*Carlos Manuel García Arcaya

El Estado Zulia sufre las consecuencias de un régimen incapaz, cuya única gestión desde que la revolución de Hugo Chávez tomó el poder en 1999, fue destruir los sistemas de producción. Los medios de comunicación impresos han tenido que migrar a la plataforma digital, para mantenerse activos, debido a la falta de pauta publicitaria, sumado a la escasez de papel y la censura oficial.

El 9 de junio de 2019, un periódico de la región publicó que las autoridades reconocen que hay una deficiencia de fluido eléctrico del 30% en la región zuliana. La realidad es mucho más grave de lo que allí se describe: el 90 por ciento de los zulianos reciben a diario solamente entre 3 y 4 horas de fluido eléctrico y en muchas oportunidades están más de 24 horas si ver la luz. El mismo día 9 de junio, en la tarde, hubo una explosión de varias subestaciones en la capital, y toda la ciudad se quedó a oscuras.

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La situación del combustible está a la par o es aún más deplorable que la eléctrica. Los conductores pasan hasta 3 días en cola para llenar a duras penas sus tanques, con 20 o 30 litros de gasolina. El comercio ilegal del combustible se ha convertido en la nueva forma de “bachaqueo”, pagando los vendedores sobornos a los operadores de las bombas, guardias nacionales y/o policías, y venden una “pimpina” de 20 litros en dólares, a razón de $1/litro.

En los hospitales públicos no hay suministros médicos y las instalaciones están en un deplorable estado. La atención primaria es prácticamente inexistente. Muchos médicos y enfermeras han abandonado, no sólo sus puestos de trabajo, sino también el país. En las clínicas privadas la situación también es crítica. Los pagos por servicios médicos están dolarizados y los pacientes deben llevar los insumos para cirugías o para procedimientos especiales como quimioterapias. Hay una escasez marcada de medicamentos en las farmacias y los pocos que se consiguen se pagan en dólares.

En lo que respecta al sector de alimentos, no hay abastecimiento y cuando llegan están fuera del alcance del 95% de la población, que recibe miserables salarios. En las clases populares el régimen pretende mantener control político a través de la entrega de Cajas CLAP, con productos extranjeros de muy mala calidad, con un alto contenido de carbohidratos. Este sistema escasamente cubre de forma irregular al 30% de la población.

Toda esta situación de “tragedia” en el Zulia, propicia el crecimiento de la delincuencia común. Los crímenes contra la propiedad y las personas van en aumento. En Maracaibo, a las 6 de la tarde no circulan vehículos ni peatones en la ciudad. Una que otra patrulla de la Policía Regional o Guardia Nacional aparece, creando una atmósfera falsa de seguridad y terror ciudadano.

Ahora se agrava la situación. El ELN ha establecido bases en este territorio fronterizo con la anuencia y complacencia del régimen venezolano, agravando el problema de seguridad nacional, tanto para Colombia como para nuestra soberanía. Ellos forman parte del gran negocio del tráfico de drogas y crimen organizado.

El Zulia se nos está muriendo. El otrora estado más pujante y productivo del país se ha convertido en tierra de nadie. Los zulianos abandonan en masa su región ante la mirada cómplice e indiferente de los políticos “revolucionarios” que se hicieron del poder, no para servir, sino para destruir y enriquecerse descaradamente.

*Director VenAmérica

carlos.garcia@venamerica.org

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