sábado 21  de  febrero 2026
OPINIÓN

El Manifiesto que reivindica la decencia

La razonada inquietud de muchos es cómo María Corina piensa garantizar la estabilidad de un nuevo gobierno que ella misma asoma como un periodo de transición

Diario las Américas | IBÉYISE PACHECO
Por IBÉYISE PACHECO

María Corina Machado ha hecho público el Manifiesto de Libertad en momentos en que el régimen está desgastado y aislado, y Nicolás Maduro tiene la marca de terrorista como jefe del Cártel de los Soles.

Más que un documento es un abrazo que eleva el derecho a la libertad, reivindica la soberanía popular, ofrece la reunificación de las familias, apela a la valentía, exalta la dignidad y refuerza la justicia. También acerca la posibilidad de recuperar la economía bajo el productivo y cuidadoso uso de nuestras riquezas y la protección del medio ambiente.

El Manifiesto logra navegar entre lo material y lo espiritual. Y agradezco a María Corina su énfasis en la reivindicación de la decencia.

Revisar lo que ha sido el ejercicio de la política en Venezuela desde el control del poder de Hugo Chávez deja en evidencia un largo período opaco en el que el debate, incluso en la misma oposición, se fue secando de franqueza y profundidad.

Mi opinión no pretende tomar el camino de subestimar la lucha opositora de muchos líderes y especialmente de los ciudadanos que aún hoy enfrentan con valentía un régimen sanguinario. Por el contrario, valoro el sacrificio de quienes han resistido con valor y honestidad, y celebro que este Manifiesto de Libertad consolide una narrativa común que procura generar un frente cohesionado con principios definidos e inexpugnables. Se trata entonces de un excelente intento de articular estrategia política más allá de la mera oposición al régimen.

María Corina con la decisión que la caracteriza se coloca a la cabeza del proyecto trascendiendo a los problemas presentados por pequeños sectores de fragmentación, a los tropiezos de debilidad organizativa y a las acusaciones de que la oposición no tiene una definición ideológica.

El Manifiesto hace explícito los términos de la batalla política, es decir, no solo hay que expulsar al régimen; también es imprescindible construir un gobierno que impulse la reconstrucción del país.

Las señales no solo van dirigidas a los venezolanos. El documento ofrece a la comunidad internacional una propuesta coherente de cambio en Venezuela para que en libertad y con seguridad democrática se pueda volver a ser potencia energética.

Así, la ganadora del premio Nóbel de la Paz expresa claramente que aspira construir alianzas y envía a los gobiernos democráticos señales de cambio en Venezuela, tratando de profundizar el aislamiento del régimen y exponer su falta de legitimidad.

El Manifiesto es un texto valiente que cohesiona a los ciudadanos sin intención melosa de ganar simpatías. Calla además las críticas de rivales políticos que se han referido a la ausencia de un claro programa de gestión. Ahora no solo está clara la imperiosa necesidad de expulsar al régimen; ha quedado expuesta una agenda concreta.

María Corina combina un discurso clásico liberal-democrático con el que se refiere a los derechos individuales, a la libertad de mercado, propiedad y de expresión, bajo la condición imprescindible de vencer el autoritarismo. “Porque ningún gobernante, facción o fuerza titánica puede dictar lo que es nuestro derecho: la libertad”.

Es el registro de un plan de liberación nacional que reivindica la civilidad.

También es el discurso de una líder que aún en clandestinidad no deja de trabajar, esta vez con un mensaje que invita a los venezolanos a recuperar la dignidad.

La razonada inquietud de muchos es cómo María Corina piensa garantizar la estabilidad de un nuevo gobierno que ella misma asoma como un periodo de transición para lo que algunos observan la ausencia de detalles sobre el ofrecido nuevo esquema para la FANB y las fuerzas policiales.

Se trata de un desafío nada menor. Un tema espinoso porque quienes tienen el poder real de las armas han sido penetrados por el narcotráfico y otros delitos, operando con impunidad incluso violando los derechos humanos. La mayoría de los miembros de la FANB y las fuerzas policiales han sido serviles a la dictadura y cómplices en detenciones, secuestros y torturas a cambio de prebendas. Todo esto expone una compleja situación y un riesgo de inestabilidad.

Por fortuna esta realidad es conocida por especialistas honestos que llevan años trabajando en el área de seguridad bajo distintos escenarios preparados para confrontar esta compleja situación y cuya solución lógicamente no se puede revelar, pero que exige apoyo decisivo para proteger al país de pretensiones de violencia e inestabilidad.

Este Manifiesto es la promesa de justicia sin revanchismo para elevar (o recuperar) la condición de ciudadano. Es un discurso inspirador cuyo efecto acerca a Venezuela al sueño de un país decente que hoy parece un espejismo.

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