Ya pasado el circo constituyente el régimen continúa con su guion. Anuncia el lanzamiento de un amplio número de “leyes” complementarias que pretenden atornillar el testamento de Raúl Castro. Nuevos entuertos de ley electoral, código penal, ley de procedimiento penal, código de familia, ley de empresas, ley de tribunales, entre otras.

El escenario imaginado se les desplomó con el esfume del deshielo. Venezuela les resulta un experimento vivo en el que aplican su tecnología de control, represión y propaganda, pero también aprenden nuevas estrategias que perfeccionan para aplicar en el futuro.

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El castro-chavismo o socialismo del siglo XXI sabe que su cinismo y capacidad de maniobra tiene que complejizarse, pues sus escenarios internos y externos son cada vez más adversos. No obstante, apuestan a la flojera e indecisión de las democracias, léase sus enemigos, y a la complicidad de instituciones internacionales que le permiten ganar tiempo y diluir momentos tormentosos.

En esta lógica de dilación-dilución intentan maniobrar usando herramientas que solo funcionan bajo el manto de la democracia o en determinados casos, donde una fuerte presión abre la puerta a salidas bajo acuerdo, como es el caso de procesos electorales o de consultas.

El régimen ha tenido tiempo para estudiar el terreno y los actores políticos. Acabamos de ver su actuar durante el sonado “referendo”, y cómo han sabido absorber y utilizar a su favor la invitación a votar que un sector de la oposición y actores no oficialistas promovieron intensamente. Palparon que en un escenario más delicado podrán tomar ventaja de este tipo de engañifas.

En el futuro inmediato se enfocarán en preparar trincheras disfrazadas de una supuesta legalidad. De igual forma están conscientes, porque manejan cifras reales, de que se acrecienta la desconexión de un inmenso número de cubanos al guion preestablecido. El cansancio y hartazgo dan gritos.

¿Qué hacer frente a este panorama?

No es difícil comprender que son la desobediencia y la rebeldía el camino obligado para el pueblo cubano. Sin embargo, hay que contar también con el miedo, la inercia, la atomización social y el control informativo que ejerce el sistema.

Los cubanos deben rechazar todo el arsenal de leyes violatorias, desde las que cancelan sus libertades y derechos civiles y políticos, hasta las que restringen las libertades económicas. Negarse a acatar, asumiéndose como responsables y defensores de su propia libertad, proponerse frenar, dificultar y protestar contra los mandatos del totalitarismo, son auténticas vías para socavar el poder.

La propuesta #CubaBoicot, desde el Foro por los Derechos y Libertades, arrancó con el llamado a no participar del fraude y así desconocer el espurio texto y sus derivaciones. Es una propuesta aterrizada en la realidad interna, que incentiva el espíritu de resistencia y rebeldía mostrado por muchos cubanos. El paro silencioso del gremio de taxistas privados o boteros, el permanente uso de la economía informal, son algunos ejemplos.

Representa la lógica de rechazar activamente a un régimen que nos niega como nación. Desobedecer y boicotear a una dictadura son pasos para remover la abulia y la hipnosis.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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