“El problema de las ratas, es que cuando habitan entre humanos, se creen que lo son”, anónimo.
Sesenta y cinco años después de tener a un país secuestrado por la represión y el abuso, las condiciones de vida del cubano han tocado fondo en todos los aspectos
“El problema de las ratas, es que cuando habitan entre humanos, se creen que lo son”, anónimo.
Mientras que el fin de año en Cuba transcurrió con redes sociales abarrotadas de imágenes y frases idílicas de un país inexistente, el comienzo de 2024 ha sido pura nostalgia por el año 59 y las imágenes de la generación histórica en caravana por el país.
Los errores en política se pagan caro y el embullo desbordado por un pueblo ignorante, aquel fatídico enero de 1959 por unos barbudos piojosos que bajaban de la Sierra Maestra con rosarios al cuello, resultó ser catastrófico.
Sesenta y cinco años después de tener a un país secuestrado por la represión y el abuso, las condiciones de vida del cubano han tocado fondo en todos los aspectos.
Hoy, con la tecnología de los celulares, no hacen falta explicaciones. Mientras el inepto Díaz-Canel felicitaba a la Policía Nacional Revolucionaria en las redes sociales, alguien captó la brutal golpiza de los sicarios del Cartel de la Habana, perfectamente uniformados, a un hombre que bajaron de un automóvil a golpe puro con tonfas en mano. La inmisericorde paliza era en todo su cuerpo con ira y odio, odio revolucionario.
El Día de Reyes, no hubo imágenes de niños ilusionados con juguetes ni los desfiles tradicionales de la fecha. Según mostró en su página de Facebook el realizador digital Adrián Martínez Cádiz, alrededor de las 11 de la noche, “residentes de Lawton tomaron la decisión de prender fuego a la basura acumulada en las esquinas de San Anastasio y Carmen en el Municipio de 10 de Octubre”. Lo curioso de las fotos es que la reacción llevó a la acción y en la foto se puede ver, en medio de las llamas un camión de basura recogiendo los desperdicios del vertedero creado por la necesidad que tan molestos tenía a los vecinos.
A nadie debe sorprender la radical respuesta de la población de poner fin a la plaga con candela. Abundan las imágenes de basura acumulada por toda la isla. Eso sí, ni en los hoteles de lujo para extranjeros ni en las lujosas mansiones de los dirigentes existe ese problema. Hay falta de combustible por culpa del “bloqueo imperialista” pero no para las patrullas de la policía y la Seguridad del Estado, mucho menos para los abnegados dirigentes que como el primer ministro; Manuel Marrero Cruz y la Primera Compañera Liz Cuesta, quienes viven de banquete en banquete saboreando manjares que no pueden degustar los infelices esclavos del marxismo tropical.
Me imagino que crearán alguna conspiración sobre el incendio. Podrán acusar a los “contra revolucionarios” pero la razón no fue ni política ni ideológica, fue indignación, como lo fue el grito de libertad del 11 de Julio del 2021.
Como me dijo una madre de la zona: “Nunca pensé que tendría que padecer la humillación que mis hijos tuviesen que convivir entre las ratas”.
Y es que lo triste de la acumulación de basura no es el aspecto estético. Es la peste, las ratas y ratones, las moscas que viven entre los desperdicios y las casas de los residentes, siendo portadoras de la podredumbre y las enfermedades.
Como consecuencia se ha visto un aumento en la potencia médica de los Castro, de la leptospirosis trasmitida por las ratas. No hace falta que la rata te toque, basta con que el orine de la misma caiga en los sacos de harina, con que se elabora el pan, o en los envases de arroz o de frijoles. Algo que deben de tener en mente los turistas que viajan a Cuba. Si bien las ratas tienen agobiados a los vecinos que viven rodeados de toneladas de basura, eso no les impide a los hambrientos roedores que padecen la escases impuesta por el bloqueo de la libreta de racionamiento y los bajos salarios, el enrumbar sus hocicos hacia el hotel 5 estrellas más cercano en busca de llenar sus barrigas con mejor calidad de desperdicios.
¿Es culpa del cruel bloqueo? Eso dicen la dictadura y sus inescrupulosos apologistas. Pero cada día importan más automóviles de lujo para la cúpula y los organismos represivos. Cada día construyen más hoteles. El más reciente, de la Cadena Meliá que insiste en hacer negocios en un país donde hay más de 1.000 presos políticos y el salario que le pagan a los trabajadores es una miseria. Aun así, no tiene reparos en descaradamente hablar de sus maravillas, invitar a clientes a saborear las delicias de sus múltiples restaurantes e invitarlos a celebrar sus bodas, aniversarios, y cualquier otra frivolidad que se les ocurra, sobre los huesos rotos de las víctimas.
El descaro de Meliá llega al extremo que al menos uno de sus hoteles en la isla de los Castro es exclusivamente para adultos. Situado en el apartado Cayo Coco, lo anuncian con cuartos íntimos para parejas y sus amistades, cocina selecta y servicios tentadores, “Un punto de referencia para vacaciones de adultos en Cuba”. No quisiera pensar que parte del encanto es la cantidad de menores que lamentablemente han caído en la prostitución en ese maldecido país. Algo que pensar la próxima vez que usted escoja un hotel donde hospedarse de esa cadena en cualquier rincón del planeta.
Los ineptos dirigentes del Partido Comunista Cubano se quejaron al cerrar el año que ni el turismo funciona en Cuba. Raúl Castro fue más allá y dijo que era un bochorno que Cuba tuviese que importar azúcar. Así de desastrosa es la situación en manos de un cartel que se enriquece a diario con la venta de visas y tráfico humano, pero no puede ni recoger la basura en las calles. No me extrañaría que algún que otro dirigente sugiriera que Díaz-Canel, con su atuendo tricolor de pelotero de circo, flauta en mano como el mítico Hamelin de la Edad Media, saque a las ratas del país, con una conga revolucionaria.
Cuando un pueblo se ve acorralado, no hace falta que nadie le diga que acción tomar. Podrán culpar a los exiliados, llamarnos terroristas o crear cualquier espectáculo bizarro para justificarse, pero la culpa radica en la ineficiencia que abunda en una corrupta cúpula y el desprecio que sienten por su propio pueblo.
Cansa ya escuchar la misma letanía de culpar al embargo. No es suficiente que admitan errores que el pueblo sabe que no van a corregir. Lo que los cubanos piden a gritos es libertad. Es poder vivir sin peste, ni moscas, no ratas subiéndose a las camas de sus hijos. Y para que eso pase, las principales ratas, las que habitan en el Comité Central y el Consejo de Estado, tienen que hacer lo que hacen las ratas cuando se hunde el barco. Me dicen que hay quienes tienen, por si acaso, las maletas hechas. Me imagino encontraran albergue sin problema, en algún Hotel Meliá, esperemos, lo más lejos de Cuba posible.
