Escribir este texto ha representado un debate interno entre sostener este atisbo de esperanza para un país golpeado sin piedad, y expresar mis reservas ante la designación de la directiva del nuevo organismo electoral -por siete años- el cual ha sido nombrado por un ente ilegal en un procedimiento armado por el régimen con dos objetivos fundamentales: maquillar sus claras señales de dictadura -en especial ante la comunidad internacional buscando eliminar las sanciones- y fracturar a la oposición ya bastante debilitada por agotamiento, errores y traiciones.

El nuevo presidente del Consejo Nacional Electoral es Pedro Calzadilla, graduado de historiador en la UCV quien pasó de manera poco memorable por el Ministerio de Educación en el 2013. Previamente había sido con Chávez ministro de la Cultura. Quienes lo conocen lo describen como uno de esos personajes destinados a recibir y acatar órdenes. “Si no fuera chavista pasaría por buena gente¨, me comentó un universitario. Su perfil fue aceptado bajo el término de “potable”, es decir más traficable que Elvis Amoroso, desechado a pesar de ser el consentido de Cilia Flores o justamente por eso.

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No me quiero detener en el evidente cuestionamiento hacia Tania D´Amelio, militante del Psuv cuando fue postulada en el 2009 porque en general, casi todos los representantes del nuevo CNE están abiertamente entregados a Maduro.

Para reforzar como peligroso el término “potable” adjuntado a esta nueva directiva del organismo electoral se han presentado como de la oposición los nombres de Enrique Márquez y Roberto Picón. Sobre Márquez, alejado hace tiempo de la vida opositora, ha trascendido que su nominación fue astutamente presentada y defendida por Timoteo Zambrano, un indiscutible operador del régimen, tutelado por su amigo José Luis Rodríguez Zapatero.

En cambio, el caso de Roberto Picón es diferente. Su solvencia moral y profesionalismo minimizan las razonadas sospechas hacia el resto del equipo. De Picón lo que me preocupa es su situación jurídica. Recordemos que fue un preso político entre el 22 de junio y el 24 de diciembre de 2017 señalado por Maduro por intervenir el sistema informático electoral venezolano y acusado en tribunales de rebelión y traición a la patria. Picón fue liberado con condiciones, obligado a presentación periódica y con prohibición de salida del país. Solo espero que tan injusto proceso haya sido cerrado. Nadie puede ejercer como rector imparcial y al mismo tiempo ser rehén de la dictadura. La designación de Picón fue llevada a pulso por Henrique Capriles Radonski quien ha ido construyendo una estrecha relación con Jorge Rodríguez.

Las reacciones internacionales a este nuevo CNE estuvieron divididas. El argumento jurídico inexpugnable de considerarlo ilegítimo por provenir de un ente no reconocido, emitido por el secretario general de la OEA, Luis Almagro, se presenta suavizado por el gobierno de Joe Biden y países de la Unión Europea al dar la lectura de un primer paso, aunque aún insuficiente. Es importante precisar que tal tibieza es claro resultado de la intensa gestión de Josep Borrel, representante de la Unión Europea. Su lobby con el apoyo de la cancillería española junto a empresarios poseedores de altos intereses en Cuba y Venezuela ha logrado aturdir hasta a algunos sectores americanos.

En lo personal opino que esta designación representa una nueva derrota. Los esfuerzos -que poco habían trascendido- en avanzar hacia unas elecciones generales por la vía de la negociación, acaban de perder interés para el régimen. Un diálogo que tenía como garantes del acuerdo a Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia y el Reino Unido bajo la tutela de los delegados de Noruega, ha dejado de tener importancia para la dictadura. A fin de cuentas, Maduro ha avanzado en vender su legitimidad, aunque ese CNE “potable” y plural, no lo sea en la realidad. Ahora acaricia su objetivo de quitarse las sanciones de encima.

Maduro está tan confiado, que su representante dejó embarcados a los noruegos. La fase pendular que venía avanzando ha quedado congelada. De nuestro lado nos queda ver cómo se van a comportar los partidos de la oposición en las postulaciones de las regionales porque lo que se percibe es una bipolaridad de algunos que en la mañana firman un comunicado oponiéndose al CNE y en la tarde continúan con el activismo de las candidaturas. El resultado no es sano. La incoherencia genera desconfianza.

Las señales indican que paso a paso vamos a las regionales. Atomizados, desarticulados. Tan mal se presenta todo que ya no se habla de revocatorio, mucho menos de elecciones presidenciales.

Y para colmo, los tentáculos del proyecto expansionista están muy agitados en Colombia. El plan se va cumpliendo.

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