jueves 16  de  abril 2026
ANÁLISIS

El Club Internacional de los Gobiernos Forajidos

En una palabra, un sitio para el solaz lejos de los fiscales acusadores, de las alertas rojas de Interpol, de la prensa libre, siempre respondona; de los escuadrones de capturas policiales urgidos de echarles el guante, como lo que son, encumbrados delincuentes transnacionales

Diario las Américas | OMAR JESÚS ESTACIO
Por OMAR JESÚS ESTACIO

¿No existen, han existido y seguirán existiendo, tanto en el espacio como en la Historia los clubes de motociclistas forajidos (Outlaws Motocycle Club o MC); los Mongols MC, los Sons of Silence, los Warlocks MC Gypsy Jokers (en EEUU); Die Gremium MC (Alemania), Gladiators (Noruega) Hardliners (Países Bajos)? Los mencionados Gypsy Jokers se expandieron, en general, por toda Europa y llegaron hasta Australia y Filipinas.

El sujeto y su esposa, presos en la actualidad en los calabozos del Metropolitan Detention Center, Brooklyn, de NY, EEUU (MDC Brooklyn) fomentaron, en Venezuela, el supuesto deporte de las “Motopiruetas” cuyos atletas (¿?) no eran otros que los azotes de nuestras calles y barriadas mimetizados tras el remoquete de “Colectivos de la Paz”.

Tal clase de agrupaciones han exhibido, la rebelión, la irreverencia, la irredención como su supuesta carta de presentación. Pero todos han ido a parar en lo mismo: Organizaciones de bandoleros altamente estructuradas que intervienen de manera decisiva en los tráficos de drogas, de armas, en la extorsión y en otros crímenes violentos.

Si lo anterior ha sido así, nada tiene de extraño que los gobiernos —o desgobiernos— igualmente forajidos del Mundo, también se asocien, incluida la construcción de la sede de su respectivo club social – “Club Internacional de los Gobiernos Forajidos” -- para almorzar, cordializar, cenar, tomar unos tragos –adictos a otras sustancias, favor preguntar por el señor Vic Vaporub— cantar, jugar al pádel, echarse un chapuzón, intercambiar sus malas mañas.

En una palabra, un sitio para el solaz lejos de los fiscales acusadores, de las alertas rojas de Interpol, de la prensa libre, siempre respondona; de los escuadrones de capturas policiales urgidos de echarles el guante, como lo que son, encumbrados delincuentes transnacionales.

—Buenas noches señor gobierno forajido ¿Nuevo socio en nuestro club?

—Sí, señorita apenas la semana pasada ingresé con todos mis deshonores en el mismo y usted ¿Cómo se llama?

—Soy el gobierno de transición de la Republiqueta Bolivariana…

—¡El gobierno de la Republiqueta Bolivariana? ¡Qué orgullo, qué emoción vernos, por primera vez, cara a cara o gobierno a gobierno! Por cierto, picarona ¿Bailamos?

—Por supuesto, míster, hagámoslo como lo que somos, dos gobiernos muy parecidos, the same shhh… como dicen ustedes; al norte el primero y el segundo al sur, respectivamente, del mismísimo Río Grande. Y ahora, mientras bailamos entremos en materia. Ayer como de costumbre, reprimí a unos viejitos que protestaban frente al Palacio de Miraflores. Se quejan porque no tienen con qué comer, que carecen de agua, medicinas, seguridad social, que cada cinco minutos sufren un apagón y que en cualquier esquina la llamada Policía Nacional Bolivariana los extorsiona para arrebatarles lo poco que les queda ¡Pamplinas!

—Y yo, por mi parte, el mismísimo Domingo de Resurrección o Easter Sunday, como lo denominamos nosotros “coroné” mi ingreso en el presente club pues blasfemé contra la Santa Madre Iglesia, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, contra los apóstoles de San Pedro, pa´ bajo; contra las monjitas de los Pobres y en medio de semejante trona –trona sentimental, no se piense mal— para terminar en capicúa, el Sumo Pontífice, tampoco me quedó ileso.

Las ofensas en sí fueron muy graves, no obstante, lo peor ha sido la pésima intención.

¿Conversar los jacarandosos bailarines, de transición a la democracia, de la renovación del Consejo Nacional Electoral, votaciones limpias, independencia de los Poderes Públicos, de la expulsión de Venezuela por las buenas o las menos buenas, de los faracos y elenos colombianos, del G2 castrocubano, de la ristra de aventureros venidos de cualquier confín, a lucrarse a costa de la desgracia compatriota? ¡Qué va oh! De lo único que versó la conversación entre ambos gobiernos danzantes y forajidos, fue de barriles de petróleo, de oro, coltán, aluminio, bauxita, pero, sobre todo, de cómo y cuándo “partir la cochina”.

Y de lo venéreos que se pusieron a causa de tocar semejantes temas, terminaron el bailoteo, en un hotelito de sábanas calientes.

@omarestacio

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