelson Mezerhane, patrono de la Cátedra sobre Democracia, Estado y Derechos Humanos del Miami Dade College, presidente del Grupo IDEA, uno de los organizadores del VI Seminario y editor del Diario Las Américas.

“Las estructuras en Venezuela, considerando que antes fueron mejores, vienen fallando desde hace años, y lo que se necesita es un país más ordenado, con instituciones sólidas y respeto ciudadano”, apuntó en una intervención en el cierre de la tercera sesión de conferencias.

“La negación de derechos o resumir los mismos al asistencialismo ha ocurrido recurrentemente en sistemas políticos especialmente autoritarios, y es cuando se tienen problemas en darle sentido ético a las acciones, un contenido de derechos humanos a las acciones, y porque es principalmente duro abandonar zonas de comodidad que el sistema ha construido por generaciones”, subrayó el diplomático uruguayo, y mencionó los casos de Venezuela. Cuba y Nicaragua.

Indicó que cuando se altera la dinámica entre las libertades y las responsabilidades, la gravedad de estos procesos arrastra consecuencias siempre, particularmente en perjuicio de la población, y cualquier acción que funcione “será irrelevante frente a la falta de una política de derechos”.

Mientras no se asegure la transversalización de los derechos humanos en cada política y se restaure la institucionalidad no será posible la generación de nuevos dinámicas sociales, y eso en el caso de los venezolanos será clave, enfatizó.

Almagro, quien es presidente del Instituto Casla dedicado al estudio de los derechos humanos, abordó en este contexto el tema de los crímenes de lesa humanidad. Y aseguró que la persistencia de estos hechos que tienen que ver muchas veces “con dinámicas de legitimación a las autoridades, a las dictaduras, así como la impunidad”, genera crisis de derechos en lo que “hay que atender con mayor urgencia”.

“La defensa de los derechos humanos debe poder cruzar las fronteras de la ideología”, precisó luego y puntualizó que “la eficiencia de una democracia tiene que ver con la capacidad de acceso a derechos y equidad que tiene el sistema”, añadió Almagro

Seminario con perspectiva Venezuela

En el evento moderado por Sary Levy C. de The Adam Smith Center for Economic Freedom, Miami, participaron también Caroll Ríos de Rodríguez, quien expuso La ciudad como nicho primario e histórico de la libertad”; Alberto dalla Vía, de Buenos Aires con la ponencia “Hacia los derechos humanos transversales o integradores de todos los derechos: el derecho a la democracia y la democracia como garantía del derecho a la paz. Las enseñanzas de la Corte Interamericana”.

También intervinieron la exvicepresidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Congreso de España, Beatriz Becerra, de Madrid, con “Las categorías universales y constitucionales emergentes: Entre el realismo y la moral democrática”; y el jurista Carlos Ayala Corao con “El emergente Derecho de la globalización y sus riesgos para el Derecho internacional de los derechos humanos.

Becerra, actual vicepresidenta de la organización España Más o Mejor, que promueve a la ciudadanía, y que ha estado vinculada por años con la realidad venezolana, abordó al iniciar su ponencia la devastación y el dolor “que parece inacabable” en Venezuela, pero también lo que pone de relieve.

“Esto no solamente pone a prueba a los venezolanos, sino que también sirve para poner aún más de manifiesto la agresión, la devastación y el expolio al que ha sido sometido durante estas últimas décadas por parte del régimen, que hace que ahora mismo no tengan capacidad ni para asistir a alguna emergencia básica”, dijo.

No obstante, manifestó su confianza en “la extraordinaria organización cívica demostrada en las elecciones de 2024”.

Tras mencionar a la democracia, autoritarismo, legalidad, arbitrariedad, yla protección de derechos o violación de derechos como “dicotomías útiles pero insuficientes “para describir una categoría creciente de fenómenos contemporáneos”, se refirió a sistemas políticas que aparentan ser democracias formales pero que, al mismo tiempo, producen una reducción progresiva y sistemática de la autonomía ciudadana, una concentración creciente del poder y una erosión acelerada de los mecanismos efectivos de control, según dijo.

El “laboratorio” del poder

Tras señalar “el uso de instrumentos constitucionales legítimos con fines ilegítimos” y el uso del derecho por el sistema que lo alberga, abordó el paradigma Venezuela.

“Lo que se ha producido es una transformación profunda de los mecanismos que permiten ejercer esos derechos con autonomía. Es decir, los derechos permanecen, pero las garantías se debilitan; la legalidad se mantiene, pero la previsibilidad desaparece; y la democracia, por tanto, subsiste formalmente, pero la capacidad de controlar al poder se reduce”.

“Los derechos son reales en el plano retórico y programático, pero han cambiado su función. Ya no son límites al poder, sino que son instrumentos de su propia organización y legitimación.

Y es precisamente en ese punto donde la denominación de paradigma venezolano adquiere, desde mi punto de vista, su plena carga conceptual, dijo al ampliar su explicación.

“No como insulto ni como condena, al revés, sino como reconocimiento de que Venezuela ha producido voluntariamente un modelo, un laboratorio, donde pueden observarse con claridad anticipatoria transformaciones que otros sistemas están comenzando ya a experimentar de manera incipiente”.

Remitió a la llamada teoría del umbral sobre las tensiones de la democracia para comprender mejor el proceso y que se cruza cuando los derechos “pasan a estructurar relaciones de dependencia entre ciudadanía y poder”.

“La libertad requiere, sobre todo, previsibilidad. Un ciudadano es verdaderamente libre cuando puede anticipar de forma razonable cómo van a actuar las instituciones, conforme a qué reglas será aplicada la ley y cuáles son los marcos estables dentro de los que puede planificar su vida. Si la aplicación de la ley es selectiva e impredecible, el acceso a los derechos ya depende de la arbitrariedad, del poder”, afirmó.

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