“Responder cuándo será la salida no tiene respuesta válida, pera lo que sí es seguro es que no la habrá si no hay unidad…”.

Nos acercamos a un abismo indescifrable. Al borde del no retorno. Si no avizoramos la forma de evitarlo, la perpetuación de la tiranía será nuestro destino. No hablo de las elecciones írritamente convocadas por el Gobierno y sus attachés, la ANC y el CNE. Me refiero a la implosión de la oposición democrática cómo factor de licencia y perpetuidad del régimen, quien ha quedado con ruta libre para convertirse en la nueva dictadura del siglo XXI.

Un modelo de poder totalitario no convencional en términos de secuestro institucional, celestinaje criminoso e intervención de agentes radicales externos. Un régimen asistido de milicias, narcotráfico, fundamentalismo islámico, colectivos y guardias pretorianas de pretensión bolivariana. Un Gobierno forajido con mucho dinero que ha sido capaz de financiar tanto las miserias de los más pobres como la codicia de los más ricos, comprando además los bolsillos del foro de Sao Paulo, más chinos, rusos e iraníes, lo cual dificulta el contrapeso de las naciones eurocentristas, pasando por Canadá, EEUU y aliados del grupo de Lima. Desanudar este complejo entramado fundamentalista, corsario y ocupacional, sólo será posible con la intervención patriótica y constitucional de nuestras FFAA.

Buscando el quiebre del poder hemos enterrado el milagro electoral

Las tiranías sucumben por dos factores esenciales. La fractura interna de los hilos del poder o la intervención de una fuerza extranjera superior con capacidad de desplazamiento. Otras variables como la económica, la social o la institucional (internas), ni han sido determinantes para sacar al gendarme del poder, ni son factores de estallido social si la gente está volcada a sobrevivir (sumisión y resignación a la rumana, soviética o cubana). Para que sea posible un proceso de rebelión legitimada a lo interno, acompañado de intervención internacional, debe configurarse un clivaje dentro del poder (deslave), avalado de voluntad de cambio y por agentes externos, que lidere eficazmente el quiebre del régimen. No veo otro actor con tales pertrechos, que el Sr. Padrino López, por cierto muy cercano a Putin y visiblemente vigilante de “negocios de energía, petróleo y minería”, donde reposan los intereses más sensibles de chinos, iraníes, rusos e incluso norteamericanos.

Si a alguien azuzó el senador Marco Rubio al quiebre militar en Venezuela, fue al ministro de la Defensa Vladimir Padrino López. De este funcionario castrense habrá que estar muy pendiente en los próximos días, siendo que en el pasado demostró autoridad cuando se adelantó a la posible manipulación de data del CNE en las elecciones parlamentarias 2015. Aún nos faltaría vivir toda una transición pretoriana de oliva, bota y fusil antes de un salto a una transición directa a la democracia. Por supuesto no descartamos otro actor de poder que con el mismo peso asuma este reto histórico. Pero el milagro electoral quedó sepultado.

La venerada injerencia legítima

Intervenir militarmente un país por fuerzas extranjeras no es asunto de coser y cantar. EEUU no sacrificará vidas y dinero de los contribuyentes americanos a cambio de un objetivo que no luce ni política ni económicamente rentable, como tampoco globalmente visible. ¿Petróleo? Irak dejó varias lecciones. Una es que el negocio petrolero termina siendo beneficio de pocos y sacrificio de muchos, por lo que la ciudadanía hoy no lo justifica. Lo segundo es que los americanos entran y hacen mesa limpia, pero después dejan el reguero y no lo saben recoger.

En consecuencia, el costo beneficio tiene que ser muy atractivo para justificar una acción de injerencia. La Convención de Palermo sobre crímenes internacionales y estados forajidos es interesante porque justifica procedimientos de captura internacional a mandatarios o cadenas de mando que apadrinen delitos de DDHH y lesa humanidad. Pero en la práctica, ninguno de estos procedimientos se activa a plenitud si no existe agitación interna.

Europa no juega a la injerencia legítima porque sus historias recientes de telones de acero, balcanes desintegrados, gestas separatistas y anexiones guerreristas (Aushlunc), han colmado su tolerancia a intervenciones de cascos verdes o azules.

Sin unidad, no existimos...

Albert Camus, filósofo existencialista argelino, sentenció: “El ser humano busca dotar de sentido a su existencia. Por qué estamos aquí y cuál es el propósito de todo lo que nos rodea, son preguntas que todos nos hacemos en alguna ocasión. Sin embargo, ninguna de estas preguntas encuentran respuesta válida, tal vez porque la existencia no tiene ningún significado o sentido. Simplemente es”. Parafraseando a Camus: La Venezuela posible no tiene ningún sentido sin unidad. Marcos Rubio y Trump sólo se concentrarán en el dictador norcoreano Kim Jong-un, si desde Venezuela no surge una nueva alianza, sólida y amalgamada. Responder cuándo será la salida no tiene respuesta válida, pero lo que sí es seguro es que no la habrá si no hay unidad. Ese el mensaje del senador Rubio: Sin unidad no existimos, si no existimos no hay movilización, sin movilización no hay quiebre interno [ni intervención], y sin intervención ni movilización, no seremos libres. Simplemente... es así.

@ovierablanco

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