Es un dolor continuo y prolongado. La salud y su servicio son una tragedia para los venezolanos. Todas sus áreas han colapsado. Los hospitales están completamente desasistidos; ni siquiera llegan a 10 por ciento de lo que necesitan, mientras enfermos siguen muriendo ante la impotencia de galenos y personal auxiliar. Son miles los que han fallecido en estos últimos años, mientras la vida de otros miles, penden de un hilo en centros asistenciales.
No podemos, no debemos normalizar esta mortandad, un término más grave que la mortalidad la cual registra la rutina global de fallecidos. En cambio, un país con mortandad es dramáticamente excesivo. Es una anomalía superior y se produce porque incluye la estadística de pérdida de vidas por casos que se hubiesen podido resolver.
La cifra deja sin palabras: más de 100 mil pacientes esperan atención para mejorar o para seguir viviendo.
Se trata de pacientes que mueren por falta de antibióticos, insulina, diálisis. Otros han fallecido en la espera de que un quirófano estuviese operativo.
Los pacientes oncológicos pierden su vida esperando.
La Organización Mundial de la Salud viene advirtiendo sobre la reaparición de enfermedades prevenibles como el sarampión, la difteria y la malaria. Las vacunas son un recuerdo.
Este drama se extiende hasta el personal sanitario, por eso la Organización No Gubernamental, Médicos Unidos de Venezuela, ha documentado la mortalidad de personal sanitario, la escasez de equipos de protección, y el deterioro de hospitales con la consecuente reducción de la capacidad asistencial.
En el área quirúrgica de los hospitales, de diez pabellones funciona uno. Imaginarán la rémora, la cola inmensa de pacientes en espera.
En Caracas es rutinario el reporte de falta de oxígeno en clínicas y hospitales. En Zulia, múltiples muertes han sido denunciadas ante el cierre de la unidad de diálisis por fallas eléctricas. La situación se multiplica en toda Venezuela agravada por los continuos apagones a nivel nacional.
Y en medio de esta tragedia 71 toneladas de insumos y medicamentos donados por Estados Unidos han desaparecido. Han transcurrido más de tres meses de su arribo al país y para el gobierno interino es como si nunca hubieran existido.
Hay que ser muy miserable para arrebatarle a una población desasistida una donación que mucho serviría para atenuar la desgracia.
Douglas León Natera, presidente de la Federación Médica Venezolana, suma al lamento, la indignación.
Se trata de un cargamento imposible de desaparecer.
¿Quién se responsabiliza de esta pérdida? ¿Dónde están estos insumos tan necesarios para aliviar la tragedia de los venezolanos? ¿Acaso son ciertos los rumores de que los sacaron para Cuba o para Colombia? Tiene que haber complicidad oficial.
Todas las hipótesis que involucren corrupción son válidas para un estilo de gobierno que tiene como rutina violar la ley y disponer de los recursos venezolanos sin importar que el pueblo muera.
Esa donación llenó de esperanza a millones de afectados que esperan por ayuda, pero ningún hospital ni centro asistencial ha recibido contenido de esta donación. No se ha informado de un operativo de distribución y por supuesto nadie puede registrar un acta de entrega.
Pero al gobierno interino más le interesa gastar el dinero en conciertos y masivas celebraciones. Circo para el pueblo mientras en las emergencias de los hospitales no hay recursos suficientes para salvar vidas.
El doctor León Natera responsabiliza tajantemente al ministerio de Poder Popular para la Salud. Denuncia que resultan afectados los sectores más vulnerables como los niños; ejemplo dramático es el hospital JM de los Ríos, alguna vez referente en el mundo y que ahora apenas resuelve lo que los médicos humanamente pueden.
Y una cifra dolorosa se suma a la de tantos venezolanos que se van para sobrevivir:
Oficialmente 45 mil médicos han migrado hacia otros países, con la certeza de que son muchos más. El escaso salario ha pesado mucho. Un galeno venezolano está a nivel de 50 dólares mensuales; sobreviven gracias al ejercicio profesional de la parte privada. Lejos, muy lejos del salario de un médico en cualquier parte del mundo; en Colombia, por ejemplo, ganan entre 1500, 1600 dólares mensuales.
Sin embargo, aún en esas condiciones, 90 mil médicos venezolanos siguen en nuestro país. Gracias a ellos se salvan vidas y también gracias al milagro que logran los familiares, los vecinos, amigos que por redes sociales se movilizan para conseguir recursos.
Mantener al pueblo desasistido ha sido una política continuada del chavismo. Es una manera de dominación. Por eso prefirieron importar falsos médicos desde Cuba. Fueron más de 30 mil cubanos infiltrados para hacer trabajo de inteligencia espiando a los venezolanos.
La historia registrará la cantidad de muertes que ocasionaron.