Dentro de la desesperanza cotidiana, parecía alentador el anuncio: arranca la plataforma del Frente Amplio. Eludiendo la palabra unidad, tratando de dejar a un lado y con elegancia a la MUD, 14 sectores de la sociedad civil aprobaron coordinarse entre ellos para hacer efectivas las protestas que diariamente se multiplican –razones sobran- en el país. El evento fue en un escenario fresco y solemne: el aula magna de la Universidad Central de Venezuela.

La idea es que a esta plataforma se sumen aquellos que no tienen afiliación partidista (aunque puede haber militantes) y también actores que han ido conformando pequeños grupos y que alguna vez hicieron vida con el chavismo o con el madurismo y que ahora han corrido espantados. La inspiración del Frente, es sin duda de amplitud.

En la reunión se acordó que los representantes de área quedarían encargados de garantizar que los sectores que se activen para la protestas no queden como almas en pena, tal como ha sucedido en los últimos tiempos. Para ello se instalarán comités de conflicto en los 23 estados y 361 municipios, preparando el terreno para un gran paro nacional. El calentamiento quedó para el 5 de Octubre, día de una protesta en inspectorías del trabajo contra el tabulador salarial. La agitación continua y organizada es un buen plan en Venezuela, donde pasa de todo y no pasa nada. Intentarlo, ya es bueno. Pero no es fácil.

Como si estuviéramos a la caza de razones para enfrentarnos y como si cualquiera fuera un enemigo, los cañones aceitados entre opositores cargados de ira y delirantes, se tiraron a matar. El motivo es tan necio que avergüenza: el evento fue animado con música de fondo del cantante Alí Primera. Hasta ahí llegó el ánimo de hermandad.

“Alí Primera es símbolo de la izquierda, responsable de la tragedia venezolana”, “si vetamos a Alí Primera por ser usado por el chavismo, entonces tenemos que hacerlo también con el himno nacional que lo cantaba Chávez a cada rato”. Quien defendía una posición, recibía disparos del otro lado. A aquel que se le ocurriera expresar su admiración por el compositor de “Las casas de cartón”, con seguridad sería calificado como traidor, chavista, vendido. Todo –en líneas generales- en un marco irrespetuoso entre las partes y básicamente de una escandalosa estupidez. Un nuevo e inútil enfrentamiento.

De más está decir que este esfuerzo de organización entre algunos opositores –que el venezolano reclama a rabiar- se escondió debajo de la mesa. Venezuela está cargada de odio y mientras eso siga así, la dictadura será inamovible.

Desaprovechamos que la dictadura está en problemas. Parece mentira que en momentos estelares de la oposición, cuando de manera democrática logramos dominar la protesta en distintos escenarios, incluso ganando en procesos electorales llevados a cabo en pésimas circunstancias, aún así, nos saboteamos. Y alejamos la posibilidad de expulsar al tirano.

Es como si no hubiésemos aprendido de esta tragedia en la que hemos sido mutilados por el éxodo, desgarrados por las muertes diarias por hambre, falta de asistencia y tristeza.

Es difícil comprender la acción autodestructiva que entierra un puñal a cada posibilidad de salir de Maduro. Y en medio de ese caos, surgen algunos que hasta defienden sus aspiraciones presidenciales. El asunto apena. Uno de los aspirantes por ejemplo, pasó de mentar madre al dictador, a ejecutar la coexistencia con el régimen.

Es como si además de vaciar los anaqueles y nuestros bolsillos, de desolar nuestro territorio y desaparecer la esperanza, hubiesen colocado el alma de los venezolanos en una centrífuga que expulsó la capacidad de acuerdo y el sentido común. La rabia y la histeria se están imponiendo sobre la bondad y la sensatez. Aún mientras escribo esta nota, trasciende la noticia de que el Tribunal Supremo de Justicia en el exilio sufre la deserción de dos de sus miembros, los magistrados Alejandro Rebolledo y Tomás Alzuru. La fractura es atribuida por analistas, a la creatividad de Henry Ramos Allup. La lucha va muriendo desollada.

El pueblo venezolano ha sufrido demasiado. El desencanto hacia el liderazgo y los reclamos y sospechas por sus acciones, han desgastado a la gente y mermado las ganas de arriesgarse para enfrentar al régimen que en su peor circunstancia muestra su rostro más despiadado. La dictadura impone su versión a la opinión pública y en la dramática sobrevivencia, algunos doblegados pactan con la miseria.

No todo puede estar perdido. Tienen que asumir el control los mejores, debe imponerse la lucidez, necesariamente ha de retomarse la política honesta y coherente, obligatoriamente hay que expulsar a Nicolás Maduro y su banda de delincuentes.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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