“Nunc scio quid sit amor”, (del poeta latino Virgilio, que floreció en la Roma del siglo I antes de Cristo, durante el reinado del emperador Augusto).

Asimismo, yo, también otros de mis compatriotas, “Ahora sé lo que es el amor”. Por eso, la dictadura castrocomunista no puede imponernos su estratagema de engaño evolutivo hacia un sistema favorecedor del bienestar del pueblo cubano, porque solo la libertad conlleva al sincero amor.

Desde la instauración del régimen de Castro en 1959, este llevaba entre sus leyes el puñal homicida que puso fin a la existencia de la fe, la esperanza y el amor. Una de sus acciones desvergonzadas fue imponer la pena de muerte en violación de la Constitución de 1940. A los pocos días, 7 de febrero de 1959, hizo una ley fundamental despreciadora de la voluntad democrática de la nación, al introducir leyes como la confiscación de bienes y sanciones retroactivas a delitos no reconocidos por la ley. Pero lo más perverso fue liquidar el alma cristiana de una nación y borrar la mención de Dios de la ley suprema. Castro, primero se puso en desacato constitucional y, después en 1976, sustituyó de facto la democrática Constitución de 1940. Esto hace al régimen castrosocialista ilegítimo, ilegal e inmoral.

La nueva fe era las de los hombres marxistas y como rey del panteón de esos hombres-dioses, Fidel Castro. A tal grado llegó su enfermiza personalidad que uno de sus rasgos era la megalomanía; la cual por primera vez en la historiografía constitucional cubana hizo aparecer nombres de personas en la carta magna del país. Y para colmo de su chovinismo, la referencia de nombres extranjeros en esa ley nacional. Debido a este entreguismo, injerencia extranjera y otros aspectos consideramos a la constitución comunista un adefesio constitucional.

Por supuesto, lo descrito en los párrafos anteriores me llevó a decir en una conferencia de prensa, en el 2002, recientemente excarcelado de un proceso arbitrario, y hoy lo repito con intenso patriotismo, sin temor y a viva voz: ¡Jamás sobre la constitución comunista juraré! Ni reconoceré régimen, individuos o grupo de personas e instituciones surgidos de ese adefesio constitucional. Todos ellos se convertirían de hecho enemigos jurados de la nación cubana; la cual está protegida por la vigente, aunque encapsulada, democrática, libre y por mandato popular, Constitución de 1940.

Pensar que el régimen castrista evolucionará por un camino ascendente y progresivo hacia la democracia y la libertad, respetando las libertades individuales y los derechos humanos, en asociación con elecciones libres e imparciales, es caer en la puerilidad y sadomasoquismo de las personas bajo el síndrome de Estocolmo; ideas impuestas por un tosco divagar de su propia imaginación.

Por otro lado, la dictadura comunista tiene una vasta experiencia malsana en el control rígido de los individuos y la sociedad. El fiero adoctrinamiento escolar, la astuta habilidad del uso de la represión de fuerte intensidad a suave, según convenga a la adaptación política de las circunstancias presentes, el control totalitario de los medios de difusión y los medios de subsistencias los hacer especialistas en mantener el statu quo en el país.

Por supuesto, nada de lo anterior descrito es infalible. La verdad y la libertad rompen ese estado de inmovilización y encadenamiento al temor a la dictadura. Esos dos conceptos son balsamos aliviadores del sufrimiento y de revitalización a las personas que no tienen vuelta atrás en su difícil camino hacia la luz de la libertad. No creemos en salvadores no sufrientes del dolor del cubano y mucho menos en aquellos foráneos que conciben el régimen castrocomunista como una democracia de un solo partido o de un partido multiplicado en cada individuo de la nación, o refieren que el tirano de Venezuela debe exiliarse bajo la protección de su padrino de la isla castrista. Del mismo modo, declarar al dictador venezolano no grata su presencia en la Cumbre de Las Américas y, sin embargo, con beneplácito cursar invitación al tirano del vetusto régimen comunista de Cuba.

De la misma manera, el apoyo solidario debe ser efectivo y ahora, sin olvidar que en todo este prologado tiempo de injusticia, la solidaridad ha sido necesaria pero no ha dado resuelto definitivo a la solución del problema. La dictadura castrocomunista aunque débil y en su final sabe multar para seguir adherida al poder. Por eso no comprendo cuando la administración estadounidense quiere ayudar al pueblo cubano a tener información y acceso a internet libre y estas acciones las programan para casi dentro de un año.

En realidad, si el Gobierno de los EEUU quiere ser un amigo sincero del pueblo cubano, debe poner en marcha todas esas acciones de Internet libre ya. Por ahora, entregar esas informaciones libres haciendo oír y ver a Radio y Televisión Martí. Por supuesto, para cumplimentar esa orden, entonces, no quedaría más solución que drenar el pantano en cumplimiento de sus promesas. Solo así, eliminarán los obstáculos para “¡Hacer América grande otra vez!”, y, en Cuba, el amor, la fe y la esperanza serán un tributo a la amistad por todos los tiempos en el pensamiento del cubano libre.

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